Outsourcing, deslocalización, offshoring, desinversión... y, ahora, insourcing. Son diferentes fórmulas que responden a una misma realidad: la globalización y la necesidad de ser más competitivos. Aunque el boom está aún por llegar, la externalización de servicios y funciones sin salir de las propias instalaciones es frecuente, tanto en segmentos intensivos del conocimiento como en otros
absolutamente mecánicos, desde el proceso productivo hasta la consultoría, los recursos humanos o la ingeniería. Además del ahorro de costes, la ventaja
es clara: la empresa mantiene un control sobre el proceso, que es asumido y gestionado por completo por la compañía subcontratada, desde la selección del personal hasta su formación, pasando por el control de calidad, riesgos, absentismo o productividad. |