Proclaman que los empleados deben “firmar” con la empresa un contrato emocional que, sumado al capital intelectual que aporta cada uno de ellos, redundará en
beneficios para el negocio; que es necesario invertir la pirámide de poder en el seno de las empresas para implantar un espíritu de servicio de arriba hacia abajo… Y no pretenden revolucionar el marco empresarial y contractual, tan sólo constatan una
realidad: que un empleado satisfecho es el mejor activo de una empresa, y que la satisfacción debe darse a diversos niveles, no sólo en lo económico.
¿Su método? Aplicar los principios del márketing a la relación con los clientes internos, el personal, para “venderles” la empresa y conseguir que interioricen como propios sus retos, sus expectativas y sus éxitos. |