Podría pensarse que no es un tema tan complejo para los profesionales competentes que se le suponen al departamento de Formación de una gran empresa, pero el dilema es engañoso, no sólo por la variedad y calidad de oferta en cursos de formación que universidades y escuelas de negocios ofrecen, sino porque es necesario valorar desde dentro de la empresa tanto la idoneidad del plan o módulo de formación como la calidad del mismo.
Por todo ello, y para separar el polvo de la paja, las empresas –donde la evaluación, formación y promoción de sus empleados es una parte fundamental del desarrollo y consecución de los objetivos marcados– se plantean cada vez con más frecuencia el diseño de sus propios módulos formativos para los distintos departamentos, en estrecha colaboración con alguna prestigiosa escuela de negocios o de dirección de empresas. Fundamentalmente es el caso de las grandes corporaciones, algunas de las cuales comienzan a crear sus propias universidades y escuelas de formación y dirección en el ámbito de la propia empresa, con lo que el universo académico de la formación se diversifica todavía más.
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