De la tecnofobia a los tecnoestresados

14/02/2017 · La era digital ha supuesto el inicio de lo que algunos expertos ya llaman la cuarta revolución industrial. Con la llegada de Internet y su instalación en la vida cotidiana de las personas, han generado un cambio en la percepción de lo que antes se llamaban clientes, para pasar ahora a usuarios. La información se vende como si de un producto se tratara y eso genera una serie de dependencias que no se habían visto hasta ahora.

La tecnología ha contribuido a la globalización de las empresas. Los beneficios de los nuevos sistemas de comunicación, producción y venta han reflejado cambios en la forma en la que se perciben, adquieren y usan los productos y servicios que comercializan las empresas. Unas compañías que, a nivel interno, de trabajo, también han tenido que realizar modificaciones a fin de adaptarse a las nuevas demandas: incluyendo las competencias digitales dentro de sus demandas y programas formativos para empleados.

Los beneficios han sido claros: mayor agilidad y efectividad en los tiempos de trabajo y un aumento de la productividad empresarial. Sin embargo, también se han comenzado a observar algunos efectos negativos de esta nueva ola generacional que comienzan a ocupar puestos de relevancia dentro de las compañías.

Desde la tecnofobia manifiesta por los Baby Boomers hasta llegar a la tecnodependencia de los jóvenes de la Generación X, otros dos trastornos psicológicos se han sumado a la lista de consecuencias que ya comienzan a ocupar los primeros puestos entre los problemas más comunes de los trabajadores de este siglo: los tecnoadictos y tecnoestresados.

Up SPAIN, empresa especialista en la gestión de beneficios para empleados, señala que existen matices que distinguen a cada uno de los trastornos, aunque todos ellos tienen el mismo origen: La tecnología.

Superados los procesos de transformación de las empresas, la tecnofobia pareció superada en Estados Unidos, cuando en España cambiábamos de milenio. Este trastorno bebía de la creencia de no ser capaces de adaptarnos a un cambio que era completamente nuevo y cuyas consecuencias a corto, medio y largo plazo se desconocían.

Este miedo se fue expandiendo la medida que Internet y las redes sociales llegaron para conquistar el mundo de la empresa. Los nuevos empleados no les había dado tiempo a especializarse lo suficiente, puesto las herramientas aún se encontraban en desarrollo y no se contaba con una experiencia previa. Y los profesionales senior se encontraban con una barrera real y tangible, eran unas personas cuyo desarrollo se había asentado bajo modelos tradicionales y temían no poder adaptarse al mismo ritmo que lo requerían los procesos en los negocios.

Los tecnoestresados

Esta tecnofobia pronto generó otro tipo de patología, ahora más común que nunca: los tecnoestresados. Según Up SPAIN, este tipo de estrés podía deberse a tres causas muy concretas: la tensión por no poder adaptarse al cambio, la necesidad de tener que trabajar a un ritmo impulsado por una tecnología que no se controla o la alta dependencia a este tipo de herramientas.

El estrés, tanto si está o no ligado a la tecnología, supone un gran problema para las empresas. De hecho, una de cada tres personas sufre a día de hoy estrés laboral ligado los aparatos digitales y una investigación sugiere que es uno de los grandes motivos que lleva a la depresión a las personas. Sin embargo, este estrés no sólo nace del miedo o la inseguridad, también lo hace de la dependencia.

El mundo actual está tan enganchado a la tecnología como sus ciudadanos. Esta dependencia genera que los que no se adaptan a su uso, siendo desechados a nivel profesional y desarrollando un rechazo claro al uso de estas herramientas. Esa presión genera el mismo tipo de estrés que aquello que han aprendido a manejar las nuevas herramientas y que no pueden vivir sin ellas: tecnodependientes y tecnoadictos.

Pero ¿qué diferencia hay entre un tecnodependiente y un tecnoadicto? El primero no sabe cómo realizar determinados procesos sin tecnología y se sienten mal ante la idea de tener que hacer determinadas tareas a la forma tradicional. El segundo, simplemente, no quiere porque no puede.

La adicción, aunque sea a la tecnología puede producir serios problemas mentales ligados a la falta de descanso, ya que se está permanentemente conectado al mundo online. También trae problemas sociales ya que las interacciones en el cara a cara se reducen al mínimo, algo que preocupa especialmente a los médicos dado que, de tratarse de un adolescente, que aún no ha conformado su personalidad y ha acumulado experiencias vitales suficientes para generar un criterio claro, crecen aislados del mundo y volcando su fe en datos y contactos internautas.

Las consecuencias de este asilamiento social ya se han comenzado a ver con prácticas que siempre existieron, pero con un grado de presión menor al de ahora: el ciberacoso. Los que antes se reducía a un tiempo escolar, ahora se traslada al mundo online y con esta hiperconectividad de los adolescentes el impacto se ha triplicado.

Es por ello que Up SPAIN recomienda instalar en las rutinas de empleados dinámicas en grupo que permitan reforzar el contacto humano y el sentimiento de equipo en todos los departamentos de la empresa, ya que, aunque no se puede luchar contra la inercia natural del avance tecnológico, sí es posible invertir en prácticas que fomenten sentimientos de solidaridad, compañerismo y conexión en el cara a cara.

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