Solo el 28% de los españoles están satisfechos con el reparto del tiempo en su vida

07/02/2018 · Mayor flexibilidad para poder conciliar vida laboral y familiar. Esta es una de las grandes peticiones de los trabajadores en todo el mundo y, sin embargo, no todos están logrando esta equidad, especialmente los españoles. Los últimos datos de la OCDE, publicados en 2015, situaban la media de la productividad española -calculada como la relación entre PIB y tiempo trabajado- en torno a los 36 euros por hora, es decir, entre 32 y 19 euros menos que en otros países como Dinamarca (68 euros/hora), Holanda (57), Francia (56) o Alemania (55).

La conciliación en España parece una quimera. Pese a estar entre los países que más horas se trabajan, su productividad está infravalorada y la satisfacción de sus trabajadores por los suelos. Esto en datos supone que, pese a que los españoles trabajan 272 horas más que holandeses y 320 más que los alemanes, el precio que de media perciben por hora es muy inferior: 21 y 19 euros menos, respectivamente, según la OCDE.

A estas cifras se suman las aportadas por el investigador Marc Grau, recogidas en un artículo por el diario El País: solo el 28% de los españoles están satisfechos con el reparto del tiempo en su vida, frente al 60% y el 70% registrados en Reino Unido o Finlandia. Además, hasta el 70% de los consultados en sus estudios creen que utilizar las medidas de flexibilidad que las empresas ponen a su alcance tiene consecuencias negativas dentro de la organización.

El efecto que esto tiene en las empresas españolas queda demostrado en sus cuentas de resultados, dada la vinculación que Grau establece entre lo que cuesta reemplazar a una persona (hasta 1,5 veces el salario del reemplazado) y la probabilidad de que un trabajador satisfecho con su nivel de conciliación laboral se quede en la empresa para la que trabaja: 11 veces más probabilidades que los insatisfechos.

El problema parece radicar, según confirma al diario El País José Luis Casero, presidente de la Asociación para la Racionalización de Horarios, en que estamos funcionando “con modelos del siglo pasado” y en que no se está facilitando a los españoles la opción de elegir, ya que -según la encuesta de condiciones laborales de 2015 y que se actualiza cada cinco años- éstos superan con creces la jornada laboral máxima semanal de 40 horas que el Estatuto de los Trabajadores marca.

A esto se añade otra realidad que explica al diario Cristina Antoñanzas, vicesecretaria general de UGT, que afirma: “Como sociedad lo queremos todo, y queremos que esté disponible las 24 horas”. Grau añade: “A la dilatadísima pausa de comer se suma que confundimos flexibilidad con disponibilidad total”.

Por su parte, consultada por el País, Nuria Chinchilla, profesora de Dirección de Personas en las Organizaciones del IESE y directora del Centro Internacional Trabajo y Familia (ICWF) explica los cambios que se deben introducir en las empresas como nuevos modelos de dirección por objetivos y habla de la necesidad de que cada profesional negocie sus condiciones con su compañía. Al respecto, Grau incide: “Los mejores entornos son un 19% más productivos”.

Pero ¿qué dice la legislación española? La ley es de 1999, aunque se introdujeron medidas que afectan a la conciliación en la reforma laboral de 2012 y en la Ley de Igualdad de 2007. No obstante, en materia de racionalización de los horarios, en diciembre de 2016 el Gobierno propuso un pacto nacional que no fue a ningún lado.

“La conciliación parece ser un derecho negociable y, por eso seguimos a la cola: somos los cuartos peores de Europa”, señala José Luis Casero, presidente de la Asociación para la Racionalización de Horarios, que fija la solución en que el cierre a las seis de la tarde llegue a muchos sectores productivos, incluido el de servicios, el más reticente a acatar la posible norma.

Finalmente, además de los casos prácticos que el artículo de El País expone sobre las medidas que han implantado empresas como Udima, Repsol, Thales Alenia Space, Mahou o Mutua Madrileña, Elena Blasco, secretaria de mujeres en CC.OO. explica al medio que “la desigualdad salarial es producto de discriminación de las mujeres” en materias como el acceso, la promoción, formación, y el salario. “El tema de la conciliación no se puede abordar desde la perspectiva femenina, es un problema social, de corresponsabilidad real”, añade.

Asimismo, Mar Aguilera, directora de Fundación Alares, habla al País de que cómo se ha mejorado la situación en las empresas en cuanto a la introducción de políticas de género y diversidad, aunque, eso sí, en la mayoría de casos enfocadas a personas con discapacidad, pero no a los profesionales senior o al colectivo LGTBI.

Nuria Chinchilla, del IESE, concluye: “Lo central es que tenemos que ayudar a través de la legislación. Holanda es un caso modélico: más de la mitad de la población trabaja con flexibilidad horaria porque la ley garantiza unos derechos”.

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