Efectos de llevar a cabo un liderazgo autoritario y rígido

14/05/2018 · Los efectos negativos que un mal liderazgo puede tener sobre el buen desempeño de los trabajadores y, por tanto, sobre la productividad de la empresa son claros, especialmente cuando son varios los estudios que relacionan la retención del talento con un trato cercano con la directiva de la organización o, al menos, los responsables directos de los encuestados.

Dirigir un equipo no es una tarea fácil, sobre todo, en estos tiempos en los que los responsables deben de lidiar con los retos que la digitalización y las nuevas generaciones de profesionales están introduciendo en los lugares de trabajo. Éstos líderes deben, además, ser capaces de obtener los resultados que este nuevo contexto les exige en un plazo más corto de tiempo, a la vez que garantizan que las expectativas y necesidades de su fuerza de trabajo están cubiertas, evitando así la fuga de talento.

La tarea, por tanto, no es sencilla pero no imposible. De hecho, los beneficios que se obtienen de desarrollar un buen liderazgo, basado en el enfoque en las personas y en su eficiencia laboral, son mucho mayores que cuando éste modo de dirigir se enfoca en unas malas prácticas que aleja el tan deseado ‘compromiso’ que se aspira incrementar. Y es que los jefes autoritarios es el origen principal de la rotación del personal.

En este sentido, un artículo publicado en Forbes ha descrito algunas de esas malas prácticas que alejan al talento y desalientan a los profesionales a dar su máximo rendimientos. Según asegura el medio, “los últimos estudios muestran que trabajar con un mal jefe, aparte de afectar moralmente en la oficina, puede dañar a la salud física” de los trabajadores.

En cuanto a lo que nunca se debe hacer, el artículo cita la humillación, independientemente a la razón que se aluda: un mal resultado, la consecuencia negativa de una decisión o una falta de eficiencia o productividad en el trabajo. Asimismo, se destaca que la comunicación pasivo-agresiva o el sarcasmo no invita al diálogo ni la reflexión. Tampoco al aprendizaje profesional, el cual es clave para la mejora de procesos. “Además, no dará suficiente información para realizar las tareas, ni para priorizarlas por relevancia”, añade.

La diversidad, los diferentes puntos de vista y las aportaciones -equivocadas o no- nutren a las empresas de ideas que pueden ser después aprovechadas para un mejor desempeño organizacional. “Cada persona es un mundo y esa diversidad brinda valores muy diferentes al entorno laboral”, explican desde Forbes. “Las habilidades de cada persona forman un puzzle fantástico que no podrás dejar de admirar”, inciden.

Por otro lado, también se afirma que el mal liderazgo “desperdicia el tiempo de todos”. Al respecto, se señala que nadie es perfecto y que los errores forman parte del proceso por el que una persona se profesionaliza. Además, se apunta a que el micromanagement no minimiza la probabilidad de cometer un error, sino que añade más presión al trabajador, el cual está sometido a la mirada crítica de su líder y al miedo a la consecuencia de una mala decisión, lo que limita su capacidad para crear e incentivar la innovación en la empresa.

Por ende, la confianza, el reparto de tareas, la cercanía con los trabajadores y un diálogo centrado en las soluciones y no en los errores es clave para llevar a la organización al siguiente nivel.

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