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TRIBUNA
abril 2008

Nuevas competencias del abogado del siglo XXI

Julio Alonso,
Office manager de Allen & Overy Madrid

 
Julio Alonso¿Qué es lo único que permanece década tras década? EL CAMBIO. Que la operativa, condiciones y relaciones de trabajo están cambiando al ritmo que lo hacen los mercados, la economía o la vida en general no es un tópico, es una realidad irrefutable. En un entorno cambiante, nadie se libra del esfuerzo que significa adaptarse a los nuevos tiempos. Los abogados tampoco. Da igual la especialización, práctica jurídica o relación laboral que tengan con su despacho, empresa o si es un profesional independiente. El mercado exige tener una visión más comprensiva de la realidad, el mundo no es un despacho y hay que actuar como tal.
La fama de competitividad entre abogados, obsesionados con el trabajo individual, está cambiando. A sus competencias se suman habilidades tales como cooperación, flexibilidad o trabajo en equipo. Uno de los protagonistas que ha fomentado la exigencia de estas nuevas competencias en el abogado del siglo XXI ha sido la entrada en vigor del Real Decreto 1331/2006 que regula la relación laboral de los abogados. Desde el año 2006, los abogados han pasado a ser trabajadores por cuenta ajena. Por este motivo, hablar de carrera profesional es una realidad en despachos y departamentos de asesorías jurídicas. De este modo, los departamentos de Recursos Humanos se han convertido en un pilar estratégico para los socios, al liderar el cambio cultural y organizativo que esto implica.

Realmente estamos hablando de ¿nuevas competencias o las había igualmente? Efectivamente, competencias había, pero fundamentalmente competencias técnicas, de relación con clientes y desarrollo de negocio de modo individual, pero no en cuanto a las relaciones internas, o al menos, no tan demandantes como ahora. Tradicionalmente los abogados eran profesionales independientes que en la mayoría de las ocasiones se agrupaban para compartir gastos del ejercicio de la profesión y en contadas situaciones compartían ingresos, contacto o clientes. En la actualidad, como empleados por cuenta ajena, comienzan a tener las mismas inquietudes que cualquier profesional perteneciente a las tradicionales “empresas”.

Quizás nos sorprenda el tratar como nuevas competencias habilidades tales como liderazgo, escucha activa, capacidad de relación y negociación o trabajo en equipo, entre otras. Competencias inherentes a la mayoría de los procesos de selección del marco empresarial, pero no para el sector de la abogacía, hasta hace relativamente poco tiempo. Cuando se busca talento, ya no sólo se exige un exhaustivo conocimiento jurídico, varios idiomas o especialización, a esto se añaden requisitos tales como:

· Trabajo en equipo. Casi todo el mundo garantiza saber trabajar en equipo, pero no es cierto. En el caso de un abogado con experiencia, no sólo hay que coordinar un grupo, sino delegar en los demás componentes para encontrar la efectividad a medio plazo. Muchos abogados prefieren hacerlo “ellos mismos”, y no son conscientes de la frustración y pérdida de conocimiento que provocan en el resto de abogados con menos experiencia que se tienen que “buscar la vida” como ellos hicieron antes. Saber delegar, saber formar, saber supervisar son acciones de importancia en organizaciones donde la gestión del conocimiento es vital.

· Capacidad de Liderazgo. Tener la habilidad de motivar a los integrantes de un grupo es un factor clave. Liderar, coordinar, escuchar y tomar decisiones. Arriesgar y correr el riesgo de equivocarse. Explicar a los demás por qué se ha tomado una decisión en concreto y enganchar a los demás en la consecución de un objetivo es algo esencial. Capacidad de adaptación individual a un nuevo entorno (trabajar desde casa, por ejemplo) y de provocar esa adaptación en el equipo. Eso es liderazgo. Si además se puede seguir un modelo de liderazgo situacional mejor que mejor.

· Escucha activa. Oír y escuchar parece lo mismo, pero no lo es….Oír, te puedo oír y estar pensando en otra cosa. Escuchar requiere una atención que permite hacer preguntas y mantener una conversación. Una conversación que interese a las dos partes. Suena obvio, pero es la única manera de mejorar la relación con clientes, con compañeros, con otros colegas. Y aunque parezca mentira, no es tan fácil encontrarla en los despachos.

· Capacidad de relación y negociación. Del hallazgo de las tres anteriores, generalmente nace esta última. Si escuchas, puedes negociar en un contexto ganar-ganar. Se mejora la relación con los mismos y con el grupo. Se refuerza la capacidad de liderazgo y el trabajo en equipo se convierte en un placer.

Buscar las competencias del siglo XXI en los nuevos abogados es objetivo prioritario de cualquier despacho. Conseguir desarrollarlas en abogados con más experiencia es todo un reto, pero menos complicado de lo que parece. En la propia naturaleza de la profesión de abogado encontramos una inclinación a la escucha, a la relación con clientes… ¿encontraremos a los líderes del XXI? Ya están saliendo de las universidades, les falta formación, pero tienen madera para serlo.
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