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TRIBUNA
noviembre 2016

English in use: el desafío del inglés en el mundo empresarial

Robin Gravina,
head of Development de Cambridge English Language Assessment

 
Robin Gravina
Las habilidades lingüísticas son multidimensionales. Una persona no solo es capaz de hablar, leer y escribir; sino también de escuchar y entender. Todas pueden ser enseñadas, desplegadas en diferentes niveles y evaluadas. En el mundo empresarial es habitual que el enfoque de estas habilidades lingüísticas se centre en un aspecto u otro que se considere necesario para el puesto de trabajo a cubrir, pero, en ocasiones, puede quedar relegada a un segundo plano la dimensión social de la comunicación, que va mucho más allá del inglés técnico.

Nos movemos en un mundo laboral cada vez más complejo, en el que los puestos de trabajo no se definen ya como “técnicos”, “comerciales” o “de dirección” sino que abarcan diferentes dimensiones y exigen un conocimiento del negocio de 360º. En este contexto, el manejo teórico de la lengua, o su uso en un contexto restringido, ya no es suficiente. Lo que las empresas nos transmiten es que necesitan trabajadores con la capacidad de realizar un uso del idioma en el que los aspectos psicológicos definidos bajo conceptos como seguridad en sí mismo, inteligencia emocional o asertividad cobran relevancia.

Las situaciones en que la capacidad psicológica del idioma entra en juego son numerosas; ofrecemos solo unos ejemplos:

• En el marco de la una negociación, comprender los contenidos de los acuerdos es fundamental, pero también lo es la capacidad de dominar los matices de la conversación relacionados con los aspectos culturales de la misma para no dar lugar a confusiones o malentendidos indeseables.

• Los expertos en oratoria insisten en que, a la hora de realizar una presentación en público, las palabras deben ir acompañadas de una actitud que transmita seguridad. En la mayoría de casos, esto no es posible si el uso del idioma se encuentra restringido por un miedo escénico derivado del temor a no dominar con plenitud las capacidades expresivas.

• Conversar en un ámbito restringido con una o dos personas es relativamente fácil, pero, ¿qué ocurre cuando nos enfrentamos a un trabajo de grupo en el que se nos exige, además, cierta dosis de creatividad? De nuevo, la confianza en las posibilidades expresivas no debe ser menospreciada.

Desde nuestra experiencia universitaria, la formación de los estudiantes y los empleados en determinadas destrezas está cada vez más entre los objetivos de centros educativos y de organizaciones. La inteligencia emocional, la asertividad, la creatividad… son capacidades no solo cada vez más demandadas en el ámbito laboral sino, sobre todo, cada vez más utilizadas”.

Nos hemos preguntado cómo trasladar estos conceptos al ámbito del inglés y de la comunicación lingüística, en general. Los certificados lingüísticos no evalúan estas capacidades que, incluso, pueden considerarse “intangibles”, pero las destrezas mencionadas son, en un entorno internacional, difícilmente alcanzables sin un manejo de la lengua que incluya la multidimensionalidad anteriormente mencionada. ¿Cuáles son los elementos de un certificado lingüístico que nos ayudan a avanzar hacia esta multidemensionalidad?

• Certificación internacional: en el sentido en que la certificación se ha otorgado en base a unos códigos lingüísticos y culturales comunes en todo el mundo que facilitan un entendimiento completo entre personas de todo el mundo. Esto aporta un factor de seguridad en la comunicación fundamental en un entorno internacional.

• Calidad y validez: la validez de un certificado significa que este asegura que las capacidades idiomáticas de su titular son exactamente las que se indican en el mismo y esto solo se consigue con altas cotas de calidad en el uso del idioma.

• Marcadores de la evaluación: la evaluación debe indicar con exactitud cuáles son las habilidades de las personas que han obtenido el certificado y, además, debe hacerlo en cada una de las cuatro dimensiones de la lengua, es decir, comprensión oral y escrita y expresión oral y escrita.

Los procesos de selección tienen cada vez más en cuenta estos conceptos en la búsqueda de candidatos capaces de aportar un valor añadido a la empresa que vaya más allá de sus conocimientos. De este modo, tanto los programas de formación como los procesos de selección deben tener en cuenta el retorno de inversión que se obtendrá con la elección de un buen candidato para un puesto de trabajo o para una promoción interna. En lo referido a los idiomas, el valor de una certificación concreta tiene una relación directa con el coste y la aportación futura de cada empleado a la organización.

En este contexto, el uso de certificados con suficientes garantías de que quien lo ostenta es, realmente, capaz de desplegar las habilidades idiomáticas que en ellos se describen es un valor seguro con un retorno de inversión claramente definible a través de KPI de cumplimiento de funciones y objetivos.
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