Los talentos específicos y condiciones para la eficaciaLas concreciones más operativas del “talento” (o de los talentos) han sido:
1.- Las aptitudes mentales (mecánica, numérica, verbal,…).
2.- Los hábitos o estilos de trabajo (perseverancia, tenacidad, constancia, precisión, rapidez u operatividad para decidir, creatividad).
3.- Ciertas habilidades o actitudes para las relaciones sociales (convivencia laboral, trato con clientes, colaboración con los compañeros de equipo, comunicación,
liderazgo).
4.- Actitudes de compromiso y sintonización con la cultura y valores de la organización.
5.- Ética laboral.
Tener talento significa aportar ideas, aportar especiales
conocimientos, soluciones innovadoras, soluciones técnicas. Pero también ser capaz de gestionar personas y equipos, ser capaz de lograr compromisos de sus colaboradores, ser capaz de pensar táctica o estratégicamente.
Cada situación económica o social requiere “talentos especiales”. Durante las crisis económicas se buscan talentos comerciales para lograr los objetivos de venta
y talentos de negociación para evitar impagados. Cuando
han emergido las nuevas tecnologías se han buscado potentes técnicos programadores y de sistemas.
En estas situaciones emergen patrones de competitividad
que exigen talentos adecuados: comercial, financiero, tecnológico, informático, creativos, innovadores o estratégicos.
Hoy día, con el descenso de natalidad y la prolongación
de la vida, con las jubilaciones anticipadas y con las economías globales las empresas se están viendo obligadas a descubrir talentos y ofrecer empleo a talentos jubilados y a talentos inmigrantes.
 | Una organización requiere la sinergia de diferentes talentos para lograr resultados y competir |  |
Los vectores que componen la resultante “talento”
Como en física, el talento, como fuerza resultante, consta de diversos componentes. Este desglose en vectores posibilita evaluar y medir. Los conceptos globales son difíciles de comparar y cuantificar. Para seleccionar, gestionar, desarrollar y retribuir objetivamente a las personas con talento es necesario valorar cada uno de esos vectores cuantitativamente.
Hablar de talento como “capacidad notable” requiere identificar el vector de energía y potencia mental que
con frecuencia depende de la formación y aprendizajes.
Y en este vector mental es necesario diferenciar entre
procesos mentales rápidos (el talento de saber trabajar
con agilidad y decidir) y procesos de precisión y calidad
(necesarios para producir competitividad tecnológica). Otro vector relevante es el esfuerzo tenacidad y constancia. Mentes muy bien dotadas no alcanzaron metas
brillantes por no perseguirlas con esmero y perseverancia.
Y por el contrario, personas más normales intelectualmente
lograron éxitos consolidados por su tenacidad y esfuerzo.
Un tercer vector relacionado con los dos anteriores, es la motivación o interés por un trabajo o tarea. Es difícil lograr un esfuerzo continuado sin motivación natural o cultivada. Y el esfuerzo queda recompensado con la motivación natural. Finalmente, un vector no menos importante para la eficacia económica y sobretodo social en las organizaciones es la sintonización con la cultura y
valores de la propia organización.
Todos estos vectores contribuyen a la fuerza resultante
que es talento como “capacidad notable” para lograr la eficacia.
Cómo evaluar los diversos talentosEl objetivo es lograr el ajuste a los perfiles de los puestos
y a las necesidades de la organización. Esto implica definir los criterios de ajuste a esos perfiles y evaluar
las capacidades o talentos. Esta tarea exige investigación
para crear las técnicas de definición de perfiles y
de evaluación de los talentos.
Los investigadores presuponen que sólo lo evaluable cuantitativamente se debe considerar un dato operativo y fiable para la gestión. Pero este supuesto es gratuito, aunque no deba despreciarse su aportación técnica.
La persona, como cualquier ser vivo, y más que ningún otro, crece y desarrolla constantemente sus potencialidades, o al menos puede hacerlo. La comunidad
científica acepta que los animales aprenden mental y socialmente. Cualquier observador de un recién nacido puede constatar que cada día nos sorprende con nuevos comportamientos. Una observación reflexiva y sin prejuicios ni obliga a reconocer que el ser humano no es una estructura rígida y cristalizada, en ningún momento de su vida adulta consciente. Es un ser vivo cambiante y en evolución.
La evaluación definitiva y de una vez para siempre de las personas es un acercamiento poco adecuado y poco objetivo de la riqueza y diversidad siempre sorprendente de las personas.