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TRIBUNA
septiembre 2016

Somos rueda (La resiliencia oportuna)

Diego Larrea Bucchi,
Experto de Recursos Humanos y Comunicación

 
Diego Larrea BucchiSomos rueda, previsiblemente o imprevisiblemente estamos situados en diferentes partes del giro, arriba o abajo. La vida es movimiento constante y da muchas vueltas. Siempre sucede, no espera, casi no da tiempo a reflexionar. Sea en nuestra vida personal como en la profesional. Somos rueda, en la altura de nuestra alegría y en el suelo del desencanto. Somos rueda, y en el rodar aprendemos, vivimos, cambiamos, evolucionamos, con sonrisas y lágrimas, arriba o abajo, da igual, porque siempre avanzamos, estemos como estemos y donde estemos.
A veces creemos ser infinitos, perfectos y eternos sumergidos en la fascinación de nuestra estabilidad, nuestros logros, victorias, buenas rachas, etc. Todos y todo parece sonreírnos, y casi sin quererlo olvidamos el epicentro, el sentido común, el porqué de lo que hacemos y cómo lo hacemos.

Porque somos rueda, y lo que hoy está arriba mañana no estará, lo que ayer era seguridad hoy es fragilidad, los aplausos se transforman en silencio, las sonrisas en olvido. Y no es una lectura pesimista sino todo lo contrario, es poner en valor nuestra verdadera inteligencia situacional, emocional junto a nuestros verdaderos valores e incluso junto a nuestros seres más queridos que serán el termorregulador perfecto de acción balsámica que nos ayudará en esos giros descendentes que la vida nos regala como enseñanza de sabor muy amargo como el remedio que nos daban nuestras abuelas o madres.

Y somos rueda, abajo o arriba y avanzar nos permite descubrir, y vaya paradoja que descubrimos más en la adversidad que en el éxtasis. En la adversidad somos capaces de detectar como nos sobraban cosas, personas, conceptos, preconceptos, rutinas, que van cayendo con el impulso de la caída de la rueda, quedando atrás fácilmente, aunque pensábamos que formaban parte de nuestro YO.

Esa desafección forma parte del progreso, pero nunca del olvido, porque éste siempre será el encargado por antonomasia de equilibrar nuestra balanza y conectarnos con lo que fuimos y vivimos. Hoy estamos como y donde queremos estar y mañana todo cambia. No es una cuestión de azar, es la rueda de la vida.

La rueda que avanza nos permite evolucionar, pero también encontramos ruedas que se estancan o encallan, porque alguien le ha puesto un palo o piedra en su marcha. O la rueda que no avanza porque el conformismo aniquila su afán de superación y el «si asi estamos bien» se transforma en su propio freno.

Con una inteligente espera, humildad y la constancia algún día las cosas vuelven a su lugar, incluso cuando todo parecía perdido y cuando muchos ya nos habían olvidado.

Porque lo que nunca se olvida es el «cómo». El «cómo» es el Yo, porque es la forma más clara y transparente de confirmar nuestra esencia. Digamos lo que digamos, prometamos lo que prometemos, el cómo hacemos las cosas es el mayor testimonio de nuestra conducta y de nuestros valores. El mundo está lleno de «buenas intenciones» pero muchas veces incoherente de acciones. Y es cuando los silencios o los ruidos forman parte de nuestro «cómo» y probablemente de nuestros «porqués». La vida es un bumerang, todo vuelve en algún momento, estemos arriba o abajo de la rueda.

Y los obstáculos son parte del camino, muchas veces sinuoso, con precipicios, donde no siempre encontraremos las facilidades para un buen andar. Probablemente como en los cuentos del medioevo, aparezcan los “zanquistas endogámico del conocimiento” que miran desde arriba a los demás pregonando a los cuatro vientos sus seudo experiencias y sabidurías, alejándose de los simples mortales. Y pobre de aquel que no siga los mandatos del reino, ya que rápidamente será excluido del «Club de los Elegidos». ¿Pero qué más da? Existieron, existen y existirán. El convencimiento humilde, generoso, y perseverante sobre nuestros objetivos harán que cada óbice que enfrentemos en nuestra travesía sea una gran oportunidad para medir nuestras fuerzas, nuestro aprendizaje y también muchas veces nuestros valores, en definitiva: nuestra resiliencia oportuna.

Somos rueda, abajo o arriba, y como decía Ernest Hemingway, «el mundo rompe a todos, y después, algunos son fuertes en los lugares rotos». La vida da vueltas, mil vueltas, tantas que perdemos la cuenta, y tantas que nos olvidamos que mañana «allí puedo estar yo».
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