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El sector > 27/05/2024

La formación sí ocupa lugar

Eugenia Dutto Consulting & Services director de Wolters Kluwer Tax & Accounting España

A día de hoy nadie cuestiona la necesidad, casi exigencia, de formarnos de manera continua y permanecer permanentemente actualizados para que nuestros conocimientos y habilidades no queden anticuados y obsoletos en un entorno en constante progreso y evolución. En el ámbito laboral, estos cambios se desarrollan a un ritmo más avanzado, impulsado por las actualizaciones normativas o avances tecnológicos que requieren de un conocimiento especializado y de una familiarización con las nuevas herramientas a nuestro alcance. La formación dentro de las organizaciones es, por tanto, un pilar fundamental tanto para el éxito individual como para el del conjunto del tejido empresarial. Sin embargo, surge un interrogante crucial: ¿realmente dedicamos a la formación el tiempo que merece?

Esta pregunta refleja uno de los grandes desafíos en el panorama actual, en que el tiempo se ha convertido en un recurso preciado y escaso que requiere ser utilizado de una manera óptima y efectiva. Cada vez somos más conscientes de la importancia de la formación laboral para el desarrollo de nuevas habilidades y conocimientos que nos permitan seguir actualizados, pero también cada vez es más complicado encontrar el equilibrio entre la dedicación al trabajo, las exigencias del día a día y la formación. Todo un reto.

¿Qué deben hacer las empresas? Las organizaciones tienen el deber de estar al día de cualquier actualización que pueda afectar a su compañía, tanto en cuestiones relacionadas con el cambio normativo como en innovaciones tecnológicas y también de gestión. Un equipo formado contribuye, sin duda, al crecimiento y competitividad de la empresa.

¿Cómo deben ofrecer esta formación a los empleados? En una era tan digitalizada como la actual, las maneras de aprender son múltiples y son muchas las opciones que se presentan para poder ofrecer un sistema de formación lo suficientemente amplio, variado y flexible que se adapte a las necesidades de los equipos.

 

Cuándo y cuánto, un gran desafío

Según el Barómetro de la Asesoría 2023, el 84,3 % de los despachos profesionales ofrece algún tipo de formación a sus empleados, aunque solo el 52,7 % lo hace de forma continuada. En este punto, el “cuándo” y el “cuánto” emergen también como un gran desafío: el día a día, los imprevistos, las urgencias, las prioridades… van relegando la formación a un segundo plano, que se acaba posponiendo con la esperanza de encontrar tiempo al día siguiente. Es por este motivo que, desde las empresas, se debe promover una calendarización dedicada a la formación que favorezca y haga posible una participación efectiva.

El tamaño de las empresas es una variable que influye de forma significativa en este sentido. Según datos del Barómetro de la Asesoría 2023, existe una correlación entre la formación continua y el tamaño de los despachos profesionales, que podemos extrapolar al resto de pymes: cuanto mayor es la organización, más formación ofrece a los empleados. Así, las empresas más pequeñas se caracterizan por ser más polivalentes y ayudarse unos a otros; pero, sin embargo, tienen menos tiempo para formarse. En cambio, los despachos y empresas con mayores recursos disponen de mayor tiempo y conciencia sobre las formaciones y, por lo tanto, le dedican más medios y tiempo.

Para que la formación tenga el impacto deseado, los líderes de las empresas deben ser los primeros en estar al día de las novedades y tendencias y así potenciar una cultura organizacional que valore y promueva la formación continua. Al invertir en el desarrollo de habilidades y conocimientos, los empleados se vuelven más competentes y confiados en sus roles, lo que, a su vez, impulsa una mayor productividad y calidad del trabajo.

Por lo tanto, la formación continua debe formar parte de la estrategia y del plan de acción de las empresas. Además, el nuevo talento también debe tener un buen onboarding y formación para que pueda integrarse rápidamente al equipo y contribuir de manera efectiva desde el principio. Un proceso de onboarding sólido facilita la adaptación del nuevo talento a la cultura de la empresa y proporciona las herramientas y la información necesaria para comprender sus responsabilidades y objetivos.

En conclusión, la formación sí ocupa un lugar. Las organizaciones deben fomentar una calendarización del tiempo de formación para que pueda compaginarse con las funciones diarias laborales y hacerla realidad. Las empresas pueden apoyarse en estrategias y recursos que tienen a su alcance para hacerlo posible. ¿Por qué no asignar un día de la semana a la formación? ¿Por qué no promover dentro de la organización un rol que vele por su realización? ¿Por qué no incluir la formación y la certificación entre los KPI anuales de los profesionales? ¿Por qué no dotarse de plataformas formativas que ofrecen itinerarios y recorridos que consiguen la adherencia? Adaptarse a los nuevos tiempos es sinónimo de una formación constante, participativa y eficaz.

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