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El sector > 14/05/2021

Las empresas deben reforzar esa visión holística de los pilares del bienestar de sus empleados

Marisol Sanz doctora y directora Specialty Salud de Aon

"Una de las consecuencias de la crisis sanitaria en la que llevamos inmersos desde hace más de un año es que se ha puesto sobre la mesa la importancia de la salud mental y emocional de las personas. Un tema que hasta hace poco era considerado casi tabú es ya tratado como una parte más del bienestar de los individuos, al igual que la salud física, y las empresas han puesto a disposición de sus profesionales diferentes medidas para contribuir a que ese concepto integral de la salud ayude a conseguir empleados más felices y resilientes."

Tras más de un año de pandemia, ¿qué destacaría de cómo las empresas han vivido esta crisis sanitaria?

En AON, tenemos un concepto holístico del bienestar de las personas. Este bienestar se asienta en diversos pilares, tales como el físico, el emocional, el social, el profesional y el financiero. Lo habitual es que la mayoría de la gente tenga bien desarrollado alguno de estos pilares, pero es más raro encontrar un balance adecuado de todos y cada uno de todos esos pilares. Esta pandemia nos ha impactado en mayor o menor medida en todos los pilares haciéndonos muy conscientes, a nosotros y también a las organizaciones, de la importancia de ostentar ese equilibrio entre los pilares de nuestro bienestar.

 

Por lo que comenta, ha habido un cambio en el concepto de bienestar…

Hasta no hace mucho tiempo, cuando hablábamos de bienestar la mayoría de las personas lo focalizábamos en nuestra salud física y lo identificábamos con estar bien, con estar sano físicamente, es decir, en el pilar físico que hemos comentado. Quien más y quien menos tenía conciencia de que hacer ejercicio y comer bien, es decir, llevar hábitos de vida saludables era bueno para nuestra salud. Pero con la aparición del coronavirus y del necesario confinamiento todo esto cambió de la noche a la mañana. De pronto, no podíamos salir a hacer ejercicio, nos costaba más seguir esos hábitos de vida saludables que teníamos hasta entonces y lo más importante de todo es que esa situación empezó de manera larvada a impactar en todos y cada uno de nuestros pilares del bienestar. Determinadas sensaciones cobraron protagonismo en nuestro día a día; sentíamos miedo, ansiedad, frustración, impotencia y el pilar del bienestar emocional, tanto nuestro como el de nuestro entorno familiar, tomó mayor relevancia en nuestro día a día convirtiéndose en una prioridad consciente. Sin hacerlo de manera voluntaria, nos vimos obligados en poner el foco en nuestro yo emocional, en visualizar esa faceta que hasta entonces estaba siempre en segundo o incluso en tercer plano. Al mismo tiempo, nuestras prioridades en el plano social también cambiaron, no podíamos mantener las relaciones sociales de la misma manera que hasta entonces. Nuestro entorno profesional se vio impactado de la misma manera; lo que era válido para ayer, hoy ya no valía en mayor o menor medida. Y por si fuera poco lo que comenzó siendo una crisis sanitaria acabó indefectiblemente en convertirse también en una crisis económica que terminó afectando a todos nosotros, afectó a nuestro pilar financiero del bienestar y con ello impactó en la seguridad financiera de muchas familias. 

 

¿Cómo ha impactado en nuestro autocuidado? ¿En la forma en la que concebimos nuestro bienestar? 

Con el tiempo, fuimos tomando conciencia de nuestra nueva realidad y empezamos a poner medidas que nos permitieran adaptarnos a este nuevo entorno. Si no puedo salir a hacer ejercicio, busco formas de hacerlo en casa, más o menos imaginativas. Buscamos ayuda para poder controlar nuestros sentimientos de miedo, frustración y ansiedad. Esta parte quizás fue la que más costó porque esa área de nuestro bienestar siempre ha sido considerada como un tabú. Asimismo, buscamos formas de mantener el contacto con nuestros seres queridos y adaptamos nuestra forma de trabajar al nuevo entorno y necesidades. Por una vez, sin realizar una prospección proactiva, tuvimos la oportunidad de vernos como un todo y de tener conciencia de tener la “obligación” de cuidar de todos y cada uno de los pilares que conforman sentirnos bien.

Por fin, los temas de bienestar emocional se han podido poner encima de la mesa y ser tratados como un problema más de salud, sin sentirnos estigmatizados ni sentir vergüenza  

¿Y las empresas? ¿Cómo reaccionaron?

Estos procesos que todos y cada uno de nosotros nos vimos obligados aponer en marcha para sobrevivir, las empresas también tuvieron que emprenderlos para poder subsistir. En muy poco tiempo, tuvieron que adaptarse a la necesidad que imponía el aislamiento de sus empleados, a la distancia social, a las nuevas formas de gestionar el trabajo diferentes a las realizadas hasta ese momento. Esa necesidad de trabajar de manera diferente para adaptarse no solo requirió implementar en tiempo récord los recursos necesarios que posibilitaran la continuidad de los negocios, sino también buscar nuevas fórmulas que permitieran una relación eficaz y eficiente entre los empleados.  Como consecuencia de ello, nuevas formas de liderazgo también se hicieron necesarias.

 

¿Cómo son esos nuevos líderes?

A raíz del Covid se ha puesto mucho más en valor la parte humana de los líderes. Se requirió a alguien que marcara claramente los objetivos en el momento que se vivía, que comunicara de manera transparente y tranquila, alguien que mantuviera la unión del grupo, que desarrollara el sentimiento de pertenencia, que fuera capaz de detectar las necesidades específicas de cada miembro del grupo, que pudiera tranquilizar en los peores momentos de la crisis cuando la sensación de vulnerabilidad lo envolvía todo y a todos, alguien que pusiera corazón y empatía en todas sus acciones.

  

De lo aprendido en estos meses, ¿con qué enseñanza se queda?

Una consecuencia directa de todo ha sido la enseñanza para conseguir ser resilientes. Por fin, los temas de bienestar emocional se han podido poner encima de la mesa y ser tratados como un problema más de salud, sin sentirnos estigmatizados ni sentir vergüenza. Como lección, hemos aprendido que si una empresa tiene empleados resilientes, tiene mucha mayor probabilidad de conseguir sus objetivos empresariales. Otro hecho claro, que ha venido para quedarse, es la digitalización de todas las organizaciones y procesos, así como la flexibilización de horarios y tareas

 

¿Cree que el concepto de “las personas en el centro” se ha potenciado, se ha hecho más fuerte en las organizaciones? 

Las empresas siempre han tenido claro que el principal activo con el que cuentan son sus personas, sus empleados. Pero, si algo positivo ha traído esta crisis del Covid es que ese sentimiento se ha intensificado. Las organizaciones han puesto a sus empleados aún de manera más clara en el centro. Se han potenciado acciones que ya estaban diseñadas, se han impulsado las que estaban implementándose y, por supuesto, se han puesto en marcha nuevas propuestas para cuidar aún más a nuestras personas, cuidar de su salud y cuidarlas con ese concepto holístico del bienestar. Muchas de las acciones que se pusieron en marcha por la necesidad del confinamiento han venido para quedarse y significarán un antes y un después en la forma de trabajar de muchas organizaciones. Temas como el teletrabajo, la flexibilidad horaria son un presente claramente establecido.

A raíz del Covid se ha puesto mucho más en valor la parte humana de los líderes, se requieren personas que pongan corazón y empatía en todas sus acciones

Pero no todo lo que se ha implementado se quedará, también se han cometido errores en la gestión durante estos meses… 

Por supuesto, también tenemos que aprender de muchos errores cometidos, la mayoría de las veces por inexperiencia. En la mente de todos está el tema de la desconexión digital. La nueva situación que hemos vivido ha agudizado este problema. Antes del confinamiento el mero hecho de salir de la oficina y cerrar nuestro ordenador proporcionaba el motivo perfecto para desconectar. Es cierto que no todos lo conseguían, pero era un hecho que rompía nuestra rutina. Ahora, nuestras jornadas se alargan, nuestros lugares de trabajo están en el mismo lugar de ocio y esto dificulta el hecho de desconectar. Es importante que la empresa establezca una serie de pautas y soluciones para garantizar el derecho a la desconexión de los empleados y también los propios empleados tienen que ser conscientes de este problema y promover sus propios hábitos de desconexión, tales como establecer unos horarios y cumplirlos, no atender las redes o correos corporativos fuera del horario laboral y desconectar los dispositivos electrónicos corporativos.

 

También ha sido el momento de poner en valor los beneficios sociales que las compañías ofrecen a sus empleados. ¿Cuáles han sido más demandados?

 Las empresas, en ese espíritu de cuidar a sus empleados, han ampliado el abanico de los beneficios sociales que les ofrecen. Obviamente, el tema de la protección de la salud sigue estando en un lugar predominante, y los seguros de salud siguen siendo el beneficio más valorado por los empleados y sus familias. De hecho, durante el 2020, la contratación de seguros médicos ha seguido creciendo alrededor de un 5 %. Pero también se han desarrollado otros beneficios, como son los temas de asesoramiento o apoyo emocional, programa de desarrollo de la vida profesional, así como la planificación financiera y el mantenimiento de contactos sociales que, sin ninguna duda, han tomado un lugar protagonista entre los beneficios que las empresas otorgan a sus empleados. En este momento, las empresas deben reforzar esa visión holística de los pilares del bienestar de sus empleados para poder tener empleados sanos, más felices y comprometidos. 

 

 

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