Laura Lozano: No tiene sentido listar las habilidades del futuro sin entender primero la triple disrupción que estamos viviendo: automatización, transición verde y un cambio profundo en los va lores sociales con foco en salud mental y liderazgo consciente. Se perderán 14 millones de empleos hacia 2030, pero se crearán más de 78 millones nuevos (Future of Jobs Report 2025, WEF). Entendiendo este tsunami de cambio, es donde entran las habilidades humanas: pensamiento crítico y analítico, creatividad, resiliencia, e inteligencia emocional. El World Economic Forum lo dice claro: el futuro del trabajo más allá de ser sólo tecnológico es profundamente huma no. Las empresas que apuesten por una cultura de aprendizaje continuo, con el empleado en el centro y un liderazgo consciente, serán las que marquen la diferencia.
Nacho Herranz: En un entorno donde el futuro del trabajo se redefine a diario y la realidad del mercado es que ya no funcionan las palancas tradicionales de captación y fidelización del talento basa das en aspectos puramente extrínsecos, una de las claves que es y será una fortaleza estratégica (tanto a nivel individual como a nivel colectivo) está en cultivar el cociente de adaptabilidad (AQai), esa capacidad de responder al cambio sin perder el rumbo. Adaptarnos no es renunciar al propósito, sino evolucionar en él con conciencia. Para ello, en Rebel Talent siempre decimos que “no existe camino de desarrollo que no nazca del autoconocimiento”. Conviene entender qué dimensiones son clave para trabajar la adaptabilidad y construir un plan de acción para desarrollar la con solvencia y hacer que las cosas pasen.
Daniela Pérez: En este momento de la historia, más que nunca, necesitamos un liderazgo humanista que persiga un alto rendimiento sostenible, un desarrollo constante, una versatilidad necesaria y su consecuente gran capacidad de adaptación. Un liderazgo satélite asentado en la confianza versus control. Un liderazgo que se apoye en la tecnología para facilitar la vida y el negocio. Un liderazgo di verso, inclusivo y con permiso para la vulnerabili dad. Uno que se aleje de modelos sobreprotectores para apostar, desde esa confianza, por el desarrollo de las personas y los equipos. Un liderazgo que escuche, involucre e implique, de facto, a las personas. Uno que inspire y que exija, que apoye y acompañe para generar ese tan ansiado ownership y esa tan deseada accountability. Un liderazgo que pone el foco en el proceso para que sea este el que nos acerque a los resultados y, lo que es más importante, haga que estos se mantengan.
Cova Saras: La agilidad, entendida como una filosofía de trabajo basada en el sentido común y la adaptación constante, es clave en la construcción del trabajo del futuro porque nos invita a soltar el control rígido, colaborar con propósito y aprender de forma continua. En un entorno cambiante, donde la incertidumbre es la norma, la mentalidad ágil permite a personas y equipos responder con flexibilidad, enfocarse en lo que realmente aporta valor y evolucionar de manera sostenible.
Adriana Olalla: La realidad única no existe, no es exacta y depende de la perspectiva desde la que se mira. No sobreviven las compañías más antiguas sino las que mejor se adaptan a la sociedad, así como hacen las especies para sobrevivir. Se valora la capacidad de ser flexible, abierto mentalmente, de asimilar que no solo importa todo lo que sabes, sino lo que eres capaz de aprender y aplicar a tu entorno. La riqueza está en la suma de las partes para el todo. Se cuestiona el statusquo, si se entiende como derechos adquiridos para generar barreras, hay que trabajar para ver los beneficios de cada cultura, estructura, generación y mirada desde la que se vive, ya que nunca más servirá la antigua sentencia del “porque yo lo digo” sino se comparte o se explica. O “esto no cambia porque siempre se ha hecho así”, si al me nos el planteamiento de hacerlo de otra forma nos puede llevar a mejores retos, propósitos y resultados.
José Sastre: Las culturas tendrán que evolucionar del control a la confianza, trasmitiendo de forma clara el propósito organizacional, el ¿qué se quiere/se pretende/se aporta en esta empresa?, y estableciendo de forma firme qué se espera de cada puesto de trabajo (en resultados, no tareas), dejando el cómo se hace/ se consigue el resultado al libre albedrío del empleado, que tendrá que ser responsable de su performance. Sin duda, la flexibilidad y la adaptabilidad serán cuestiones clave, lo mencionado anteriormente no es sino una forma de favorecer un entorno flexible y adaptable.
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