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El sector > 16/10/2020

Sentido y transcendencia para conseguir equipos conectados

Ovidio Peñalver psicólogo y socio director de ISAVIA Consultores

Especialmente ahora, que los equipos están teletrabajando, rodeados de mucha incertidumbre, dotarles de sentido y trascendencia es fundamental. El desafío es conseguir equipos “emocionalmente sostenibles”. Los equipos, al igual que las personas, sienten: se entristecen, se enfurecen, vibran, sueñan, se cansan y se estresan. La eficiencia de un equipo puede variar en torno a un 20 % en función de cómo es y cómo gestionan su emocionalidad colectiva (cómo viven sus emociones y cuáles son sus estados de ánimo colectivos predominantes).

El líder del equipo genera espacios emocionales expansivos (que liberan talento) o restrictivos (que contraen el talento). El coaching de equipos es una herramienta muy poderosa para liberar todo el talento de un equipo, tomando conciencia de cómo manejan su emocionalidad colectiva. ¿Podríamos decir que hay equipos más maduros y evolucionados que otros, en función de cómo se conocen y autogestionan? Creo que sí.

La sistemología emocional es la disciplina que estudia las emociones de un sistema o grupo humano estable. Hablamos de sistemas complejos humanos en todas sus vertientes: familiar, organizacional, educativa, asociativa o deportiva. El objetivo de la sistemología emocional es mejorar la habitabilidad emocional y la calidad de vida de un sistema, para que evolucione y madure. Se persigue, en definitiva, que los sistemas sean emocionalmente más sostenibles y ecológicos.

¿Te has parado a pensar qué es lo hace a un equipo emocionalmente sostenible? Piensa en alguno de los equipos a los que perteneces y reflexiona si:

• Se siente responsable de las emociones que vive y no vive, qué expresa y cómo las expresa y del estado de ánimo en que se encuentra inmerso.

• Comunica de forma fluida y sincera, tanto externa como internamente. ¿En qué medida se habla de todos los temas, incluidos los incómodos o tabú?

• Vive la emocionalidad, se permite reír, llorar, celebrar, gritar, acariciar y sentir y expresar de manera adecuada cualquier emoción que surja.

• Piensa en positivo y con una actitud constructiva ante dificultades, contratiempos y cualquier tipo de retos que se presenten.

• Dispone de una visión, una misión y unos valores retadores e ilusionantes, compartidos por la gran mayoría, que actualiza de forma regular.

• Disfruta y celebra, tanto de su día a día como de cualquier acontecimiento, por pequeño que parezca, permitiéndose soñar y fluir habitualmente.

• Diseña y cuida su entorno, buscando un ambiente agradable, relajado y orientado a la acción, en cuanto a mobiliario, colores y distribución del espacio.

• Respeta las leyes sistémicas, descritas por Bert Hellinger, que son: pertenencia al sistema, equilibrio entre dar y recibir y prevalencia de los que llegaron primero.

• Comparte el liderazgo, fomentando un modelo múltiple y situacional de liderazgo, lo cual es compatible con que haya un responsable de referencia.

• Fomenta el equilibrio a sus miembros entre el orgullo de pertenencia y cohesión con el equipo y las posibilidades de desarrollo y autonomía personal.

Confío en que alguna de estas claves te pueda resultar interesante y, por qué no, te dé pistas para que influyas en hacer alguno de tus equipos más sostenible emocionalmente y, por lo tanto, saludable y eficiente.

¿Y qué se puede hacer desde las áreas de Talento, Formación y Desarrollo de las organizaciones? Poner el foco en los equipos naturales (y no solo en los individuos aislados o en la organización en su conjunto), y trabajar con ellos utilizando modelos y técnicas de coaching de equipos.

El objetivo de la sistemología emocional es mejorar la habitabilidad emocional y la calidad de vida de un sistema, para que evolucione y madure

Los equipos y grupos estructurados son “sistemas” vivos, complejos y abiertos, que suelen vivir al filo del caos. Podemos hablar de ellos como si fueran “personas”, en el sentido de que tienen una apariencia, una forma de sentir y hasta una personalidad o identidad, que los diferencia de otros sistemas.

Podemos convenir, por tanto, que todo “sistema” tiene:

- un aspecto físico o un cuerpo, entendido como su aspecto externo, es decir, cómo visten sus integrantes (p.ej. muy formales, modernos), cómo se sientan en las reuniones y cómo es el espacio en que trabajan (decoración, distribución de sitios, es decir su psico-geografía), cómo gestionan el tiempo (puntualidad, duración forma de intervención en las reuniones). Me refiero a todos esos aspectos externos que definen a un sistema casi sin conocerlo todavía, solo por su aspecto, como ocurre cuando vemos a una persona y nos hacemos un juicio por su altura, cara, vestimenta, forma de andar y primeros gestos (como la forma de darnos la mano o sonreírnos).

– una emocionalidad o un corazón, entendida como las emociones que se permite y cuáles no (gestos y expresiones de cariño y afecto, de agresividad o nerviosismo, cómo expresan el miedo o preocupación, entre otras), cómo gestionan sus conflictos, así como el estado de ánimo reinante en la actualidad (estrés, serenidad, resentimiento, ambición, etc.).

– una racionalidad o cabeza, que tiene que ver con las narrativas y explicaciones que se dan de lo que ocurre, con una declaración de valores, con un discurso que solo habla del pasado o del futuro, donde se escucha un sistema que se siente víctima de lo que ocurre o que cree que puede cambiar las cosas, además de poder observar cómo hablan entre ellos (se escuchan atentamente, se interrumpen, se preguntan, son concretos, basan sus juicios en hechos, etc.).

– un entorno o contexto, donde al formar parte de una red de relaciones, un macro-sistema o una cadena de valor, el sistema tendrá proveedores de servicios e información, así como clientes internos o externos (particulares y/o otros sistemas), donde se podrían analizar el tipo de relaciones y vínculos que mantienen (pudiendo haber complicidad, amistad, tensión o rivalidad) con otros sistemas.

Todas estas dimensiones (corporal, emocional, racional y social) le dan una identidad o “forma de ser” a un equipo o sistema, que le hace ser único y diferente a los demás.

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