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El sector > 09/10/2025

El líder está en crisis (y eso es una gran noticia)

Elena Orden y Natalia Granda responsables de Merco Talento España

Ser líder hoy va mucho más allá de asumir un nuevo cargo. Implica enfrentarse a la complejidad con cabeza —como siempre—, con corazón —como necesitamos ahora— y con datos —como siempre debería haberse hecho—. Porque liderar, hoy,es una cuestión tanto de estrategia como de humanidad.

El mundo ha cambiado. Ya no somos los mismos. Las personas han cambiado. Y con ellas, sus expectativas sobre el trabajo y el liderazgo. Ese cambio profundo, cultural y generacional exige una nueva forma de liderar: más humana, más conectada, más real. Y no lo decimos sólo nosotros. Lo dice la última consulta a más de 53.000 personas realizada por Merco Talento. Antes de sumergirnos en tendencias, cifras y verdades incómodas, aquí van cinco preguntas que —con suerte— te harán reflexionar (o, al menos, levantar una ceja):


• ¿Evitas hablar de emociones, estrés o salud mental con tu equipo porque “eso no se trata en el trabajo”?
• ¿Te incomoda cuando alguien te pide flexibilidad sin dar demasiadas explicaciones?
• ¿Te molesta (aunque sea sólo un poco) que alguien más joven cuestione tu decisión… y tenga razón?
• ¿Te cuesta conectar con los más jóvenes de tu equipo porque “ya no sabes cómo hablarles sin parecer anticuado”?
• ¿Crees que el propósito está bien para los discursos del CEO, pero no pinta nada en tu reunión de los lunes?

Elena Orden

No hace falta tener un cargo con la palabra “manager” para sentirse aludido/a. Esta reflexión no va sólo de jefes, va de cómo nos relacionamos en el trabajo. Pero si lideras personas o formas parte de un equipo de talento, estas preguntas deberían incomodarte todavía un poco más. Porque quienes no escuchan, no observan y no se adaptan a las nuevas exigencias del talento que gestionan, no se hunden: se desconectan, se neutralizan y pierden influencia. Y eso, en un entorno donde el talento se mueve rápido y sin pedir permiso, puede salir muy caro.

 El mundo ha cambiado. Es necesaria una nueva forma de liderar: más humana, más conectada y más real

Ya no basta con ser jefe: el reto del liderazgo humano

Durante la mayor parte del siglo XX, el liderazgo empresarial se basaba en un modelo centrado en la eficiencia y la estandarización. El jefe era la figura máxima de autoridad, responsable de planificar, organizar, dirigir y controlar. Las decisiones eran unilaterales, el estilo era autoritario, y las emociones o los valores personales no tenían cabida. Pero todo ha cambiado: la globalización, la digitalización, la diversidad generacional, la pandemia, incluso, y la creciente demanda de propósito por parte de los trabajadores, hicieron que ese modelo resultase obsoleto. Hoy, las empresas más exitosas son aquellas que han comprendido que liderar no es mandar, es inspirar. Y esto no es nada fácil. El liderazgo actual exige ser capaz de motivar, incluir, escuchar y adaptarse. Ya no se trata de controlar tareas, sino de facilitar contextos donde las personas puedan desarrollarse y aportar valor desde su singularidad.

 

El nuevo liderazgo también se construye desde Recursos Humanos

La cultura empresarial también ha evolucionado: de estructuras cerradas a ecosistemas abiertos; de la obediencia al pensamiento crítico; de la competencia interna a la colaboración transversal. Esta transformación ha sido posible, en gran parte, gracias al papel catalizador que ha asumido el área de Recursos Humanos. Durante años, la función de Recursos Humanos estuvo limitada a tareas operativas como la gestión de nóminas, contratación o relaciones laborales. Sin embargo, desde hace tiempo, y cada vez más, su rol es mucho más estratégico, convirtiéndose en un actor clave en la construcción de culturas organizacionales sanas y en el desarrollo del liderazgo dentro de las empresas.

Recursos Humanos asume funciones clave como:

• Formación y desarrollo de líderes: diseñando programas de mentoring, coaching y aprendizaje continuo.
• Gestión del cambio: facilitando procesos de transformación cultural y adaptación al entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo (VUCA).
• Employer branding: atrayendo y fidelizando talento a través de una propuesta de valor centrada en el bienestar, la diversidad y la inclusión.
• People analytics: utilizando datos para tomar decisiones sobre liderazgo, desempeño y clima organizacional.

Gracias a esta evolución, Recursos Humanos no sólo forma líderes, sino que también es parte activa del liderazgo organizacional.

 

Diversidad creciente, liderazgo a la altura

Trabajamos en equipos donde conviven hasta cinco generaciones. Ninguna de ellas necesita ni espera lo mismo de la empresa. Y esto no es sólo una frase hecha: en la última edición de Merco Talento —basada en más de 53.000 encuestas en España— hemos comprobado que las prioridades del talento varían drásticamente según la etapa del ciclo vital en la que se encuentre cada profesional, además del género, edad o nivel jerárquico. Las últimas generaciones tienen expectativas laborales muy distintas a las de sus antecesores: valoran la autonomía, el aprendizaje continuo, el equilibrio entre vida personal y profesional, y un sentido de propósito en el trabajo. Según, como decimos, los últimos datos, los hombres valoran más el desarrollo profesional, la retribución y el reconocimiento. Las mujeres priorizan la igualdad, la calidad de vida y la sensibilidad social y medioambiental. Los menores de 30 años destacan la motivación; quienes superan los 50 buscan estabilidad. El propósito también importa: en las empresas del top 10 de Merco Talento, el 87,3 % de sus empleados afirma que está bien definido y más del 55 % dice que se refleja en su día a día. Aunque cada generación o cada persona necesite cosas diferentes, hay algo seguro para todas ellas: el liderazgo ya no se mide por la autoridad
que les impone, sino por la confianza que les inspira. Es un liderazgo más cercano, más empático y, sobre todo, más humano.
¿Y cómo se gestionan todas estas necesidades tan distintas? Empatía, sí. Pero también escucha activa, comunicación clara, capacidad para reconocer los logros y sensibilidad para motivar sin presionar. Soft skills que, aunque muchos las sigan llamando “blandas”, son en realidad las que moldean el tipo de cultura que se respira en una empresa Y los datos lo confirman: según McKinsey, los equipos liderados con empatía muestran un 76 % más de compromiso, un 50 % más de productividad y niveles significativamente menores de burnout. No porque sus líderes sean “buena onda”, sino porque entienden las necesidades reales de su gente, adaptan su estilo y comunican con claridad y cercanía.

 

El impacto de la pandemia y el auge del liderazgo resiliente

Otro factor que marcó un antes y un después en la historia del liderazgo empresarial, y que no podemos dejar de mencionar, es la crisis del covid-19. De un día para otro, millones de personas se vieron obligadas a trabajar desde casa, y las empresas tuvieron que adaptarse a modelos de trabajo remoto, híbrido o flexible. En este escenario, los líderes se enfrentaron al desafío de sostener la motivación, la conexión emocional y la productividad a distancia. La empatía, la flexibilidad y la comunicación se convirtieron en herramientas esenciales.

 La labor del líder hoy en día debe ser la de facilitar contextos donde las personas pueden desarrollarse y aportar valor desde su singularidad

La pandemia aceleró la transición hacia estilos de liderazgo más humanos y resilientes, capaces de gestionar la incertidumbre sin perder de vista el bienestar de las personas. Esta humanización del liderazgo, lejos de restar autoridad, reforzó el vínculo de confianza con sus equipos. El liderazgo pospandemia es más horizontal, más conectado y más consciente.

 

Liderar con empatía e inclusión: las competencias que definen el siglo XXI

Así, la inteligencia emocional, la escucha activa, la gestión de la diversidad, el liderazgo remoto y la mentalidad de crecimiento son ahora competencias esenciales. Los líderes de hoy no sólo deben tener visión estratégica, sino también habilidades interpersonales y una fuerte capacidad de adaptación. Uno de los grandes cambios es el paso del líder carismático al servidor. Esta figura, lejos de acaparar protagonismo, busca empoderar a sus equipos, fomentar la confianza mutua y eliminar obstáculos para el desarrollo de sus colaboradores. Es un liderazgo al servicio de los demás, que encuentra su fuerza en la humildad y el respeto. Además, el liderazgo inclusivo ha cobrado fuerza como una competencia fundamental. Las empresas se han dado cuenta de que la diversidad no solo es un imperativo ético, sino también una ventaja competitiva. En este contexto, los líderes deben ser capaces de gestionar equipos multiculturales, multigeneracionales y con diversas orientaciones e identidades, fomentando un ambiente donde todos se sientan valorados y escuchados. 

 

Natalia Granda

Los retos pendientes del liderazgo empresarial

A pesar de los avances, aún existen desafíos importantes. Muchos líderes siguen atrapados en esquemas antiguos de control y desconfianza. Algunas culturas organizacionales siguen promoviendo el micro-management, el estrés crónico y la resistencia al cambio. Además, la digitalización y la IA están transformando el mundo laboral a gran velocidad. Los líderes del futuro deberán gestionar no solo equipos humanos, sino también la interacción con tecnologías emergentes, enfrentando dilemas éticos y decisiones complejas.
La formación en liderazgo no puede ser esporádica ni reactiva. Debe formar parte de una estrategia integral de desarrollo organizacional, basada en la coherencia, la ejemplaridad y el compromiso genuino con las personas.

 

Liderar es transformar

El liderazgo en las empresas ha dejado de ser una cuestión de jerarquía para convertirse en una capacidad relacional y ética. Hoy, liderar es crear contextos de sentido, cuidar de las personas, impulsar la innovación y construir culturas donde el talento pueda florecer. La evolución del liderazgo es también una evolución de la conciencia empresarial. Ya no se trata solo de obtener resultados, sino de cómo se logran esos resultados. Las organizaciones que entienden esto no solo serán más competitivas, sino también más humanas, más resilientes y más sostenibles. El reto de Recursos Humanos, y de todos los que lideran, es construir ese futuro. Porque en última instancia, liderar no es mandar: es transformar. Por eso, cuando decimos que el líder está en crisis, no lo decimos como una sentencia. Lo decimos como una invitación. Porque en esa crisis está emergiendo una nueva forma de liderar: más humana, más empática, más real. Y no, no se trata de improvisar con una charla inspiracional o un curso exprés. Se trata de mirar y escuchar a las personas como lo que son: diversas, complejas, valiosas… y esenciales.

 

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