Lo estamos viendo diariamente: vídeos de jóvenes en TikTok o Instagram explicando por qué renunciaron a un trabajo. Sin miedo. Sin culpa. A veces con una sonrisa, incluso con una fiesta. Y no, esto ya no es noticia. Lo importante para nosotros no es que lo cuenten, pues vivimos en un momento de exposición emocional constante y debemos contar con ello. El foco lo tenemos que poner en lo que cuentan, es decir, por qué nos dejan. “No es tu empresa, soy yo”, “no tenemos match” “no soy feliz contigo”. ¿Os suena? Pero… ¿qué hay detrás?
Lo que estamos presenciando, y lo dicen tanto las redes como los datos que publicamos anualmente tras una consulta a más de 45.000 empleados y universitarios, es un cambio profundo en las motivaciones del talento. Especialmente entre las generaciones más jóvenes, que no están dispuestas a quedarse donde no se sienten bien, por muy competitivo que sea el salario.
Mientras que los profesionales menores de 30 años dejan un empleo si no encuentran en él un buen ambiente de trabajo, desarrollo profesional o reconocimiento, los mayores de 31 lo hacen si no obtienen calidad de vida. A partir de los 50 años, lo que más se busca en un empleo es el carácter atractivo del sector en el que se trabaja y el liderazgo de la empresa en cuestión y su reputación.
Cuando cada día es más difícil encontrar buenos perfiles, no podemos resignarnos y esperar a que llegue ese momento en el que se planten enfrente de nosotros y nos digan, en cualquiera de las múltiples versiones que existen, que se “piran”.
Y este no es solo un fenómeno viral. Es una tendencia que afecta directamente a las estrategias de atracción y fidelización de talento en todas las empresas.
Lejos de ser impulsivas, muchas de estas renuncias responden a motivos que deberían hacernos reflexionar: ausencia de sentido, falta de conciliación, liderazgos poco empáticos, culturas tóxicas o la ausencia de oportunidades reales de crecimiento y aprendizaje.
Mientras las redes sociales se llenan de vídeos con hashtags como #iquitmyjob, #toxiclabor o #mentalhealthmatters, los datos también hablan.
En la última edición de Merco Talento Universitario 2024/25, los jóvenes destacan la conciliación, el buen ambiente laboral y el desarrollo profesional como factores prioritarios al elegir una empresa. En muchos casos, incluso por encima del salario.
Sí, el sueldo sigue importando. De hecho, los jóvenes declaran que su expectativa para el primer empleo ronda los 1.700 euros mensuales. Pero ese número no va solo: viene acompañado de una demanda clara de coherencia y equilibrio.
No basta con ofrecer una cifra competitiva; esperan que esa oferta venga respaldada por una cultura laboral que lo haga sostenible. Y es ahí donde aparece, entre otros factores, un nuevo enfoque sobre la conciliación, que va mucho más allá del horario.
Para esta nueva generación a la que muchos queremos atraer, conciliar no es salir antes un viernes o tener flexibilidad en la hora de entrada. Es bienestar en un sentido más amplio del que nunca habíamos concebido hasta ahora. Es salud mental. Es respeto por su tiempo fuera del trabajo. Es poder desconectar sin culpa. Es empatía y comprensión. Es que la cultura lo permita y que el liderazgo lo respalde.
Una nómina atractiva puede abrir puertas, pero no garantiza permanencia si el entorno no acompaña. Y es ahí donde entra en juego el valor del dato.
Comprender al talento implica también reconocer su diversidad. No es lo mismo atraer a un joven ingeniero que a un perfil digital senior. Ni construir una propuesta de valor para el sector financiero que para el energético o industrial.
Por eso, contar con datos segmentados, por sector, perfil, nivel de estudios o etapa profesional, ya no es un lujo. Es una necesidad estratégica. Solo así es posible diseñar experiencias laborales que resuenen de verdad en quienes queremos atraer (y fidelizar).
Las redes sociales están llenas de señales, pero sólo con datos objetivos, comparables y, como te permiten monitores como Merco Talento, evaluables puedes convertir esas señales en decisiones.
Cuando acabe el día en el que estás leyendo este artículo, entre 2.000 y 2.700 trabajadores habrán dejado su trabajo de forma voluntaria en España (estimación diaria basada en datos de la Seguridad Social y el INE).
La pregunta es: ¿están las empresas dispuestas a asumir el riesgo de no escuchar… o prefieren anticiparse con inteligencia?.
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