Afortunadamente para mí, ha sido muy diversa y me ha permitido conocer el sector desde todas sus perspectivas. Soy Economista y Actuario de Seguros, y empecé a trabajar, en el siglo pasado, en Madrid como actuario junior en el Dpto. Técnico de Mapfre Vida. Al cabo de algo más de dos años, pasé a ser Responsable Técnico del Dpto. de Vida Individual de Swiss Life (hoy Vida Caixa). Hasta ese momento, solo veía la empresa por dentro, así que, al cabo de unos 4 años, me trasladé a Sevilla como Responsable Técnico-Comercial en Andalucía, Extremadura y Canarias de Vitalicio (hoy Generali), donde ya empecé a conocer el mundo de los clientes, tanto particulares como empresas.
Mi gran salto fue, al cabo de cinco años, a Commercial Union (hoy Aviva), como Directora Regional de Andalucía. Tres años después, me uní a Mercer como Directora de Andalucía y Extremadura, y empecé a conocer y a entusiasmarme por el mundo de los RRHH. Allí estuve 20 años, hasta que me incorporé en la misma posición a mi actual empresa, Aon.
Destacaría más que un logro específico: diría que es una cuestión de actitud.
Por un lado, he desarrollado y aplicado mi psicología femenina para comprender profundamente las necesidades y deseos de mis clientes. Gracias a esta habilidad, he podido establecer relaciones sólidas y de confianza con personas con perfiles muy diferentes: graduados en prestigiosas universidades americanas, personas con una formación básica, representantes sindicales….
Mi enfoque se ha centrado siempre en escuchar activamente y empatizar con sus preocupaciones, lo que me ha permitido ofrecerles soluciones personalizadas y efectivas. Mi dedicación y conocimiento han sido fundamentales para ganarme su confianza y fidelidad.
Y, por otro, nunca me he olvidado de que la empresa me ha contratado para aportarle valor, por lo que siempre he estado alineada con los objetivos de cada una de ellas, intentando contribuir de la mejor forma posible con sus resultados.
Ha influido y mucho, tanto en positivo como en negativo. Creo que las mujeres, como decía antes, por genética, tenemos una intuición especial que nos hace leer al cliente muy bien, y, por educación, una capacidad de esfuerzo muy elevada.
Mi mayor reto, indudablemente, ha sido compaginar mi vida laboral con la personal. Divorciada, con un hijo y sin apoyo familiar en mi ciudad, en una época en la que la palabra conciliación no existía, no había suficientes medios tecnológicos y menos videollamadas. Todo era presencial, y no se había oído hablar de flexibilidad ni de teletrabajo. Fue una época de mi vida muy complicada, donde, a pesar del esfuerzo, siempre pensaba que no estaba donde tenía que estar.
Ahora veo a mis colegas femeninas y pienso “¡Qué envidia!”, pero también a mis colegas masculinos. ¿En mi época alguien podía decir no me convoques a reunión antes de las 9:30h que tengo que llevar a mi hijo al colegio? La respuesta es no. A un hombre ni se le pasaba por la imaginación, y cuando lo hacía una mujer, sabía que estaba condenando su trayectoria profesional. Ahora la conciliación hace la vida mucho más fácil a todas las personas.
Curiosamente, el área de RRHH es una de las que cuenta con más mujeres directivas, el 52%, y está en continuo crecimiento. Entre mis clientes, tengo innumerables primeras espadas y en mi empresa y competidores numerosas consultoras y directivas de éxito. Pienso que, en la mayoría de los casos, se combina la preocupación por las personas con las habilidades estratégicas enfocadas a negocio. Hemos recorrido un largo camino, que aún no ha finalizado.
Creo que fundamentalmente es un estilo colaborativo. Quizás en algunos momentos peco de maternal, y, en otros, de excesivamente exigente, pero, en general procuro ser justa.
Para mí, es muy importante fomentar la colaboración y la comunicación abierta y responsable en el equipo y servir de inspiración para el crecimiento y desarrollo de los demás.
Todo empieza en la gestión de la contratación, intentado eliminar los prejuicios que sí existían en la década de los 80 cuando empecé mi trayectoria profesional. Y después, la responsabilidad del líder siempre pasa por dar visibilidad a los mejores, y por empujar a quienes lo necesitan, a veces con labores de mentoring y otras de coaching, pero siempre intentando escuchar los distintos puntos de vista.
Bajo mi punto de vista, los equipos multidisciplinares y diversos son los que más aportan en una organización. El potencial que da al equipo la combinación entre la fuerza y empuje de un junior y el conocimiento y experiencia de un talento sénior no tiene comparación. La sensibilidad femenina unida a la pragmática masculina puede dar lugar a una decisión más rápida y efectiva, pero mucho mejor comunicada y empática. Las visiones de diversas procedencias o distintas capacidades enriquecen siempre mucho la discusión, lo que da lugar a mejores resultados.
Aon lidera muchas iniciativas en este sentido, pero la forma más palpable que puedo transmitir fue en el momento de mi incorporación. En el Aon Onboard, había un equilibrio entre hombres y mujeres, que se rompía a nuestro favor por dos motivos: se incorporaba una chica embarazada de 5 meses y otra de 59 años. ¿Qué empresa apuesta por contratar a una persona que en poco tiempo va a tener una baja de varios meses o por el talento sénior en mujeres? Para mí, fue un motivo de orgullo de marca.
Que pongan pasión, ilusión, compromiso y espíritu crítico a partes iguales. Que no se pongan topes ni fronteras, y que estén siempre alineadas con los objetivos de su empresa, pero con espíritu crítico que ayude a mejorar.
He tenido muchos referentes a lo largo de mi vida profesional y he aprendido y sigo aprendiendo todos los días de ellos y ellas. De cada líder y de cada colaborador, he aprendido algo positivo.
Pero como hecho anecdótico, cuando tenía menos de 30 años y empezaba a tener responsabilidad en mi trabajo, coincidí en el ascensor de mi empresa con una señora ya de cierta edad, directora de otra de las empresas del edificio, que se dirigió a su colega de manera autoritaria y, con un tono de voz, que a mí se me pareció muy masculino.
La escena se me quedó grabada, y, ese día, me prometí a mí misma que me iba a seguir esforzando en desarrollarme en mi trabajo, pero manteniendo siempre mi esencia femenina. Creo que lo he conseguido. Las mujeres podemos liderar siendo nosotras mismas, no nos hace falta imitar otros patrones.
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