'Hombre o mujer, qué más da': la historia de Rosa, la carretillera que abrió camino en Ruavieja

Rosa María Cajaraville, Carretillera del Centro de Producción de Ruavieja, en Padrón (Galicia)

Rosa forma parte del centro de producción que el Grupo Francés Pernod Ricard tiene en Galicia, el segundo en nuestro país en cuanto a volumen. Líder nacional de la distribución en espirituosos, Pernod Ricard España cuenta con un firme compromiso en materia de diversidad e inclusión que trabaja de forma transversal junto con los más de 18.500 empleados que forman esta compañía: crear una cultura inclusiva que refleje la riqueza de la sociedad, los mercados y las comunidades de las que Pernod Ricard forma parte. En España, este compromiso lo impulsa junto con Recursos Humanos, el Comité de Cultura Inclusiva de la compañía, un comité formado por empleados voluntarios que trabajan acciones de impacto y esponsorizado por el Comité de Dirección de Pernod Ricard España

Cuéntanos tus inicios. Para quién no te conozca leyendo estas líneas ¿Quién es Rosa en Pernod Ricard España? ¿Y fuera de la compañía?

Rosa es una persona normal y corriente. Nací en Galicia donde he vivido toda mi vida, soy madre de dos hijos y llevo 28 años trabajando en Pernod Ricard España, siempre en el Centro de Producción de Ruavieja, en Padrón.

Entré en Pernod Ricard España en 1988, llevo aquí desde los inicios de todo esto. Cuando entré era la segunda empleada que tenía la fábrica, por aquel entonces de Ruavieja todavía no éramos parte de Pernod Ricard. Al principio solo estaba un empleado que elaboraba el aguardiente y lo envasaba, y después entré yo para dar soporte, sobre todo para temas de limpieza, entre otros.

En esa época, todo era totalmente artesanal y manual. No había ni carretillas, ni línea de producción, ni nada de lo que tenemos hoy. Poníamos las etiquetas de las botellas a mano, con pegamento, las cajas las cargábamos manualmente en el camión y las botellas las llenábamos con un grifo de los de antes. Todo ha cambiado mucho

Ahora, a punto de jubilarme, cierro esta etapa de mi vida echando la vista atrás y viendo todo lo que hemos cambiado, avanzado y conseguido.

 

¿Qué te impulsó a ser carretillera hace 30 años? ¿Tuviste algún referente o ejemplo a seguir?

Como suele pasar la mayoría de las veces en la vida, sin buscarlo, las cosas se dan por las circunstancias del momento. Después de los primeros años en la fábrica, me fui una temporada a trabajar al Ayuntamiento de Santiago y al Consorcio, y tiempo después de volver, un compañero no podía cargar bien, por lo que me saqué el carné de carretillera y aprendí a cargar para poder sustituirle momentáneamente. Con el paso del tiempo, me quedé en este puesto. Daba igual que fuese mujer o no, era una necesidad que había en ese momento y aprendí para poder dar apoyo al equipo.

 

Has desarrollado tu carrera durante tres décadas en un entorno industrial tradicionalmente masculinizado. ¿Qué apoyos internos o externos te han ayudado a avanzar profesionalmente?

Para mí nunca ha sido algo raro ser carretillera. Es cierto que no hay muchas, pero en nuestro caso no es extraño que cada uno tengamos una función y que esta sea mi labor.

En Galicia y en mi pueblo, las mujeres hemos estado presentes desde hace muchos años en el entorno industrial, sobre todo en las conserveras donde hay mayoritariamente mujeres, por lo que para mí nunca ha sido raro trabajar en una fábrica ni en este puesto.

Aquí no soy una mujer en una carretilla, soy Rosa en mi puesto de trabajo, y así es como tendríamos que verlo siempre, independientemente del género.

 

En el marco del Día Internacional de la Mujer, ¿qué compromiso personal te gustaría destacar para seguir impulsando la igualdad y abriendo camino a las nuevas generaciones?


Rescataría el mismo mensaje que lancé hace unos años en una campaña interna en la que participé con motivo del Día de la Mujer. La campaña de comunicación se llamaba #IgualesyÚnicas y otras compañeras y yo hablamos del por qué creíamos que las mujeres somos iguales y únicas. Me preguntaron por una frase que representase lo que pienso de la igualdad y sigo pensando lo mismo: “Hombre o mujer, qué más da. Mientras mientras nos planteemos la diferencia, el problema seguirá existiendo”.

Mi trayectoria viene a enseñar y decir que todo es posible, que un trabajo no es de hombres o mujeres, es de querer, de esfuerzo y de compromiso. Teniendo eso se puede conseguir lo que uno quiera.

 

La diversidad no solo es cuestión de género. ¿Cómo percibes que la empresa está integrando otras dimensiones de la diversidad (edad, origen, estilos de trabajo, capacidades…) en su cultura?

Siento un gran avance desde hace unos años. Ahora se habla mucho más internamente de Diversidad y de Inclusión dentro de las compañías y, en nuestro caso, los empleados también tienen un rol muy importante y trabajan día a día en ello. Desde que se creó el Comité de Cultura Inclusiva, con empleados voluntarios que trabajan internamente acciones por la diversidad y la inclusión – en temas de género, edad, origen socioeconómico, LGTBIQIA+ y discapacidad -, hay más proyectos, campañas y eventos internos sobre este tema.

En concreto, hay un día que es el que más vivimos esta cultura de inclusión, el Inclusive Day; es un día en el que todos los empleados de Pernod Ricard España paramos nuestra actividad por reunirnos en torno a alguno de estos temas (edad, origen, género, etc.) y en las plantas de producción también paramos. Durante este día se organizan charlas inspiradoras, los voluntarios de los proyectos que se están llevando a cabo presentan las diferentes iniciativas… Es un día diferente, en el que paramos para recordar la importancia de la diversidad y la inclusión, aunque se trabaja en ello durante todo el año

 

¿Qué papel crees que juega la formación —tanto técnica como en sensibilización— para construir una cultura realmente inclusiva?

Para mí la formación y la educación es la base de todo. La igualdad tiene que venir desde los inicios, desde casa, desde el colegio. Y no solo la igualdad, el ser cívicos y vivir en sociedad.

Más allá de esto, cualquier formación útil y necesaria porque todos tenemos sesgos inconscientes que necesitan ser replanteados. Por ejemplo, en la compañía, hace unos años nos formaron a todos los empleados en diversidad, era una formación obligatoria para toda la plantilla donde se hablaba de sesgos que tenemos en nuestro día a día y cómo con pequeñas acciones podemos cambiar las cosas desde nuestro puesto de trabajo. Al final es cosa de todos.

 

¿Cómo valoras la implicación de la dirección y de los equipos en las iniciativas de diversidad? ¿Notas un cambio generacional o de mentalidad?

Nuestro comité de Cultura Inclusiva está respaldado por el Comité de Dirección y cada miembro del Comité de Dirección es el sponsor o patrón de cada una de las áreas que se trabajan (edad, origen, género, LGTBIQIA+ y discapacidad). Su apoyo es fundamental, no solo para que se tengan los recursos necesarios para llevar a cabo las diferentes iniciativas, sino para impulsarlas y elevarlas y que todo el mundo entienda de su importancia.  Por ejemplo, el Director de nuestra otra planta de producción, ubicada en Las Labores (Ciudad Real) también ha formado parte de este comité, llevando estos temas y la apertura a hablar de ellos también a las fábricas

Como siempre digo, ojalá algún día no tengamos que tener Comités de Cultura Inclusiva, habremos avanzado como sociedad, pero mientras se produce este cambio, todo lo que podamos hacer será más que bienvenido.

 

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