Veolia promueve la inclusión laboral a través de su programa de FP Dual

Pilar Barón responsable del proyecto y Delegada de Lecam de Veolia en España

La cultura corporativa de Veolia se fundamenta en valores como el respeto y la solidaridad, pilares esenciales que permiten a cada profesional desarrollar su talento para así contribuir a la ambición del Grupo de convertirse en líder de la transformación ecológica. La compañía garantiza la igualdad de oportunidades y la no discriminación, valorando la diversidad como un activo estratégico fundamental dentro de los equipos.

El compromiso de Veolia es construir un lugar de trabajo donde cada colaborador se sienta valorado, escuchado y respetado, respaldado por modelos de gestión transparentes, equitativos y coherentes con los valores que definen a la compañía.

Pilar Barón, delegada de Lecam de Veolia en España  dirige las operaciones en Madrid y Castilla La Mancha en las áreas de energía, residuos y agua industrial, desde donde acompaña a los clientes en una gestión óptima de sus instalaciones, priorizando la sostenibilidad y el ahorro económico. Gestiona un equipo de más de 370 personas distribuidas en distintos proyectos, entre los que se incluyen el mantenimiento de grandes infraestructuras con múltiples sedes, servicios energéticos y diferentes proyectos para el sector terciario e industrial, además de la Administración Pública.

 

Tras tres años de trayectoria, ¿Qué balance haces del impacto que está teniendo en la empleabilidad y en la creación de oportunidades reales para perfiles con dificultades de acceso al mercado laboral?

El balance es muy positivo. Estos años de trayectoria demuestran que este modelo funciona y que una formación bien diseñada y conectada con las necesidades reales del sector, abre las puertas del mercado laboral. Además de los resultados, lo que realmente nos enorgullece es el impacto humano. Hemos visto cómo personas que partían de situaciones muy complejas, algunas con importantes barreras de acceso al empleo, han encontrado aquí una oportunidad real para construir una carrera profesional estable. Eso es lo que le da sentido a este proyecto y lo que nos motiva a seguir impulsando este tipo de iniciativas.

 

Háblanos de la iniciativa de FP Dual que cumple ya 3 años. Uno de los rasgos diferenciales del programa es la combinación de formación y empleo desde el primer día. ¿Por qué es tan importante este modelo para sectores técnicos como energía, agua o residuos?

La FP Dual lleva ya tres años siendo una apuesta clara de Veolia, y,  la verdad, es que los resultados nos dan la razón. Lo que hace diferente a este programa es algo muy sencillo: los alumnos aprenden trabajando desde el primer día. No vienen a hacer prácticas puntuales, sino que firman un contrato en alternancia y se incorporan como trabajadores reales a nuestros equipos.

Esto es especialmente importante en sectores como el nuestro. En las actividades del agua, la energía o los residuos no basta con aprender la teoría en un aula, porque la realidad de las operaciones es muy específica y cambia constantemente. Necesitamos personas que sepan manejarse en el día a día de una planta o una instalación, que conozcan los equipos, los procesos, los imprevistos. Y eso solo se aprende estando ahí.

Para nosotros es también una forma de asegurarnos de que el talento que incorporamos está formado exactamente como necesitamos. Y no solo técnicamente, sino también en los valores y la cultura de Veolia, una empresa líder en descarbonización, economía circular y gestión optimizada de los recursos. Para los alumnos, además, es una oportunidad de entrar al mercado laboral con experiencia real.

 

El alumnado es muy diverso: jóvenes sin estudios previos, personas en reinserción profesional y perfiles mayores de 45 años. ¿Qué aporta esta diversidad a la dinámica del programa y a los equipos de Veolia?

Uno de los grandes valores de este programa de FP Dual de la Escuela Veolia es precisamente la diversidad de las personas que participan. Tenemos jóvenes de entre 18 y 30 años que llegan con mucha energía y ganas de aprender, personas mayores de 45 años que están reorientando su carrera y que traen consigo una experiencia de vida muy valiosa y, también, personas de colectivos vulnerables que encuentran en este programa una oportunidad real de incorporarse al mercado laboral.

Lo que ocurre cuando mezclas todos esos perfiles es mucho más valioso que si los formaras por separado. Los más jóvenes aprenden de la madurez y el recorrido de los más senior, y estos últimos, se contagian de la energía y la frescura de los primeros. Cada uno afronta los retos técnicos del sector desde su propia experiencia y eso enriquece muchísimo tanto el aprendizaje como el trabajo en equipo.

Para Veolia, además, es una forma concreta de demostrar que la diversidad no es solo un valor declarado, sino algo que vivimos dentro de nuestros propios equipos cada día y que tiene un retorno real, no solo social sino también en la calidad y riqueza de las personas que los forman.

Formación y empleo desde el primer día para generar oportunidades reales en sectores técnicos 

Como directora de Delegación de Lecam de Veolia en España, diriges operaciones en áreas vitales para la transformación ecológica. ¿Cómo encaja la FP Dual en la estrategia de la compañía para asegurar talento cualificado en estos ámbitos?

La FP Dual no es para nosotros una iniciativa aislada, es parte de cómo entendemos el futuro de la compañía. En Veolia operamos en ámbitos que son críticos para la transformación ecológica: el agua, la energía y los residuos. Y para hacer bien ese trabajo necesitamos personas muy bien formadas, con conocimiento técnico real y actualizado.

El problema es que ese perfil no abunda en el mercado. Por eso, apostamos por formar a los alumnos y alumnas nosotros mismos. La FP Dual nos permite construir esa cantera de talento que el sector necesita, con profesionales que conocen nuestros procesos desde dentro, que han vivido los retos del día a día y que cuando se incorporan definitivamente al equipo ya parten de una base.

Para mí, eso tiene un valor enorme. No solo en términos de eficiencia, sino porque estas personas llegan con un compromiso y un conocimiento del negocio que es muy difícil de conseguir de otra manera.

 

Muchos participantes llegan sin experiencia técnica. ¿Qué habilidades o actitudes valoráis más a la hora de integrarlos en proyectos reales desde el primer día?

Cuando alguien llega sin experiencia técnica, lo primero que miramos no es lo que sabe, sino cómo es. La técnica se aprende, y de hecho, para eso está el programa. Pero hay cosas que son mucho más difíciles de enseñar: las ganas de aprender, la curiosidad, el querer entender por qué las cosas funcionan como funcionan, saber trabajar con otros y tener el compromiso de hacer las cosas bien.

Con esa actitud y con el acompañamiento de los profesionales que ya están en los equipos, cualquier persona motivada puede aportar valor desde el primer día. Y eso lo hemos visto una y otra vez a lo largo de estos tres años. Hay alumnos que llegan sin saber prácticamente nada del sector y en pocos meses, se convierten en una pieza importante del equipo. Eso no tiene precio.

 

El sector industrial y ambiental vive una fuerte demanda de perfiles técnicos. ¿Qué brechas formativas detectáis y cómo las aborda la Escuela Veolia?

El talento técnico es uno de los grandes retos del sector en este momento. Se necesitan perfiles técnicos que no existen en cantidad suficiente en el mercado. Y no es solo una cuestión de conocimientos, sino de contexto. Encontrar profesionales preparados para gestionar infraestructuras cada vez más complejas, en un entorno de transición energética y digitalización acelerada, no es sencillo. Es un perfil que combina conocimientos técnicos con una visión más amplia del sector. La Escuela Veolia nació, en parte, para dar respuesta a eso. No esperamos a que el mercado nos dé lo que necesitamos, lo construimos nosotros, con un modelo que combina conocimiento técnico y experiencia real desde el primer día en nuestras instalaciones. Y lo hacemos formando personas que no solo aprenden a operar, sino que entienden el impacto que tiene lo que hacen. Esa consciencia sobre el por qué es algo que para nosotros es tan importante como el cómo.

 

El 30% del alumnado supera los 45 años. ¿Qué retos y oportunidades presenta trabajar con personas que buscan reorientar su carrera en una etapa más avanzada?

A lo largo de las ediciones hemos encontrado más oportunidades que retos. Una persona que llega a este programa con más de 45 años suele tener muy claro por qué está aquí y qué quiere conseguir. Eso se nota: son perfiles muy enfocados y con una motivación real por reincorporarse al mercado laboral. Además, traen consigo algo muy valioso; años de experiencia en otros sectores, habilidades que no se aprenden en un aula y una madurez profesional que enriquece enormemente a los equipos.

En Veolia creemos que la diversidad generacional hace mejores a las organizaciones, y ver de cerca las ganas de superación de estas personas, su determinación por reorientar su carrera y empezar de nuevo, es algo que nos recuerda por qué merece la pena apostar por este programa.

 

La FP Dual también contribuye a la igualdad de oportunidades. ¿Cómo está evolucionando la presencia de mujeres en estas formaciones y qué barreras siguen existiendo?

La presencia de mujeres en estas formaciones está creciendo y es una tendencia que nos alegra ver edición tras edición. El sector técnico e industrial ha sido históricamente muy masculino, y cambiar esa realidad lleva tiempo, pero se está moviendo.

En Veolia creemos que los equipos diversos toman mejores decisiones y afrontan mejor los retos. No es una cuestión ideológica, es algo que vemos en el día a día. Por eso trabajamos para que estas oportunidades lleguen a todo el mundo por igual.

La principal barrera que seguimos encontrando es la percepción. Muchas mujeres no se plantean estos entornos como una opción, simplemente porque no se ven representadas en ellos. Y ahí es donde la visibilidad juega un papel clave: cuando una mujer ve a otra como ella desarrollándose en este sector, la decisión de dar el paso se vuelve mucho más natural. Cada incorporación abre una puerta para la siguiente.

 

Clausura del programa FP Dual

 

Veolia apuesta por una transformación ecológica que requiere nuevas competencias. ¿Cómo se prepara al alumnado para afrontar los desafíos tecnológicos y ambientales que vienen?

El sector está cambiando a una velocidad que hace unos años era difícil de imaginar. La digitalización de las infraestructuras, la eficiencia energética, las energías renovables, los nuevos modelos de gestión del agua y los residuos... todo eso está transformando lo que significa ser un buen profesional técnico hoy.

Por eso, la formación que ofrecemos no se queda en enseñar a operar una instalación. Eso es necesario, pero no suficiente. Lo que intentamos es que el alumno salga entendiendo el contexto en el que trabaja: por qué hacemos las cosas de una determinada manera, qué impacto tiene su trabajo en el entorno, hacia dónde va el sector.

La transformación ecológica no es una tendencia que viene, es la realidad en la que ya operamos. Y necesitamos personas que no solo sepan adaptarse a ese cambio, sino que se sientan parte de él.

 

Más allá de la formación técnica, ¿qué valores o cultura corporativa intentáis transmitir a quienes se incorporan a través de la Escuela Veolia?

La parte técnica es importante, pero no es lo único que queremos transmitir. Cuando alguien entra en la Escuela Veolia, entra también en una forma de entender el trabajo.

Gestionamos recursos esenciales: el agua que llega a los hogares y a nuestros ríos, la energía que mueve las ciudades, los residuos que hay que tratar de forma responsable, instalaciones e infraestructuras que todos utilizamos. Eso no es menor, y queremos que cada persona que pasa por este programa lo sienta así. Que entienda que su trabajo tiene un impacto real en las personas y en el entorno, y que eso exige compromiso, rigor y una actitud orientada a hacerlo cada vez mejor.

La seguridad, el cuidado del medioambiente, la responsabilidad con el servicio que prestamos o el trabajo en equipo son valores que no se explican en un aula, se interiorizan viviéndolos en el día a día. Y eso es precisamente lo que ofrece este modelo.

Al final, lo que queremos es que cuando alguien termine el programa no solo sepa hacer su trabajo, sino que tenga claro por qué merece la pena hacerlo bien.

 

¿Qué historias personales o casos de éxito te han marcado especialmente en estas tres ediciones del programa?

Más que un caso concreto, lo que me llevo de estas tres ediciones son las transformaciones. No solo profesionales, sino personales. Eso es lo que realmente te impacta.

Hay dos perfiles que me resultan especialmente significativos. Los jóvenes que llegan de situaciones complicadas, para quienes este programa no es una formación más sino, en muchos casos, la primera oportunidad real que tienen. Verles ganar confianza, verse capaces de hacer cosas que nunca habían imaginado... eso te recuerda para qué sirve este programa.

Y luego están las personas mayores de 45 años que llegan con muchas dudas y un punto de vulnerabilidad, preguntándose si son capaces de empezar de nuevo. Verles terminar el programa con otra cara, con ganas, sintiéndose útiles y valorados... eso es lo que hace que todo el esfuerzo tenga sentido.

Al final, lo que me llevo de estos tres años es la certeza de que esto cambia vidas reales. Y cuando tienes eso claro, no necesitas más motivación para seguir apostando por ello.

 

Si miras al futuro, ¿cómo te gustaría que evolucionara la Escuela Veolia en los próximos años? ¿Qué nuevas líneas de formación o colectivos te gustaría incorporar?

Me gustaría que la Escuela Veolia siguiera creciendo, pero sin perder lo que la hace especial,  ese vínculo entre formación y realidad, entre el aula y la instalación, entre la teoría y el impacto real.

En los próximos años me gustaría avanzar en dos direcciones. Por un lado, llegar a más perfiles y colectivos, porque creo que todavía hay mucho recorrido para ampliar las oportunidades a personas que hoy no tienen fácil acceso al mercado laboral técnico. Por otro lado, reforzar la formación continua de nuestros propios equipos. En un sector que cambia tan rápido, aprender no puede ser algo puntual, tiene que ser una constante.

Y a largo plazo, me gustaría que la Escuela Veolia fuera reconocida no solo como una herramienta de captación de talento, sino como un proyecto con impacto social real. Que cuando alguien piense en una segunda oportunidad, en un nuevo comienzo o en una carrera técnica con futuro, piense en nosotros.

 

¿Qué te motiva personalmente a liderar un proyecto que combina formación, inclusión social y transformación ecológica?

Honestamente, es difícil no implicarte cuando ves el impacto real que tiene este proyecto en las personas. No hablo de resultados abstractos, hablo de ver a alguien que llegó con dudas, sin saber muy bien si era capaz, y verle meses después integrado en un equipo, creciendo, sintiéndose parte de algo. Eso te compromete de una manera que va más allá de lo profesional.

Pero además de eso, el contexto en el que lo hacemos le da un significado extra. Trabajamos en sectores que están en el centro de los grandes retos que tiene la sociedad: el agua, la energía, los residuos. Cada persona que formamos no solo mejora su situación personal, sino que contribuye a algo más grande, trabajan directamente en áreas relacionadas con la sostenibilidad del planeta.

Para mí la combinación de formación, inclusión y transformación ecológica no es la descripción de un programa, es lo que creo que deben hacer las empresas hoy. Y tener la oportunidad de liderarlo es, sinceramente, un privilegio.

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