Con la pandemia, los datos empeoraron: el estudio de Cigna COVID-19 Global Impact, perteneciente a su informe anual 360º Wellbeing Survey 2020, concluía que, en 2020, el porcentaje de empleados españoles que afirmaban vivir inmersos en una cultura de estar siempre disponibles en su trabajo ascendía al 74 %, además de que el 45 % de los españoles en activo reconocía sufrir estrés relacionado con el trabajo.
Según los expertos, poder desconectar para cubrir nuestras necesidades primarias, de alimentación y sueño, de actividad física, sociales y, sobre todo, afectivas, es la única forma de reducir esas cifras y mantener nuestro bienestar. De lo contrario, puede haber consecuencias incluso en nuestro cerebro. Como explica la psicóloga Agnès Brossa, en el ámbito psíquico los pensamientos de desmoralización o de que no vamos a llegar a todo, asociados al estrés laboral, llevan a un estado emocional de tristeza, ansiedad o desánimo. Y, en el momento en que el cerebro recibe la señal de que está en peligro, "despliega unos mecanismos neuronales para que nuestro cuerpo se ponga en estado de alerta para poder activarse y seguir adelante a pesar de la situación en la que estamos. Pero todos estos neurotransmisores que se segregan porque nuestro cerebro ha interpretado que estamos en estado de peligro actúan, a largo plazo, dañándolo", indica.
"El proceso ocurre cuando empezamos a segregar una hormona llamada cortisol o excesiva noradrenalina, adrenalina u otros neurotransmisores de este tipo. En este momento, las dendritas, que son esos pequeños hilos que salen de la neurona y hacen que conecte con la siguiente neurona y transmitan información, se acortan", añade Brossa, que especifica que estamos hablando de un daño físico en el ámbito neurológico conocido como estrés psicosocial por derrota reiterada, un tema que abordará en el seminario web del ciclo Skills del próximo 29 de marzo, organizado por la Red Territorial de la UOC.
¿Cómo podemos darnos cuenta de que el estrés laboral nos está sobrepasando? Como explica Enrique Baleriola, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, ese estrés avisa sobre todo de dos formas: física y psicológicamente, y ambas están interrelacionadas. Desde el punto de vista físico, la señal más frecuente es agotamiento y cansancio, que no es habitual en un estado normal para cada uno de nosotros (por ejemplo, empezar el día ya cansados o sentir que nos cuesta mucho tener energía para hacer las cosas, cuando antes esas mismas tareas no nos eran especialmente difíciles). "Otra señal es sentir presión en el pecho o palpitaciones, aunque puede deberse a otras causas, pero también puede ser señal de ansiedad acumulada. Los problemas para dormir y relajarnos durante la noche o durante nuestro tiempo libre también son indicadores de estrés laboral", apunta el profesor de la UOC.
En cuanto al ámbito psicológico, Baleriola destaca cambios de humor que anteriormente no eran normales en nosotros, el hecho de despertarnos y sentir que no hemos descansado, posponer o evitar enfrentarnos hasta a las tareas más sencillas de nuestro trabajo, o comenzar la jornada laboral deseando que termine y pase rápido. "Debemos tener en cuenta que, de forma puntual, todos podemos sentir estas sensaciones tanto físicas como psicológicas sin que interfieran en nuestra vida diaria o sean un problema grave. Cuando deben preocuparnos es si se alargan en el tiempo o empezamos a no poder desarrollar nuestras actividades cotidianas sin dificultades", advierte Enrique Baleriola.
Como explica Brossa, la falta de éxito repetitiva produce este estrés en nuestro cerebro, mientras que la euforia reiterada por éxito afecta al contrario, en positivo. De hecho, los estudios demuestran que, a mayor éxito social y laboral, mayor segregación de neurotransmisores como la serotonina o la dopamina, "que son buenas para nuestro cerebro y que contrarrestan esta afectación en negativo. Por lo tanto, la primera recomendación es intentar tener muchos periodos en los que sintamos que hacemos las cosas bien, que tenemos éxito", indica. Pero ¿cómo lograrlo? Agnès Brossa recomienda:
Además, para quienes teletrabajen desde casa, Enrique Baleriola añade:
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