Los retos de la alfabetización digital

Clara Santaolaya,
Pedagogical & Operations Manager
EDIT

28/07/2017 · EDIT, escuela especializada en Diseño Digital, Programación, Marketing Digital, Creatividad, UX/UI, Mobile y Business, ha explicado de la mano de su Pedagogical & Oparations Manager, Clara Santaolaya, cómo se están desarrollando los procesos de transformación digital en las empresas, centrándose en el valor de la formación en este campo y advirtiendo una clara falta de él en la actualidad. En palabras de la experta, las organizaciones necesitan que los cambios se impulsen más allá del manejo e introducción de herramientas digitales. Se trata, en su opinión, de una transformación que cambia la cultura empresarial, las fórmulas formativas, las necesidades de talento (en cuanto al tipo de perfil y la forma de gestionarlo) y los modelo de negocio que deben poner en el centro a clientes y empleados.

La transformación digital es un “must have” en el entorno empresarial desde haca varios años. La digitalización está en boca de todo el mundo, desde el CEO de la compañía hasta el becario, tanto en las multinacionales como en las pymes más modestas son plenamente conscientes de que el mundo digital les abre muchas puertas. Incluso, muchos se han dado cuenta de que no se trata simplemente de hacer crecer el volumen de negocio, sino que la supervivencia de sus negocios depende en gran medida de la transformación digital de los mismos.

Tratándose de una cuestión tan crucial, sorprende y alarma la desinformación, la disparidad y las fracturas en el proceso de digitalización que se están produciendo en el sector empresarial. Más alarmante parece en aquellas organizaciones en las que el área digital supone una piedra angular en su desarrollo.

En primer lugar, todos parecemos estar también de acuerdo en que la alfabetización digital es un proceso complejo, que requiere esfuerzo, recursos, tiempo y disposición. He aquí el la primera piedra en el camino con la que se topa la digitalización empresarial en muchos casos.

La tiranía del tiempo suele hacerle flaco favor a los procesos holísticos y que suponen cambios estructurales como este. Por tanto, el recurso más habitual en estos contextos suele ser ir transformando por fases, ir modificando pequeños trazos del dibujo de nuestra empresa; reestructurar un departamento, cambiar ciertos protocolos de comunicación, invertir en tecnología que facilite la deslocalización laboral. Pero, en realidad, en muchos casos, estas medidas son parches, remiendos que bañan de digitalización antiguas y sólidas estructuras de pensamiento que permanecen inalterables.

Ya que para llevar a cabo una verdadera transformación digital, es decir, productiva, eficiente y sostenible debemos ser conscientes de que el cambio debe ser sistemático, agitar nuestra estructura desde los cimientos para rediseñarla desde otro prisma y concepción de negocio.

Para ello, generalmente, será necesaria la figura de un Dinamizador, un perfil híbrido, a caballo entre en gestor empresarial, el coach emocional y el facilitator, experto en este tipo de transformaciones que pueda motivar a la pirámide empresarial, cohesionar el proceso de aprendizaje hacia los nuevos procesos, y asegurarse, al mismo tiempo, de la viabilidad del proyecto de transformación. Una figura externa, contratada ad hoc, o en función de los recursos disponibles, al menos íntegramente dedicada a la alfabetización digital de la empresa.

Pero, en cualquier caso, el muro más grande que hay que derribar no es el de los procesos de comunicación, los protocolos o el flujo de información sino romper con las estructuras mentales, preconcebidas en todos nosotros, debido a la educación cien por cien analógica que recibimos en su día, y que muchos alumnos siguen recibiendo a día de hoy.

Los nativos digitales, aquellos que nacieron con la tecnología digital a su alcance, verdaderamente, son nativos digitales tácticos; conocen y tiene completamente asumidas e interiorizadas las herramientas digitales, los canales y procedimientos, los lenguajes y técnicas de éxito. Sin embargo, la gran mayoría siguen siendo analfabetos cognitivos en lo que a digital se refiere, ni que decir tiene, de aquellos que se alfabetizaron posteriormente.

Nuestros procesos mentales siguen siendo eminentemente analógicos. Pensamos de manera lineal, no circular, procedimentamos y fragmentamos la información para estudiarla a fondo, entendemos el feedback del usuario como un KPI medible, utilizable y muy rica, pero seguimos considerando que en la comunicación B2C hay un emisor y un receptor con una jerarquía muy clara.

Por otra parte, el grado de atención y desglose que dedicamos al multicanal, a la multiplataforma, a la multitarea es incompatible, per se, con la estructura multicanal, con abarcar el ingente flujo de información al que somos sometidos. Somos presos del lastre de una concepción anterior.

Por tanto, en la transformación digital priman por igual dos conceptos a priori casi antagónicos. La supra especialización y el multitasking más voraz. Nos encontramos con una dualidad que es difícilmente asumible por un mismo perfil, pese a que la mayoría de empresas busca perfiles con estas dos cualidades, especialmente en las áreas digitales. Se buscan profesionales que sean expertos en un área, en el que han profundizado concienzudamente, pero que, además, tengan bastos conocimientos sobre la generalidad, que lo toquen todo, que lo sepan todo, Perfomance, SEO, Analítica, Social Media, Diseño, UX, Estrategia y un largo etc.

Este punto de vista del Recruitment es un claro error, que aboca a la pérdida de perfiles y al fracaso de muchos head hunters. Necesitamos dos perfiles claramente diferenciados: el súper-especializado y el que posee una perspectiva multidisciplinar, con una visión global, plural y heterogénea. Ambos perfiles son cruciales y de una utilidad enorme, pero difícilmente van a poder reconciliarse en una misma persona.

Esto, a su vez, supone un reto muy complicado de asumir por las escuelas. Formar perfiles híbridos, especializadísimos pero al mismo tiempo con una mentalidad digital es, necesariamente, complejo. No olvidemos, que como hemos dicho anteriormente, las competencias digitales van más allá de manejar tales o cuales herramientas, sino que se trata de tener una concepción digital del mundo, es decir, una concepción de la creación, del diseño y del trabajo plural, multidisciplinar, cooperativa, colaborativa, deslocalizada y veloz, más que veloz, inmediata.

Para ello, debemos renunciar a ciertos conceptos que están muy arraigados en nuestra sociedad y nuestra forma de enseñar, como la profundidad del conocimiento, el exceso de información como sinónimo de calidad y la linealidad de las comunicaciones aunque estén integradas en un proyecto 360º.

Se buscan perfiles digitales, se tratan de encontrar profesionales capaces de analizar y visionar 15 pantallas a la vez. Pero, evidentemente, el grado “analógico” de conocimiento, de análisis debe variar y debemos concienciarnos de lo que supone. Si miras 30 pantallas no puedes comprenderlas de manera unitaria, analizarlas una por una con profundidad, porque per se, la concepción de tapiz, de generalidad se pierde.

Los perfiles digitales han de tener la capacidad de aglutinar, sintetizar e interrelacionar mucha información, pero además, reformularla, rediseñarla hacia una camino adecuado para sí mismos, y después para los usuarios.

Además, una parte importante de los profesores, los profesionales que se dedican a la enseñanza, o aquellos que diseñan los planes pedagógicos son personas con una cognición del área empresarial, de la enseñanza y del mundo en general completamente analógica. Poner ordenadores en las aulas, los campus virtuales o los hangouts y los slacks no convierten un enseñanza en digital.

Lo que verdaderamente convierte un plan formativo en digital es un cambio de paradigma, un cambio sistemático en la forma de pensar, en las preguntas que debemos hacernos. Ahí es donde verdaderamente las escuelas, y más adelante las empresas deben hacer hincapié.

Las diferentes herramientas, las técnicas, los axiomas que rigen las diferentes realidades empresariales cambiarán rápidamente, de hecho, cada vez duran menos en vigor. Sin embargo, las preguntas que deben hacerse los profesionales digitales ante determinadas realidades tendrán algo más de perdurabilidad. Esa es la palanca que debemos emplear para conformar profesionales digitales, empresas digitales, infraestructuras digitales.

Debemos pensar en común, velozmente, con una perspectiva completamente centrada en los usuarios, en las experiencias y en la emoción que nuestro producto genera en nuestros clientes. Muchas veces, en las distopías que todos hemos leído o visto en la gran pantalla, temíamos que la digitalización, la tecnologización del mundo nos llevaría hacia la despersonalización, el automatismo, y la pérdida de los sentimientos y las emociones. Si bien las dos primeras cumplen un papel importante en la nueva sociedad, las otras dos están lejos de la realidad.

La mejor forma de alcanzar a nuestros clientes es la empatía, la mejor herramienta que debe tener un buen profesional digital es la capacidad de ponerse en la piel de su interlocutor, de su cliente, de su usuario y proporcionarle una experiencia, una emoción que cambie, en mayor o menor media, su existencia.

Por razones obvias, todo este tipo de cuestiones, antes de poder enseñarlas han de ser asumidas y digeridas tanto por las escuelas como por las empresas que pretenden transformarse digitalmente. Pero para ser capaces de cambiar lo primero que debemos transformar, más allá de las estructuras y las metodologías, son nuestras propias mentes. Hasta que esto no ocurra, la transformación digital seguirá sin producirse, y seguiremos simplemente adaptándonos al nuevo entorno, sin terminar de evolucionar de forma pareja, paralela, y por tanto, desaprovechando todas las nuevas oportunidades que nos ofrece.

ENVIAR ENTREVISTA:




VISUAL COMPANIES

Conoce las mejores empresas en las que trabajar.

Aegon
Kiabi
LG Electronics
Lidl
Generali
Liberty Seguros
Randstad
Maxxium España
MC MUTUAL
Naturgy
Adecco
Lilly
PeopleMatters
CGI
Hays
Affinity
Prosegur
Alten
Vodafone
Endesa
Bayer
OCU
Nationale-Nederlanden