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TRIBUNA
septiembre 2025

De qué hablo cuando hablo de evaluar: el verdadero propósito de un Development Center

Anna Lorente,
Directora de Proyectos de Adecco Learning & Consulting

 
Anna LorenteEn un contexto donde la tecnología, los procesos y los modelos de negocio no se detienen, no podemos olvidar que el talento puede ser, y a menudo es, una ventaja competitiva. Apostar por su desarrollo no es un gesto simbólico sino una decisión estructural que impacta directamente en la capacidad de una organización para adaptarse, innovar y sostener el rendimiento en el tiempo. Y cuando se hace con rigor, se convierte en una inversión con retorno.
Como consultora he aprendido que la clave no está solo en detectar el potencial, sino en crear los entornos adecuados para que ese potencial pueda expresarse y crecer. Y, en esa línea, el Development Center es uno de los instrumentos más potentes que tenemos hoy en día.

Cuando diseñamos e implementamos uno, no solo se pone a prueba a las personas que participan. También se pone a prueba la organización. Porque cuando alguien se sienta frente a ti para mostrar su forma de liderar, decidir, influir o resolver, no solo está en juego su potencial. También lo está lo que la empresa está dispuesta a ver, a reconocer y a desarrollar. Reflejando no solo las capacidades de las personas evaluadas sino también las prioridades y expectativas de la empresa. Convirtiéndose en ese momento en una apuesta estratégica.

El compromiso con el desarrollo, cuando se inicia un proceso de este tipo, es naturalmente en ambas direcciones. No se trata solo de evaluar competencias sino de crear el ecosistema donde poder crecer y contribuir de una manera significativa. Evaluar no es medir. Es comprender. Y eso exige contexto porque el talento no es universal y lo que funciona en una organización puede ser irrelevante en otra.

¿Qué es (y qué no es) un Development Center?

Un Development Center es un proceso de observación estructurado y contextualizado, diseñado para visibilizar competencias de las personas en relación directa con los retos de la organización. Su objetivo no es clasificar ni etiquetar. Es comprender, identificar, contrastar y, sobre todo, activar.

Diseñar un Development Center comienza con algunas preguntas: ¿Qué queremos observar y por qué?, ¿Qué competencias diferenciales necesita hoy nuestra organización?, ¿Qué estilos de liderazgo son coherentes con nuestra cultura y estrategia?... Y cuando conocemos todas estas respuestas ofrecemos distintas posibilidades en su diseño y poder crear así la atmósfera adecuada.

Existen muchas y diversas pruebas que podemos escoger en el diseño de la jornada de Development Center, pues con cada herramienta podemos observar algo distinto y complementar unas con otras, que nos aporten una visión coherente de lo observado.

Algunas de las más importantes son entrevistas individuales por competencias (dan acceso a elementos intrínsecos, como motivaciones, valores, marcos de referencia, autopercepción o visión personal del rol); dinámicas grupales (para observar comportamientos naturales en situaciones de interacción sin roles jerárquicos definidos); cuestionarios competenciales y/o tendencias conductuales (aportan una base de reflexión al participante y una mayor profundidad interpretativa al equipo de consultores/as); y ejercicios individuales de simulación (facilitan conocer formas de pensar, comunicarse o posicionarse que, en otros contextos más estructurados, podrían pasar desapercibidas).

La objetividad es un mito. La profesionalidad no.

Si bien la elección de estilo, temática y pruebas a implementar es fundamental, no podemos obviar la necesidad de contar con un buen equipo de consultores/as para comprender los comportamientos que van a observar. Este equipo debe estar formado no solo en las herramientas, sino en la competencia de observar con neutralidad activa. Debe saber que no observa a una etiqueta, sino a una persona en desarrollo. Al final, toda evaluación pasa por la mirada de quien observa. Por eso importa tanto quién realice este proceso, cómo lo haga y desde qué marco actúe.

Y quizá por eso sigo disfrutando cada vez como la primera. Porque evaluar también es una oportunidad poco frecuente de detenernos a mirar con atención. En un tiempo que valora la velocidad, parar para observar, interpretar y conversar ya es, en sí mismo, un gesto transformador. Porque hay un momento en el que alguien descubre lo que sí tiene, lo que sí puede, lo que aún no sabía de sí.

Cuando hablo de evaluar, hablo de hacer visible lo invisible. Con perspectiva, con método y con la convicción de que todos/as estamos, si queremos, en constante evolución.
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