Revista digital
TRIBUNA
noviembre 2012

¿Potencia mundial en fracaso escolar?

Jaume Josa i Fenés,
director de Guial Coaching presidente de AECOES (Asociación Española de Coaching Escolar)

 
Jaume Josa i FenésLas herramientas del coaching han ayudado a esos éxitos deportivos ¿por qué no también en las de educación?
Os recomiendo a todos que busquéis en la Red un anuncio de Nike del año 2010. Teclead “Brilla. Ilumina tu país” junto con la marca y lo encontraréis seguro. En él tres deportistas españoles, Pau Gasol, Andrés Iniesta y Rafa Nadal se pasan todo el tiempo que dura el anuncio, algo más de un minuto, relatando éxitos de deportistas españoles
en el año 2010. El brillante espot termina con los tres deportistas diciéndonos “Trabaja y esfuérzate, con humildad y con respeto. Sé la luz que dicen que hemos perdido”, con la música de Albéniz de fondo.

Este anuncio de un minuto escaso nos recuerda que España es una potencia mundial en deporte, al menos en el deporte que no depende de subvenciones. Nos impulsa a recuperar un cierto orgullo y nos empuja hacia el esfuerzo y la tenacidad. Sí, incluso en estos momentos. Aunque el anuncio es de 2010, hoy en día está aún más vigente si cabe.

Cuando cada fin de semana asistimos a éxitos de deportistas españoles me pregunto por qué no somos capaces de conseguir esos mismos éxitos en el mundo de la educación y la enseñanza. En este ámbito las últimas noticias son justamente lo contrario. España lidera, sí lidera, los índices de fracaso escolar a nivel europeo. ¿Deberíamos considerarnos una potencia mundial del fracaso escolar?

Dejemos ahí la pregunta cuya respuesta es obvia. Desde hace unos años, las empresas se están enfrentando con uñas y dientes a la crisis económica y muchas son las que a partir del cambio en que se han visto envueltas han resurgido y están dando pasos seguros hacia una situación mejor que la que tenían. Pero en la enseñanza, en las empresas de enseñanza –¿Por qué tengo que recordar que los centros educativos son empresas?– hace muchísimo más tiempo que ya se está en crisis profunda. No recuerdo cuánto hace que escucho hablar de los mismos problemas en los colegios. Pero pocas, muy pocas, son las cosas que han cambiado. Y de pronto, un día nos sorprendemos liderando el ránquing de países con fracaso escolar. Y lo peor es que no pasa nada. Es sólo una noticia más que quedará tapada por las del día siguiente.

Podemos echarle la culpa a multitud de factores; para
tranquilizar conciencias aquí dejo algunos: cambios constantes de leyes ligados al partido que gobierna, recortes presupuestarios, aumento de alumnos por clase, reducción de la atención personalizada, desprestigio del papel social del maestro, gestión poco eficiente de las empresas educativas, … No hace falta seguir porque la lista llenaría esta tribuna. Pero permitidme que os diga que esto solo son excusas. No digo que no sean circunstancias reales, que lo son, pero sólo son eso: circunstancias. Ni más ni menos que circunstancias. Los actores de la enseñanza real, de la educación real, no podemos usar excusas para enmascarar lo que no se hace, lo que no se cambia aunque funcione mal. Eso es responsabilidad de cada uno y, si de verdad creemos que la educación es importante, que es decisiva para el futuro de cada uno y de todos, entonces cada protagonista debe asumir su responsabilidad y mejorar con uñas y dientes la pequeña parcela de la que es responsable. Como decía Pep Guardiola, “sin excusas ni reproches”.

Y ahora llegamos a ese momento en que alguien dice “Muy bien, ¡qué listo! Claro que hay que hacer eso, pero cómo.” Concretemos tres primeros pasos.

  • La dirección de cada centro debe asumir el liderazgo del objetivo, implicar al equipo directivo en el partido más importante que se está jugando en nuestra sociedad. En ese equipo sólo deben estar personas altamente comprometidas con el optimismo de que se puede conseguir ser campeón. El que dude, al banquillo. Y el que no esté dispuesto a liderar con una sonrisa, también.

  • Los grupos de profesores han de dar el salto a convertirse en verdaderos equipos de alto rendimiento. Han de creerse que lo son, porque por definición es así. En muy pocas empresas encontraremos tanto talento, pero también en muy pocas encontraremos tantas personas que no lo valoran.

  • El profesorado debe tener muy claro que el siglo XX ha finalizado. Es decir, las clases de hace 20 años no pueden ser las de hoy en día. Hay que asumir que cambiar la dinámica de las clases modernizándolas y adaptándolas a nuestro público, sin rebajar un ápice de exigencia y calidad, es la clave para evitar que el 30% de los alumnos de secundaria suspire por el día en que cumplirán 16 años para olvidarse de estudiar. Estamos en la época en que todos nos tendremos que formar siempre, durante toda nuestra vida y va a ser difícil convencer a esos jóvenes que se han aburrido mucho en su etapa escolar de que regresen a un aula a hacerlo.

  • Empecemos por los que tienen más responsabilidad, luego ya reclamaremos a los padres y a los alumnos su papel, pero a la cabeza del cambio han de estar los profesionales.

    Tan solo una reflexión final: las herramientas y estrategias del coaching han ayudado a esos éxitos deportivos y están ayudando a ver luz al final del túnel de la crisis económica en muchas empresas, ¿por qué no también en las de educación?
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