El bienestar del empleado
Ignacio Ordóñez,
responsable territorial de Negocio Colectivo de Aegon
El mercado laboral ha dejado de funcionar bajo las reglas tradicionales. Durante años, el salario fue el principal elemento de negociación entre empresa y empleado. Hoy, las empresas tienen que afrontar un cambio estructural en las expectativas de sus trabajadores: el talento que necesitan reclutar y fidelizar no busca únicamente recibir una mejor compensación económica, sino una propuesta de bienestar integral.
Los datos reflejan con claridad esta transición. El absentismo laboral en España alcanzó el 7,1% de las horas pactadas al cierre de 2025, cerca de máximos históricos, según Randstad Research. La rotación supera el 10% de los ocupados, muy por encima de la media europea, de acuerdo con Eurostat. A ello se suma que, pese a que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sitúa la satisfacción laboral en nuestro país en torno al 74%, hasta un 30% de los trabajadores declara sufrir problemas de estrés. No se trata de fenómenos aislados, sino de síntomas estructurales de un modelo que ya no responde a las expectativas actuales del mercado laboral.
Ante esta situación, el denominado “salario emocional” ha dejado de ser un concepto accesorio para convertirse en un elemento central de la propuesta de valor al empleado. Ya no diferencia, condiciona la decisión del talento. Beneficios como la flexibilidad, la conciliación o el acceso a servicios de bienestar no son ya elementos distintivos, sino expectativas básicas. Las empresas que entienden el bienestar como una inversión y no como un gasto estarán mejor preparadas para competir en un entorno de creciente escasez de talento.
El bienestar físico y emocional del empleado ha dejado de ser una cuestión exclusivamente de recursos humanos para convertirse en un eje estratégico de la gestión empresarial. Si hay un factor que ha acelerado esta transformación, es la salud mental. El aumento del estrés, la ansiedad y el agotamiento emocional han incrementado las bajas laborales, que ahora son más frecuentes y prolongadas, lo que supone un impacto directo no solo sobre las personas, sino también sobre la productividad, los costes y la sostenibilidad de las organizaciones.
En los últimos años, los seguros de salud han evolucionado hacia un enfoque de bienestar integral, incorporando servicios como psicología, psiquiatría, nutrición y telemedicina, lo que permite intervenir de forma preventiva, reducir riesgos y mejorar la calidad de vida del asegurado, anticipándose a problemas que, de no abordarse a tiempo, acaban teniendo un mayor impacto humano y económico.
Las empresas que integran la salud en su modelo operativo consiguen reducir costes asociados al absentismo, mejorar su productividad y reforzar el compromiso de sus equipos. En este escenario, los seguros colectivos se han consolidado como la solución más eficiente: permiten a las empresas reforzar su propuesta de valor al empleado, optimizar su estructura de costes y beneficiarse de deducciones fiscales. En el caso de los trabajadores, suponen el acceso a coberturas de alto valor con un impacto fiscal reducido, consolidándolos como uno de los beneficios sociales más valorados.
Especialmente relevante es el papel de la retribución flexible, que elimina una de las principales barreras para las empresas: el coste. Este modelo permite trasladar la decisión al empleado y democratizar el acceso a estos beneficios de forma significativa. Además, la evolución del sector asegurador ha hecho estas soluciones accesibles para empresas de todos los tamaños, incluidas pymes, gracias a modelos más flexibles, personalizables y fáciles de implementar. El reto ya no es si incorporar estos modelos, sino cómo hacerlo de forma coherente con la estrategia y la cultura de cada organización.
En definitiva, en un mercado donde el talento tiene cada vez más capacidad de elección, los seguros colectivos han dejado de ser un complemento para convertirse en una palanca directa de competitividad. Todo apunta a que el bienestar seguirá ganando peso como variable crítica en la toma de decisiones laborales, especialmente entre las nuevas generaciones. En el nuevo entorno laboral, cuidar de las personas es también una forma eficiente, sostenible y rentable de generar valor. No solo es lo correcto, es lo que hace a las empresas verdaderamente atractivas.