Revista digital
TRIBUNA
abril 2026

Como la escritura transforma la comunicación y la cultura organizacional

Elena Marcos Bueno,
DirCom de Alma y Talento - Trentia

 
Elena Marcos Bueno“Escribir es aprender a nadar con las letras, es simplemente un acto de voluntad y un acto de conciencia y un acto también de amor a los demás, porque si uno escribe es una forma de comunicación, es un darse a los demás.” Escribir como dice Elena Poniatowska es un acto de amor y también de valentía.

Homenaje a Elena Poniatowska. Agradecimiento.



Comienzo este artículo con las palabras de Elena Poniatowska porque no existe mejor manera de expresar lo que siento, y las abrazo con gran emoción al haber sido reconocida en el Top 200 de Favikon como creadora de contenido en LinkedIn de habla hispana y dentro de este universo, en el Top 14 a nivel mundial como experta en comunicación y cultura organizacional.

Hoy quiero detenerme sin prisas, sin fijarme en el algoritmo, y rendir homenaje a la gran Poniatowska. A su mirada lúcida, a su forma de escuchar lo invisible, a su capacidad de convertir la realidad en conciencia. Pero también a todas las mujeres que antes y después han sostenido la palabra cuando no era fácil hacerlo.

A las que escribieron en los márgenes. A las que firmaron con seudónimo. A las que fueron leídas en voz baja. A las que nos enseñaron que la literatura no solo se escribe, se disfruta y se vive con pasión.

Gracias a tantos grandes escritores que me han hecho soñar y me han inspirado a lo largo de mi vida, entendí que comunicar es transformar la realidad. Que las palabras no son neutras, tienen un poder inusitado: construyen cultura, moldean organizaciones, humanizan empresas, cambian realidades y nos pueden hacer mejores.


Ikigai y propósito



Y es aquí donde he encontrado mi Ikigai, mi lugar en el mundo: comunicar lo que veo, lo que siento, lo que conozco, mi experiencia en el mundo de la empresa para generar y compartir con propósito y coherencia, la misión, la visión y los valores de mis clientes con la convicción de que la comunicación, cuando es auténtica, transforma.

Ser periodista y comunicadora en este territorio es para mí una forma de seguir nadando entre letras. De dar. De devolver. De construir puentes donde antes había ruido.

Hoy celebro la literatura, los libros y la lectura. La comunicación como camino y la voz propia y colectiva como destino.


Afganistán: la barbarie de no acceder a la educación



Por último quiero que mi voz sirva a todas aquellas personas que no tienen voz y denunciar una vez más la barbarie del régimen de Afganistán que prohíbe el acceso a la educación de las niñas. A la lectura. A estudiar. A ser. A vivir en libertad.

Educar no es solo asistir a la escuela es también el acceso a libros, a bibliotecas y a desarrollar el pensamiento crítico. La prohibición educativa ha reducido drásticamente el acceso a libros y materiales. La alfabetización femenina. La posibilidad de desarrollar un pensamiento independiente. En muchos casos leer se ha convertido en un acto clandestino y revolucionario. Han surgido redes informales de educación en casas particulares, donde mujeres enseñan a niñas en secreto, arriesgando su seguridad. ¡¡¡Terrible!!!

Hay lugares donde abrir un libro se convierte en un acto de resistencia y valentía. Educar no es solo sentarse en un pupitre. Es tener hambre de conocimientos. Curiosidad. Ilusión. Es poder discutir ideas hasta que ardan, es encontrar esa habitación propia de la que hablaba Virginia Woolf, donde una mente puede desplegarse sin miedo.

Pero ¿qué ocurre cuando esa habitación es clausurada, cuándo las ventanas se cierran con decretos y los policías de la moral vigilan cada pensamiento, cada acción, como si fuera un delito?

La educación entonces se vuelve clandestina. Se esconde en susurros entre paredes domésticas, en cuadernos que se abren solo de noche, en maestras que enseñan con el pulso emblando y el coraje intacto. Leer en estos rincones del mundo ya no es un derecho, es una desobediencia. Cada niña que aprende está sin saberlo reescribiendo la historia que quisieron negarle.

Pero el precio es muy alto. Porque cuando se prohíbe el conocimiento, también se intenta apagar la voz, la autonomía, la posibilidad de pensar por una misma.

El horror es el silencio impuesto y la invisibilidad. Es el vivir como si nadie te viera, sin molestar, en silencio. Calladitas no están más guapas. Es cercenar la inteligencia antes de florecer. Y aun así, en medio de ese invierno impuesto, surgen semillas: Pequeñas, frágiles, clandestinas pero vivas esperando el momento de volver a florecer.

La educación lo es todo. Leer nos hace soñar, ser personas más cultas, soñadoras, y ayuda a desarrollar el pensamiento crítico, tan necesario en la empresa y en la vida.

¡Gracias Elena Poniatowska y mil gracias a todas las voces que nos abrieron paso! ¡Gracias a quienes leen porque sin lectores escribir no tendría el mismo sentido!
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