TRIBUNA
junio 2012

La prevención 2.0

Jesús Galindo López,
socio administrador de ASEM Prevenció

 
Jesús Galindo LópezTodos los expertos en Prevención de Riesgos Laborales coinciden en señalar que la integración de la prevención en el seno de las empresas se constituye como la piedra angular para conseguir mejorar las condiciones de seguridad y salud de los trabajadores, y por ende reducir la lacra que supone la siniestralidad laboral, tanto desde un punto de vista humano como económico.
Conseguir reducir a la mínima expresión la siniestralidad laboral con el objetivo ideal de cero accidentes, bajo la premisa filosófica de que cuanto más ambiciosos sean los objetivos que nos fijemos más lejos llegaremos, no sólo es deseable sino posible.

En este sentido nadie discute los beneficios que se obtienen al evitar producir dolor humano, pero a menudo no se valoran de forma suficiente los costes económicos reales de una elevada siniestralidad. Y es que si sumamos los costes directos, los indirectos y ocultos nos encontramos con una repercusión importante en los costes totales de nuestro tejido empresarial por estos conceptos, que si los comparamos con los de otras economías de países desarrollados con unos índices de siniestralidad más bajos que los nuestros, y en Europa sin ir más lejos hay unos cuantos, también nos hacen perder competitividad por esta vía.

Pero, cabría preguntarse, cuando hablamos de integrar la prevención, ¿de qué estamos hablando exactamente? Pues bien, integrar la prevención significa básicamente tener presente la prevención de riesgos laborales en las diferentes decisiones que se tomen a nivel empresarial, debiendo alcanzar por lo tanto a todos los niveles jerárquicos de la empresa (gerencia, directores, mandos intermedios, trabajadores). Es decir, que se asuman desde el primer nivel jerárquico y que desde él alcancen a todos los niveles de decisión y canales de comunicación de la empresa.

El plan de la Autoridad Laboral española para combatir la alta siniestralidad en España, que se concretó en el documento “Estrategia Española 2.007-2012”, concluyó en su informe de 2011 que, a pesar de reconocer de que se ha avanzado en la reducción de la siniestralidad en España en los últimos años desde la promulgación de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales en 1.995, los niveles actuales continúan siendo elevados y atribuye como causas fundamentales de no haber reducido más la siniestralidad a los déficits en la integración de la prevención y al exceso documental, que dificultan la adopción de las medidas correctoras con mayor eficiencia. Como consecuencia de ello se han producido reformas legislativas para intentar corregir estos déficits.

El cuanto al exceso documental ha sido una perversidad del sistema al haber convertido la necesidad en virtud. Todos los informes técnicos de cualquier índole, empezado por el Plan de Prevención y la Evaluación de Riesgos, que son instrumentos indispensables para ejecutar una correcta y adecuada planificación de acciones correctoras, se han convertido en fines en sí mismos por las interpretaciones judiciales y orientación inspectora que con frecuencia han atendido más a la disponibilidad de los informes preceptivos que a la efectiva aplicación de las medidas que recomiendan, introduciendo de esta manera elementos de confusión entre medios y fines. Ello ha conducido a informes interminables y farragosos tendentes a la máxima cobertura teórica y formal y reduciendo consecuentemente su operatividad.

Abordar con éxito estos retos planteados es posible si somos capaces de aplicar en el ámbito de la prevención de riesgos laborales los elementos clave de desarrollo del siglo XXI, que son la comunicación y el conocimiento, valiéndonos para ello de las nuevas tecnologías.

Las entidades especializadas en este sector, los Servicios de Prevención, vienen ejerciendo sus funciones desde hace años y acumulan en sus bases de datos información técnica especializada de todo tipo y experiencia en la solución de problemas y propuestas de mejora, lo cual constituye un potencial de riqueza enorme con relación al conocimiento.

Si somos capaces de utilizar las nuevas tecnologías para establecer nexos de comunicación entre las empresas y las bases de datos de los SPA en forma de servicios concretos que atiendan necesidades específicas de manera directa y sencilla, se puede conseguir: mejorar la comunicación y el asesoramiento entre oferentes y demandantes de servicios mediante una comunicación “on line”, proponer soluciones específicas que faciliten su implementación y rápida corrección, acceso a herramientas de gestión utilizables por los recursos preventivos de las empresas, acceso a la información rápido, ágil y altamente operativo, asesoramiento permanente, ahorro de costes y como éstas un largo etcétera de utilidades.

Se trataría, en conclusión, de aportar valores añadidos diferentes de los aportados hasta ahora que permitan hacer más operativa y eficiente la implementación de la prevención y combatir, de esta manera, los problemas de falta de integración y exceso documental.

A todo ello nos atrevemos a denominar Prevención 2.0, que es la manera que tenemos algunos de vislumbrar la prevención de riesgos laborales del siglo XXI.
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