El futuro del talento joven se escribe en papel
Inés Chacón,
directora de Capital Humano de ASPAPEL
“¡Mamá, papá, quiero ser papelero!”. Quizás una frase poco común en boca de niñas y niños, que sueñan con otras profesiones. Según la XIX Encuesta Adecco Qué quieres ser de mayor, las niñas se decantan por las salidas laborales vinculadas a la enseñanza y la formación, elegidas por 1 de cada 5 consultadas; seguidas por el ámbito de la salud, con el 16% de las respuestas. A los niños, por su parte, les gustaría tener un trabajo relacionado con el deporte, la opción preferida por el 31%; seguida por carreras dentro de las fuerzas del orden y la seguridad, con un 16%. Pero ni ellas ni ellos se imaginan trabajando en una fábrica y entre las respuestas de los más de mil menores encuestados no se menciona el sector papelero.
Sin embargo, detrás de productos tan cotidianos como una caja, un cuaderno o una servilleta hay un sector enfocado en la sostenibilidad y la innovación, lleno de oportunidades profesionales. Sin duda, el mix perfecto que brinda tres de los valores más buscados por las nuevas generaciones: propósito, futuro y estabilidad. ¿Y si el problema no fuera la falta de oportunidades, sino la de visibilidad de un sector que encarna los valores que ellos mismos buscan? Vamos a analizarlo.
De acuerdo con los datos extraídos de la encuesta Generación Z y Millennials 2025 de Deloitte, el 89% de la Gen Z y el 92% de los Millennials buscan carreras alineadas con compromisos medioambientales y sociales. Asimismo, la consulta avala que el 66-68% busca sectores “seguros” frente a la disrupción tecnológica, y valora aquellos que permiten el aprendizaje hacia nuevas competencias.
Ante esta situación, la industria papelera emerge como una alternativa real para ese talento joven que busca contribuir a un futuro más respetuoso con el medioambiente sin renunciar al desarrollo profesional. “El papelero” es un sector con una larga trayectoria, pero en constante evolución, donde la sostenibilidad marca el rumbo. Este entorno brinda oportunidades para que profesionales jóvenes se embarquen en un proceso de formación continua y se adapten a los retos que marcan el presente y el futuro del sector. Cabe destacar también que la diversidad de perfiles que demanda el sector –desde ingenierías y técnicos/as en electricidad, mecánica o mantenimiento, hasta especialistas en medioambiente, descarbonización, análisis de datos, calidad o trabajos forestales, entre otros– abre un abanico de oportunidades difícilmente igualable en otros ámbitos.
El sector papelero es muy versátil. A partir de una misma materia prima se fabrican celulosa, papeles para envases y embalajes, papel higiénico y sanitario, papel prensa y papeles especiales como el de fumar o filtros. Y es que lejos de anclarse en el pasado, el sector es hoy un ejemplo de innovación y ha convertido esa herencia en motor de futuro. La industria papelera ha sabido reinventarse, transformando procesos y productos para responder a las necesidades del presente y los retos del futuro.
El compromiso medioambiental y unas condiciones salariales por encima de la media del sector industrial español son algunos de los factores con los que cuentan las empresas para atraer talento joven. En 2024, el sector papelero contó con cerca de 17.500 personas trabajadoras, el 95% de ellas con contrato indefinido. Además, el 71% acumula más de cinco años de antigüedad y casi la mitad, supera los quince. Esto refleja el gran potencial de una industria que ofrece altos niveles de estabilidad.
Siguiendo con la encuesta de Deloitte, cuando a los jóvenes se les pregunta acerca de sus objetivos profesionales y por los factores que los llevan a cambiar de carrera o empresa, sus respuestas se pueden resumir en tres áreas clave: dinero, propósito y bienestar. Equilibrar estos tres aspectos sienta las bases de la felicidad en la Generación Z y los Millennials. El papelero, lejos de ser una opción residual, representa hoy un enclave donde convergen esos tres pilares, contribuyendo a una sociedad más sostenible sin renunciar al desarrollo profesional.
La industria papelera está demostrando que tradición y futuro pueden convivir, que la innovación también tiene raíces, y que detrás de cada papel hay personas comprometidas con un propósito común: cuidar del planeta mientras construyen su futuro profesional. El reto ahora es dar visibilidad a ese potencial y atraer a una nueva generación de talento que diga: “¡Mamá, papá, quiero ser papelero!”.