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TRIBUNA
febrero 2018

¿Centralizar o descentralizar la formación?

David Warner,
director en Barcelona de Astex Servicios Lingüísticos

 
David WarnerA veces me sorprende encontrarme con alguien que va vestido como si fuera una bandera. Unos pantalones marrones de cuadros, una chaqueta gris de espiga, una camisa azul cobalto y una corbata a rayas rojas y blancas. ¡Uffff! Es que hace daño a la vista… El caso es que si tengo suficiente confianza se lo hago notar y, frecuentemente, la respuesta que me da el interfecto es: “Pero es ropa de marca y la camisa me la hice a medida”. Y lo será, pero no pega ni con cola.
Yo creo que es para evitar este tipo de espectáculos que se ha puesto de moda el personal shopper, una persona que evita que a pesar de gastar cantidades ingentes de dinero en ropa de excelente calidad, uno vaya por la calle haciendo el más absoluto ridículo. Me pregunto si no pasará algo parecido con la formación en idiomas. A veces me encuentro con directores de Formación que me dicen que contratan su curso online a cierta empresa, pero las clases presenciales a otra, una tercera se hace cargo de los cursos intensivos, las clases telefónicas las hace otra más y, finalmente, los cursos de inmersión se encomiendan a otro proveedor.

La lógica detrás de esto es que se le encarga a cada proveedor aquello en lo que se especializa. Parece lógico, pero con frecuencia el resultado es parecido al del sperpento que describía al principio. Porque las mejores acciones formativas impartidas de manera aislada no constituyen de por sí un buen programa de formación.

Del mismo modo que resulta mucho menos trabajoso (y muchas veces más barato) combinar bien la ropa, también resulta mucho más eficaz integrar bien los diferentes componentes de un programa de formación en idiomas. Esta es una de las muchas ventajas de las que disfrutan los clientes de empresas de formación solventes, que, en lugar de organizar acciones formativas, las integran en planes bien definidos y tienen a su disposición una enorme variedad de programas perfectamente engarzados entre sí.

En ocasiones, sin embargo, el problema viene dado por empresas en las que la dispersión geográfica de los empleados es considerable. Por un lado, las ventajas de centralizar la formación son obvias:

  • Un mismo sistema de enseñanza para todo el territorio nacional.

  • Reporting consolidado de la actividad formativa de todo el grupo.

  • Factura única por centro de coste.


Claro que, si ese es el caso, ¿por qué no es esta la práctica habitual en la mayoría de empresas españolas? Curiosamente, un buen número de empresas con implantación en todo el territorio nacional disgregan sus políticas de formación por zona geográfica. Es decir, no imparten la misma formación en Madrid, que la que se imparte en Barcelona, o en Sevilla. Cuando pregunto por esto, la respuesta que recibo suele tener más que ver con política interna que con verdadera operatividad. “En las sucursales se molestarían si les impusiéramos la política de formación desde la central”, me suelen decir.

¡Pues vaya solución! Resulta que, por no ofender, una determinada empresa de consultoría llegó a tener nueve diferentes responsables regionales de Formación que contrataban servicios de formación en idiomas a más de una veintena de diferentes proveedores. Cuando pienso en el galimatías que supone administrar todo eso, no puedo menos que imaginar el suspiro de alivio del director general de Formación cuando decidió encargar la gestión de la formación en idiomas para todo el territorio nacional a un solo proveedor.

Esto tampoco ha ofendido innecesariamente a las sucursales. La idea “Think global, act local” sigue siendo válida, porque cada región tiene su propia manera de hacer las cosas. Pero cuando el departamento de Formación puede descargar esta responsabilidad sobre un proveedor único, se encuentra con todas las ventajas mencionadas al comienzo a nivel nacional y una enorme flexibilidad a nivel local.

Dicho lo cual, siempre se ha dicho que “contra gustos no hay nada escrito”; si alguien quiere vestir con colores que no conjuntan, solo corre el peligro de llamar innecesariamente la atención, pero cuando hablamos de un plan de formación en idiomas, en el que no solo se invierten recursos de la empresa, sino el tiempo de cientos de colaboradores, mejor tener algo bien organizado, ¿verdad?
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