Alineamiento de equipos directivos
Augere,
CEO de Augere
No existen líderes hoy en día que no reconozcan el papel crucial que sus equipos directivos y de colaboradores tienen en el éxito de sus compañías. Es fundamental contar con un fuerte liderazgo individual, que inspire y genere confianza en el conjunto de la organización, pero también lo es el trasladar el liderazgo al equipo de personas, empezando por el propio equipo directivo, para impulsar la acción efectiva que alinee a toda la organización en una misma dirección y objetivo.
Es por ello que más allá de convencer a nuestros colaboradores desde la lógica del negocio, los directivos necesitan entusiasmar desde la emoción otorgando sentido a aquello que las personas de la compañía hacen. Y para ello, sólo existe una vía: la de crear alianzas y relaciones de calidad entre las personas que configuran la organización. Alianzas que contemplen la singularidad de cada cual, sus expectativas personales y profesionales y sus talentos diferenciales, situándolos en el lugar más adecuado para que estos aporten el máximo valor para la compañía.
Las relaciones en la organización deben ser de calidad, porque sólo desde la individualización, el respeto y reconocimiento, las personas liberan su máximo potencial creativo y su compromiso. La tarea, los objetivos y los resultados se logran, en tiempo y forma, con satisfacción y eficacia, con sentido de pertenencia y propósito compartido.
Desde este punto de vista, las relaciones de calidad se basan en la combinación de un doble concepto, el de integridad y el de integración. La integridad entendida como el respeto de la diferencia, que pone en valor los talentos singulares de cada uno de los miembros del equipo, ya que en la diversidad, la creatividad, la innovación y la cooperación está buena parte del éxito de las organizaciones hoy en día, y no en el individualismo y la uniformidad, que muchas veces cometemos el error de llevar a nuestras organizaciones al rodearnos de otros como noso tros para así sentirnos más seguros. Y por otro lado la integración, puesto que es la unión en equilibrio de los diferentes elementos y talentos singulares lo que da la fuerza, al compartir una visión, una misión y unos valores como equipo y organización.
En este sentido, las claves para el alineamiento y la cohesión de equipo son el determinar una manera de hacer común, un tempo, un ritmo, el sello de un estilo de dirección. También es imprescindible potenciar las competencias que orientan al conjunto en una dirección. Aprendizaje, escucha activa, comunicación no verbal, trabajo bajo presión, asimilación de jerarquías, máximo rendimiento o gestión del estrés son algunas de estas competencias.
Por otro lado, el alineamiento de equipos pasa por establecer unos valores y creencias compartidos, que delimitan las reglas que les permiten funcionar, que aportan la motivación y el permiso para actuar. Algunos de estos son el disfrute, el amor, el respeto, el esfuerzo, la tolerancia al error para dar lo mejor a la “hora de la verdad”, el compartir, el cooperar o el orientarse a resultados. Igualmente es necesario que los roles de cada miembro estén diferenciados, aprovechando la singularidad de esos talentos individuales, y se integren entre sí en equilibrio.
Finalmente, en el alineamiento de equipos hacemos referencia a un marco que trasciende del individuo para trasladarse al colectivo, con una vocación de impacto en los demás, el entorno. No estamos solos. Si la organización fuera una orquestra, logramos la melodía porque tocamos juntos, porque hemos alineado cada uno de nuestros movimientos y emociones, para sonar como “uno”. Más allá de nosotros mismos, somos un equipo, que además de mantenerse alineado en sí mismo, se alinea con su contexto configurando un verdadero sentido de comunidad. Es el propósito por el que estamos juntos y que da sentido a lo que hacemos como equipo.