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septiembre 2019
noviembre 2019
Un equipo es eficiente cuando, además de alcanzar los resultados que se propone, es capaz de crear relaciones maduras, de calidad y a largo plazo.Ya sea en uno u otro contexto, el coaching sistémico o de equipos se dirige al conjunto y no tanto a los individuos. Se enfoca en aquello que éstos tienen en común e influyen con cada uno de sus gestos e interacciones: la relación entre ellos. Y por ello, en la búsqueda de la mencionada eficiencia, exploramos qué atmósfera desea respirar el equipo y cuál es la cultura que necesita crear para conseguir los resultados que se plantea y hacerlo desde una relación de calidad. Sabemos, por el contrario, que el coaching individual se dirige a la persona como individuo, en todas sus facetas y teniendo en cuenta su contexto, que es fundamentalmente con quién se trabaja.
Apreciamos imprescindible para ello, y así se manifiesta habitualmente por los implicados, crear un espacio seguro y de escucha, en el que todas las voces del sistema se sientan legitimadas para expresar aquello que están sintiendo y necesitan compartir con el resto del equipo, considerando la intención positiva y que se expresa en beneficio del propio equipo, con la voluntad de tomar el pulso y conocer qué momento está viviendo éste, qué necesita potenciar de lo que ya es y de lo que hace y qué necesita cambiar o mejorar, extrayendo el mayor aprendizaje posible de todo ello.
Todas las voces del sistema son necesarias: las que hablan y las que están en silencio, porque todas ellas están expresando algo que el equipo necesita conocer. Vemos cómo en ocasiones algunas de las voces son acalladas por resultar incómodas; el sistema, y su manera de autorregularse de forma natural, se encargará de que vuelvan a emerger, a lo mejor personificadas en otro miembro del equipo. A la necesidad de que todas las voces del sistema sean escuchadas lo llamamos democracia profunda.
No es difícil suponer, después de lo dicho, el papel que juega el líder o los líderes del equipo a la hora de crear ese espacio seguro y de escucha. En la mayoría de las ocasiones el líder se convierte en el principal impulsor o el mayor obstáculo para que realmente exista y se favorezca la dinámica que permita destilar lo mejor que el equipo necesita conocer sobre sí mismo para continuar avanzando de forma alineada, pensando como una mente y actuando como un único cuerpo, poniendo corazón y alma, para que sirva de inspiración a todos aquéllos a los que el equipo representa.
Como coaches de equipos, partimos de la creencia de que todo sistema es naturalmente creativo, emprendedor y tiene todos los recursos, por lo que podrá, por sí mismo, enfrentar cualquier situación por compleja que ésta pueda resultar; el equipo tiene todo el conocimiento, la experiencia y el aprendizaje para ello. En la mayoría de las ocasiones, el coaching de equipos contribuye fundamentalmente a revelar el sistema a sí mismo, es decir, a hacer emerger a la superficie lo que las corrientes de la relación están ocultando, ya sean miedos, inseguridades, expectativas, creencias, valores o patrones de actuación, que a veces son vividos en forma de conflictos internos, y que de esta manera se hacen visibles para sus miembros para poder manejarlos.
La visión parcial de una realidad, la perspectiva desde un único ángulo, impide tener una visión completa de lo que está sucediendo. Tratar lo que concierne al equipo, en equipo y entre todos los miembros que lo representan es fundamental para comprender qué es lo que está pasando en su globalidad y tomar decisiones y acciones a partir de ello.
Esta visión global permitirá además a los miembros del equipo tener en cuenta el impacto que los comportamientos individuales tienen en el conjunto y cuáles son las estrategias que hay detrás de la manera de pensar y de actuar: ¿son estrategias orientadas a alcanzar las expectativas del conjunto, o bien, por el contrario, cada uno se orienta a resolver su situación y a lavarse las manos con lo de los demás?
Una visión amplia y unas estrategias orientadas al éxito del equipo en su conjunto no sólo tendrá un efecto en la satisfacción, inclusión y compromiso de los miembros del equipo, sino en todos aquellos que toman como referente a este equipo y les sirve de modelo de actuación. Cuando hablamos del engagement de las personas de la organización, en buena parte es a ese sentido de pertenencia y de compromiso al que nos estamos refiriendo.
El paso del tiempo y los contratiempos del camino suelen apagar la alegría con la que nos unimos para iniciar nuevos proyectos.
Cuando el entusiasmo original da paso al hastío es el momento decisivo para plantearse un trabajo de revitalización del espíritu del equipo y recuperar lo que llamamos el mito original de la relación, refundando los motivos por los que el equipo se unió para conseguir un propósito determinado e iluminando y dando viveza a la relación entre sus miembros, desde el compromiso de lo que cada uno ha de aportar al equipo. Ésta será la manera de que el equipo recupere su eficiencia y alcance el éxito que necesita para legitimarse.
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