Formar y motivar, claves para mejorar el rendimiento profesional
Isabel López,
senior manager de Axis Corporate
El reconocimiento del superior tienen un papel esencial porque logra reforzar la motivación para el plan de mejora
Transformar la función de la formación en una área estratégica para la empresa requiere cambiar el planteamiento tradicional, desplazando el énfasis desde las acciones hacia los resultados. Y aunque se trata de un tema del que se viene hablando hace tiempo, siguen existiendo puntos críticos de mejora en muchos de los planes de desarrollo diseñados en las organizaciones.
Un plan de desarrollo que impulsa el crecimiento personal y profesional de las personas supone un poderoso factor de motivación. Sólo así podemos hablar de posibilidades de transferencia e impacto. Para que el plan resulte motivador y sea una palan ca movilizadora de cambio, es necesario que dé respuesta real a la potenciación de determinadas compe tencias y esté alineado con la gestión del desempe ño. Según la Teoría Motivacional de Frederick Herzberg existen “factores higiénicos” (supervisión, relaciones con el superior, salario, condiciones de trabajo, relaciones con iguales, seguridad) y “factores motivacionales” (logros, crecimiento en la tarea, progreso, reconocimiento, status, responsabilidad, crecimiento profesional, trabajo retador). Es, en los factores motivacionales, donde se encuentra la clave para que se produzcan la transferencia y el impacto en los resultados. Si no existe motivación es muy difícil que se produzca el aprendizaje.
Para ello, en las fases de diseño e implantación del plan, es necesario tener en cuenta aspectos claves como dar visibilidad (el por qué y el para qué del plan), involucrar a las personas en la detección de necesidades, ligarlo a la evaluación del desempeño, e involucrar al superior con medidas como el pacto de un plan de acción, el feedback constructivo, el fomento de la autoevaluación, el seguimiento y el reconocimiento de los logros.
Pero ¿es posible entrenar competencias vinculadas a aspectos como la motivación, las actitudes o la autoconfianza? Desde nuestra experiencia como consultores de Desarrollo y Formación afirmamos que sí.
La estrategia de actuación se centraría en diferentes ejes que expondremos a continuación. La concienciación para lograr que se interiorice la importancia de cambiar determinados comportamientos, a través del entrenamiento de nuevas competencias y el convencimiento de que éstas deben aprenderse porque son necesarias para el trabajo. Para ello, se requiere analizar las prácticas de los colaboradores. ¿Qué hacen los que tienen un rendimiento superior y qué no hacen los que tienen un rendimiento medio o inferior? Y, al mismo tiempo, realizar entrenamientos que simulen situaciones reales, suficientemente retadoras y que entrañen cierta dificultad.
La comprensión de marcos conceptuales sería otro aspecto a tener en cuenta, junto con fomentar la autoevaluación (el “mirarse en el espejo”) para identificar, por uno mismo, las diferencias entre el nivel de competencias que se tiene actualmente y el nivel requerido para conseguir un mejor desempeño.
Otro de los puntos clave el establecimiento de objetivos de mejora, mediante el diseño de un plan de acción concreto a poner en práctica en el puesto de trabajo centrado en “qué hacer”, “cómo hacer” y “cuándo”. Pero para que este plan se lleve a efecto y se consoliden nuevas competencias, es necesario darle apoyo a través de acciones de seguimiento.
El feedback constructivo y el reconocimiento de los logros por parte del superior, tienen, asimismo, un papel esencial en este proceso ya que logran reforzar la motivación para el plan de mejora enfocado a consolidar las competencias.
Desde nuestra experiencia y para finalizar la reflexión, si realmente queremos tener éxito en el plan de desarrollo es esencial involucrar, no sólo a los colaboradores sino también a la organización, ya que ésta deberá actuar como catalizadora del proceso.