Revista digital
TRIBUNA
enero 2012

¿Cuántos terroristas hay en tu empresa?

Peter van Dommele,
director general de BetterBeYourself

 
Peter van DommeleLa falta de compromiso con la empresa, combinada con la ausencia de satisfacción en el trabajo, puede generar empleados capaces de intoxicar e incluso corromper el buen funcionamiento interno de la empresa. Este tipo de empleados, que no colaboradores, son a los que llamamos terroristas internos.
Los terroristas
Son aquellos empleados que están insatisfechos, y que no se sienten comprometidos. Queda claro que disponer de este tipo de empleados dentro de la organización está lejos de ser ideal, por no decir algo peor, tanto para el empleado mismo, como para la organización. Este tipo de empleado es un terrorista potencial, es el típico que siempre está creando mal ambiente, a menudo de forma poco visible, siempre en contra de todo y envenenando a sus compañeros.

Lo mejor sería despedirlo, pero puede resultar muy difícil identificarlo o bien hacerlo. Si existe más de un potencial terrorista, el problema crece e inevitablemente puede llevar en algún momento a confrontaciones de mayor calibre. Saber cuántos hay en la empresa, en qué departamentos están y qué características tienen, es una información valiosa para cualquier directivo.

Los apóstoles
Es justamente el perfil contrario al Terrorista. Tienen una alta satisfacción y un gran compromiso y nos proporcionan una situación que es casi ideal. Empleado y organización están tan contentos el uno con el otro, que el empleado; o en éste caso sí lo podemos llamar colaborador, hace de comisario de la empresa: es el apóstol.

Estar comprometido y sentirse satisfecho es lo que llamamos tener ilusión por el trabajo. El objetivo de la gestión de la ilusión por el trabajo es conseguir cada vez más empleados satisfechos y comprometidos en y con la empresa, con una orientación clara a satisfacer a los clientes internos y finales.

Los mercenarios
Son aquellos empleados que obtienen una puntuación alta en satisfacción, pero baja en compromiso, se encuentran a gusto, dejan que les mimen (sueldo, coche, beneficios sociales), pero a la hora de la verdad no harán ningún esfuerzo extra para la organización. En cuanto otra organización les ofrezca más dinero u oportunidades, se irán. Son los llamados “mercenarios”, personas fácilmente identificables, son inevitables pero manejables, y están presentes en todas las empresas. Deberían ser pocos los mercenarios para evitar así una dependencia peligrosa. Invertir en gestionar su compromiso con la empresa y así aumentar su ilusión diaria será una inversión rentable, que puede llevarse a convertirse en los necesarios apóstoles organizacionales.

Los rehenes
Las cosas cambian cuando hay un gran compromiso y una baja satisfacción. Los empleados que se encuentran en esta situación dan más de lo que razonablemente pueden dar y poco a poco se “queman”. En otras palabras, estos empleados son unas victimas (potenciales), son los rehenes de su propio compromiso con la empresa, que corren un riesgo creciente de acabar en el cuadrante de los terroristas...

Y ahora...la crisis
Muchas empresas reaccionan a la crisis con recortes en formación y en la gestión de sus empleados. El pensamiento corto placista domina, mientras el contrario es más que nunca el necesario. ¿Cómo salimos de la crisis con empleados sin compromiso y satisfacción laboral?

Creatividad, innovación, pro-actividad, dar un 10% extra, nos hace una empresa resistente, ganadora y bien preparada para mantenernos en ésta crisis y para salir fuertes para cuando esta termine. Pero qué sucederá si seguimos recortando en formación y desarrollo, y en gestionar el compromiso y la satisfacción de los empleados. ¿Qué pasará con cada uno de los perfiles?

- Los mercenarios ya no se van tan fácilmente. Ahora hay poca oferta de trabajo, por lo que se mantienen en su puesto aunque su compromiso es mínimo. La pregunta es: ¿Qué aportarán realmente? ¿No sería el momento de activarlos y de aumentar su compromiso para conseguir que den más de sí?

- Los rehenes, ¿Cómo estarán? ¿Desilusionados, con miedo? ¿Tirarán la toalla? ¿Se acabarán convirtiendo en terroristas? Si no les cuidamos, perderán su compromiso, y así, perderemos todo.

- Y los apóstoles, ¿Cuántos apóstoles nos quedan realmente? ¿Estamos cortando las alas a los que más aportaban a la empresa?

- Y los terroristas, este grupo temible y desagradable, ¿Se instalarán todavía más aún en su rol de terroristas? ¿Conseguirán ganar adeptos?

La actual gestión de la crisis, con recortes en formación y desarrollo, ¿Nos esta llevando a no seguir enfocándonos en desarrollar el compromiso y satisfacción de nuestros empleados? Conlleva esta decisión el riesgo de un creciente numero de terroristas en la organización? ¿Dejaremos en manos de los terroristas internos a nuestros clientes y contactos en un mercado cada vez más difícil?
Gestionar el compromiso de los empleados con la empresa y gestionar la satisfacción en el trabajo de los empleados es ahora más que nunca importante, aunque se disponga de menos fondos y más dificultades, existen muchas formulas para hacerlo. Es importante, y sobre todo, urgente. Y es ¡Un verdadero reto!
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