Inversión, colaboración y formación: la única vía para reducir el desempleo juvenil en España
David Casanova,
Head of People Development de BSH Electrodomésticos España

El desempleo juvenil es uno de los grandes desafíos a los que se enfrenta nuestro país. España es actualmente uno de los países con los peores indicadores a nivel mundial, con una tasa de desempleo en este colectivo superior al 26%, mientras que la media mundial ha descendido al 13% de acuerdo con los últimos datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Esta situación no solo refleja una dificultad estructural para integrar a los jóvenes en el mercado laboral, sino también un problema de fondo en cuanto a la calidad y estabilidad de los empleos que se les ofrecen, una realidad que repercute en otras muchas áreas de nuestra sociedad. Y es que, en España también lideramos otro ranking, el de la emancipación; según los últimos datos del Observatorio de la Emancipación, los jóvenes españoles se independizan a los 30 años, cuatro años más tarde que la media europea, y destinan el 92% de su sueldo a pagar el alquiler.
El llamado “skills mismatch” -o desajuste de competencias- es un concepto que cobra especial relevancia en este asunto. Este término hace referencia a la desconexión que se produce entre las habilidades con las que los jóvenes salen del sistema educativo y las necesidades reales del mercado laboral. Una desconexión a la que debemos prestar atención pues no solo limita la posibilidad de los recién graduados de encontrar empleo, sino que reduce la competitividad de las organizaciones al dificultar la búsqueda de talento. En este escenario, tanto universidades como empresas tenemos una gran responsabilidad: colaborar estrechamente y abogar por la colaboración público-privada si queremos poner fin a esta problemática.
En el sector tecnológico, este desajuste de competencias se vuelve especialmente evidente. Durante la última década, la demanda de perfiles especializados en el sector TIC se ha disparado, impulsada por la digitalización masiva y la transformación digital que atraviesan todos los sectores. No obstante, la oferta de talento capacitado no ha crecido al mismo ritmo. Según el informe “Anatomía de la brecha de talento tecnológico” de DigitalES, España necesita incorporar más de 1,39 millones de especialistas en TIC para alcanzar los objetivos marcados por la Comisión Europea. Para ello, necesitamos soluciones efectivas como la Formación Profesional Dual, que permitan reducir esta brecha y asegurar que el talento tecnológico disponible en España esté alineado con las demandas del mercado.
Este modelo educativo permite que los estudiantes alternen el aula y el entorno laboral, aplicando en la práctica los conocimientos adquiridos y ajustando su formación a las demandas específicas de cada sector. Pero su implementación en España sigue siendo limitada; a pesar de que la FP Dual se introdujo en nuestro país hace más de una década, tan sólo un 4% de los estudiantes de Formación Profesional optan por esta modalidad, - ahora, con la ley Orgánica 3/2022 de “Ordenación e Integración de la Formación Profesional” pasa a llamarse FP Dual Intensiva –. Una realidad que contrasta notablemente con países como Alemania, donde la dualidad entre formación académica y práctica profesional se ha consolidado como uno de los motores principales para el desarrollo de una fuerza laboral altamente cualificada y adaptada a las necesidades empresariales.
La diferencia entre España y el país germano no radica solo en una cultura laboral y educativa diferente, sino también en la inversión y los incentivos que se brindan para que empresas, especialmente pequeñas y medianas, puedan implementar este tipo de formación. En España, donde más del 95% de las empresas son pymes, el esfuerzo que estas organizaciones deben hacer para participar en programas de formación dual es muy significativo. Además de los costos económicos, muchas veces carecen de los recursos humanos y logísticos para asumir el rol de formadores y tutores de nuevos talentos. Esta situación pone en evidencia la necesidad de mayores incentivos y presupuestos para que las empresas se impliquen de forma real y efectiva. Se requiere una inversión estratégica que impulse a las pymes y, en general, a todas las organizaciones, a convertirse en agentes activos de la formación de las nuevas generaciones.
Debemos dar una respuesta conjunta que sea contundente y efectiva para poder combatir la alta tasa de desempleo juvenil y la brecha de habilidades tan recurrente que caracteriza el mercado laboral, y donde herramientas como la FP Dual son claves para conseguirlo - especialmente en sectores como el tecnológico –. Sin embargo, su potencial solo se materializará si se apuesta firmemente por este modelo desde todos los frentes: incentivando a las empresas a formar parte de la solución, dotando sobre todo a las pymes de recursos para asumir los costes económicos y organizativos; adaptando la formación a las necesidades cambiantes del mercado laboral; reforzando la formación y los recursos disponibles para tutores de empresa y de centro educativo; mejorando la orientación profesional y el conocimiento de la FP Dual entre jóvenes y familias para incrementar su atractivo; y fomentando una cultura de colaboración entre el mundo académico y el empresarial.
Asumir este reto es una responsabilidad compartida que solo lograremos a través de un esfuerzo conjunto, donde reducir la brecha de talento y mejorar las oportunidades laborales para nuestros jóvenes y las siguientes generaciones debería ser nuestro principal objetivo.