Revista digital
TRIBUNA
julio 2020

El teletrabajo sí…trabajo presencial también

Francisco López,
COO de Burson Cohn & Wolfe

 
Francisco LópezLa pandemia que está sufriendo el mundo y que en España se mostró de una forma virulenta la pasada primavera ha producido y producirá importantes cambios en todos los ámbitos: personal, social, económico, salud pública, ocio, etc. Pero dentro de estos cambios hay uno que llama especialmente la atención por las implicaciones que tiene en la mayoría de nosotros y, también, por la rapidez y eficacia con la que se ha producido: el ámbito laboral.
En el ámbito laboral, la irrupción del teletrabajo ha demostrado su eficacia, su capacidad de optimización de tiempos y recursos y el impacto en la motivación del empleado. Esta herramienta que permite una mayor flexibilidad en las relaciones con los equipos, clientes y demás grupos de interés ya llevaba años implantada de forma bastante extendida en sectores proclives al cambio y mucho más incipientemente en aquellas empresas de sectores donde cualquier percepción de lejanía con el cliente podría ser percibida negativamente. Se ha demostrado su éxito y, ante la llegada del COVID, ha habido empresas que han estado mejor preparadas para responder de forma rápida a un reto como ha sido tener desplazada a toda la plantilla. Otras han tenido que acelerar en unas pocas semanas para poder afrontarlo pero creo que, en general, ha sido un enorme éxito empresarial.

Pero este cambio forzado ha hecho que se empiece a hablar del teletrabajo como la panacea a todos los problemas que plantean los empleados en el ámbito de la flexibilidad y conciliación. Es verdad que optimiza tiempos, humaniza al permitir entrar el entorno personal e incluso familiar del otro (quien no ha conocido por fin a la mascota o al hijo de su cliente/compañero…), te permite organizarte más eficazmente, reduce reuniones, gestiones innecesarias y el estrés consecuencia de los tiempos de desplazamiento a/desde la oficina, etc. Pero es también cierto que ha dificultado la desconexión digital, con una actividad que va más allá de los horarios laborales, ha complicado la división trabajo/ocio en las relaciones personales (sobre todo con los hijos), ha motivado una excesiva ‘demostración’ de lo que cada uno está haciendo para que no parezca que hay tiempos muertos o falta de actividad, etc. Seguramente esto se irá ajustando y se asentará más si cabe la importancia de valorar los objetivos que logra un trabajador más que las horas que necesita para lograrlo.

Esta valoración tan positiva del teletrabajo ha ocasionado también una corriente de opinión que se dirige a pensar que, a partir de ahora, ya no es necesario ir a la oficina y que sobran la mayoría de las reuniones presenciales. Esto es aventurado y la evolución quizás nos demuestre que erróneo. Las empresas empiezan a percibir que los empleados desean volver a la oficina e incluir en su rutina la asistencia presencial. Quizás con más flexibilidad y menos tiempo semanal que antes, pero lo echan de menos. Esta es una prueba de lo necesario que es el equilibrio entre el trabajo presencial y virtual.

Otra prueba es la percepción de los clientes. En una encuesta que hemos desarrollado a nuestros clientes para conocer su percepción sobre el trabajo desarrollado por nuestros consultores durante la pandemia y el reto del teletrabajo, la inmensa mayoría ha considerado que el teletrabajo ha mejorado la experiencia y afirman haberse sentido especialmente apoyado. Además consideran que los resultados obtenidos son tan buenos o mejores, así como la disponibilidad del equipo, la flexibilidad y capacidad de reacción, la proactividad y la creatividad. Incluso nos han dicho que las reuniones virtuales deben primar en el futuro para optimizar tiempos!

Estos resultados demuestran la positiva valoración del trabajo virtual pero también hemos notado en comentarios y valoraciones de muchos clientes lo que para nosotros es clave, al igual que para todas las empresas de servicios o que tengan una relación cercana y de valor con sus clientes: esta nueva dinámica no debe reducir la humanización de la relación y todos los elementos positivos que aporta una relación no virtual con el cliente (y con empleados, proveedores y otros stakeholders). Es decir, que el teletrabajo haya llegado para quedarse de forma generalizada sí, pero que eso no implique que las relaciones personales se reduzcan en calidad. Al revés, saber balancear relación virtual-presencial es la clave y que estas últimas se produzcan cuando el momento, el tema a tratar, la situación y la dinámica lo requieran.

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