De la igualdad a la equidad: cómo pueden las empresas apoyar el progreso de la mujer
David Cuenca,
Presidente de CHEP Europa
En los últimos años, he leído mucho sobre el equilibrio de género. Afortunadamente, se está convirtiendo en una parte integral de la conversación social y, lo que es más importante, de los objetivos de gobiernos y empresas. Sin embargo, me he dado cuenta de que muchas veces el equilibrio de género se vincula al concepto de igualdad y no tanto a la idea de equidad.
A medida que he ido investigando, he comprendido que la igualdad se basa en tratar a todos por igual, mientras que la equidad consiste en tratar a cada uno de forma justa, en función de sus respectivas necesidades. La igualdad supone que todo el mundo parte del mismo punto, pero en realidad las personas se enfrentan a diferentes barreras y retos que pueden dificultarles el éxito. La equidad consiste en reconocer dichas diferencias y tratar de proporcionar el apoyo y los recursos necesarios para igualar las condiciones.
Por eso, cuando se trata de garantizar el equilibrio entre hombres y mujeres en el lugar de trabajo, la equidad es esencial. Tenemos que reconocer que algunos colectivos, incluidas las mujeres, han sido marginados durante siglos, lo que ha creado estereotipos y prejuicios que persisten hoy en día. Lograr una verdadera igualdad exige abordar de frente estas desigualdades y barreras, ya estén relacionadas con prejuicios en las prácticas de contratación y promoción, con la falta de oportunidades de acceso a la figura del mentor profesional o con la desigualdad salarial.
Crear equidad en el lugar de trabajo no es sólo una cuestión de justicia, sino también una estrategia empresarial inteligente. Las empresas que apuestan por la diversidad suelen ser más innovadoras, ágiles y rentables. Al adoptar la equidad y esforzarse por lograr un equilibrio entre hombres y mujeres, las compañías pueden aprovechar todo el potencial de su personal y crear un lugar de trabajo más dinámico y exitoso.
Un informe de WTW Investments muestra que los equipos con mayor diversidad de género obtienen mejores resultados de inversión. A pesar de ello, aún queda un largo camino por recorrer para acabar con la brecha salarial entre hombres y mujeres en el mundo, teniendo en cuenta que el Informe Global sobre la Brecha de Género del Foro Económico Mundial estima que se necesitarán otros 132 años para alcanzar la paridad.
Por eso, en CHEP nos comprometemos a hacer realidad el equilibrio de género: nos hemos fijado el objetivo de tener un 40% de mujeres en puestos directivos para 2025 y la paridad en dichos puestos para 2030. En un sector como el de la cadena de suministro, donde históricamente ha habido una presencia mayoritariamente masculina, alcanzar este objetivo es un paso importante para cambiar la realidad actual y algo de lo que, personalmente, me siento muy orgulloso. Para lograrlo, estamos creando grupos de orientación y apoyo entre compañeros para ayudar a las mujeres a avanzar en sus carreras, y estamos aplicando políticas de trabajo flexible para contribuir a una mejor conciliación laboral y familiar.
Mi futuro, y el de todos, debe construirse sobre la base de una cultura de inclusión en la que todos se sientan valorados y respetados, independientemente de su sexo o procedencia. Donde las empresas escuchen las voces de sus empleados y creen un entorno en el que todos se sientan seguros y respetados para poder prosperar.
La igualdad de género es el objetivo final, sí, pero sólo podrá alcanzarse mediante la equidad.