Las cinco habilidades de los innovadores
Juan Liquete,
secretario general de Club Excelencia en Gestión
“El ADN de los Innovadores” es un trabajo realizado hace un par de años por Jeffrey H. Dyer, Hal B. Gregersen y Clayton M. Christensen. En este trabajo se describen los hábitos de gente como Steve Jobs, el hasta hace unas semanas visionario líder de Apple, y otros grandes innovadores actuales, veinticinco en total, que están cosechando grandes éxitos con su característica manera de pensar y actuar. El resultado de este trabajo de investigación revela actitudes, comportamientos y habilidades comunes entre todos ellos, que les distinguen de la mayoría de directivos.
Entonces, ¿qué actitudes, comportamientos y habilidades caracterizan a estos denominados monstruos de la innovación? Y, si ha sido posible descubrirlas, la pregunta que todos nos hacemos es ¿podría el resto de nosotros emularlas?
Antes de responder, déjame decirte que estudios realizados con personas gemelas idénticas, separadas al nacer, indican que nuestra habilidad para pensar de forma creativa, viene dada, en una tercera parte, por la genética y, en las dos terceras partes restantes, por el aprendizaje: comprender las particularidades de cada habilidad, practicar una y otra vez con ellas y, finalmente, interiorizarlas.
Veamos ahora en qué consisten dichas cinco características.
Cuestionar, desafiar hipótesis, es lo que les permite romper con el status quo y descubrir nuevas posibilidades. Steve Jobs no cejó en su empeño hasta lograr que su iPhone se controlara desde un solo botón, a pesar de que los ingenieros de Apple insistían reiteradamente en considerarlo un deseo imposible. El resultado ya lo conocemos, el iPhone se controla desde un solo botón.
Observar, hasta los más pequeños detalles relativos al comportamiento y actividades de clientes, proveedores y otras compañías, es lo que les permite identificar problemas aún no resueltos o nuevas formas de hacer las cosas. iTunes e iPod son fruto de la pasión de Steve por la música y de su deseo de llevársela a todas partes con él, de una manera sencilla y muy práctica.
Experimentar, poniendo a prueba nuevas ideas y explorando sus posibilidades. Cuando pensamos en experimentos nos acordamos de científicos en bata blanca o de inventores como Thomas Edison, de gente que experimenta con nuevas ideas fabricando prototipos o lanzando experiencias piloto. ¿Imaginamos a Steve Jobs destripando un Sony Walkman para juguetear?
Networking, con toda clase de directivos o personas de muy diferentes perfiles, les permite obtener perspectivas muy distintas y contrastar sus propias reflexiones. Para ello visitan otros lugares, se reúnen con gente de distintos ámbitos o disciplinas, asisten a conferencias impartidas por artistas, emprendedores, académicos o científicos que muestran sus nuevas ideas y proyectos con pasión, o participan en redes de intercambio de experiencias con el propósito de ampliar sus horizontes de conocimiento.
Asociar, las cuatro pautas de acción anteriores, persiguiendo cultivar nuevos conceptos conectando problemas e ideas aparentemente inconexas. Para Steve Jobs “creatividad es conectar cosas” y eso es lo que hizo con el primero de sus iPods y con el resto de dispositivos que vinieron después: iPhone, iPad, iTunes.
En definitiva, el comportamiento innovador puede desarrollarse y fortalecerse a través del entrenamiento y la práctica. Hoy la mayoría de directivos comprende que es importante desarrollarlo, pero muchos desconocen aún el proceso, el paso a paso para alcanzar los resultados que persiguen, y el lugar, “el gimnasio” donde practicar.
Con formación, coaching y desarrollo de habilidades, se pueden obtener grandes progresos. Me refiero a progresos en la propia capacidad para innovar, y, además, para innovar no solo en el desarrollo de nuevos productos y servicios, sino también en el desarrollo de nuevos negocios o mejora de los existentes y en la mejora de procesos.
En cualquiera de los casos, lo primero es asignar tiempo, tanto uno mismo como el resto del equipo, para cultivar el pensamiento creativo y experimentar con nuevas ideas, es decir, para practicar la innovación, sin olvidar que poco a poco habrá que ir sistematizando y organizando el proceso de aprendizaje o transformación, estableciendo objetivos medibles.
Ahora ahí van algunos consejos adicionales para desarrollar tu propia capacidad innovadora. Construye una cartera de contactos para networking más allá del círculo de contactos cercanos; apúntate a una o varias asociaciones profesionales que ofrezcan oportunidades para reunirse y trabajar en grupo con directivos de, incluso, otras disciplinas; conócete mejor solicitando una evaluación de tus fortalezas y debilidades para la innovación; asiste a seminarios sobre el uso y aplicación de herramientas relacionadas con la creatividad y la innovación; trabaja sobre los resultados que arrojen las evaluaciones que hayas solicitado hacerte y hazlo con la ayuda de un coach, en aquellos aspectos relacionados con tus comportamientos y actitudes que lo requieran.
Alcanzar la excelencia en innovación es algo que tampoco está a nuestro alcance. Se trata más bien de un camino que nunca tiene fin y no de un destino. Durante ese recorrido a lo largo de nuestras vidas, es bueno preguntarse regularmente, ¿cómo puedo seguir mejorando mis habilidades para la innovación? y continuar aprendiendo. Al fin y al cabo, ¿alguno de nosotros confiaría el desarrollo y crecimiento de su empresa, a alguien con pocas habilidades para la innovación? es decir, a alguien incompetente en una de las competencias más eficaces hoy, tanto para el crecimiento como para la internacionalización?