TRIBUNA
noviembre 2019

Las mentiras del talento

María Villaraviz Goberna,
Innovación de RRHH y facilitadora de Coocrea Coonsultora

 
María Villaraviz GobernaQuienes nos dedicamos al mundo de los RRHH sabemos que estamos en una época en la que sí o sí tenemos que hablar de talento. Bien sea para captarlo, o bien sea para fidelizarlo. Dedicamos tiempo de nuestras jornadas a buscar la fórmula secreta que nos haga tener éxito en nuestros procesos de atracción, de selección y de fidelización. Soñamos con encontrar personas que encajen en nuestras organizaciones, que quieran quedarse y que, además, sean nuestros mejores prescriptores, pero no queremos a cualquier persona, si no que lo que queremos es que sean personas con talento.
Y en este punto es donde empieza a fallarme el modelo y es que siempre que me enfrento a esta reflexión me asaltan las mismas dudas: ¿talento en qué?, ¿talento para qué? Y, sobre todo, ¿qué es talento? Si buscamos la definición académica en la RAE, nos da cuatro acepciones:

1. m. inteligencia (capacidad de entender).
2. m. aptitud (capacidad para el desempeño de algo).
3. m. Persona inteligente o apta para determinada
ocupación.
4. m. Moneda de cuenta de los griegos y de los romanos.

Pues de todas la que más me cautiva es la número cuatro, porque es esta definición la que me conecta con una parábola bíblica (Evangelio de Mateo (25,14-30)) que creo que nos acerca de un modo muy ilustrativo al tema sobre el que estamos tratando. No voy a hacer una exégesis bíblica, solo voy a recordar de un modo muy breve la historia que se narraba para luego conectarla con el talento en la empresa. Dice esta parábola que el señor de la casa le dio a cada uno de sus criados unos talentos para que se los cuidaran mientras él estaba fuera. A uno le dio cinco talentos, a otro le dio dos y al tercero le dio uno. Cada criado resolvió esta petición como creyó que era mejor: el que recibió cinco los invirtió y ganó otros cinco; el que tenía dos hizo lo mismo y también duplicó sus talentos; el tercero tenía miedo a perder el que le habían dado y lo enterró para que no se perdiera. Hasta aquí el relato, que continúa, pero creo que con esto tenemos suficiente para plantear la definición:

El talento tiene mucho que ver con los recursos personales que tenemos, descubrirlos y saber qué hacer con ellos. Y también son recursos materiales para poder conectar con ese talento y hacerlo crecer.

El talento es la destreza para hacer que esos recursos se multipliquen y sean una fuente de crecimiento constante. Es la habilidad para saber dónde invertir ese talento y no malgastarlo. Porque una mala inversión nos puede hacer perder todo.

El talento necesita entrenamiento, porque si solo tenemos el recurso y la destreza, a lo mejor acabamos enterrándolo para no perderlo, por eso es tan importante sacar nuestra mejor versión a través de la puesta en práctica, sabiendo que nos podemos equivocar, porque equivocarse no es enterrar el talento. Y, también, aprendiendo de los entrenadores que tenemos cerca.

Y talento también es pasión, porque si se dan los tres ingredientes anteriores, solo puedes apasionarte con tu talento.

Con esto, hemos empezado a pintar esta definición como una mezcla de recursos, destrezas, entrenamiento y pasión. Nada nuevo, nada que no hubiéramos escuchado o pensado antes.

Cuando llego aquí es cuando empiezo a pensar en las mentiras del talento, pero no desde el individuo con talento, si no desde el planteamiento que hacemos desde RRHH. A veces me da la sensación, discúlpenme si me equivoco, de que realmente no buscamos talento, si no que lo que buscamos es que las personas encajen en lo que nosotros hemos definido como talento a nivel organizativo. Si realmente buscáramos talento, saldríamos a buscarlo, no pensaríamos en una DPT y no estaríamos enfocados en el encaje de la persona con el puesto, lo que haríamos sería algo parecido a lo que se hace en los espectáculos de talento como “Go Talent”, “La Voz” o cualquiera del estilo, miraríamos a la gente a la cara y le preguntaríamos: “Cuál es tu talento”. Le diríamos: “Demuéstramelo”. Y si fuéramos capaces de ver ese talento, haríamos lo posible para que se viniera con nosotros porque el talento siempre tiene espacio en las empresas, aunque para eso hemos de ser plataforma de entrenamiento y fuente de pasión, solo así se cerrará el círculo talentoso. Y en vez de tener esos cinco talentos con los que partíamos nos habremos deleitado con los diez que hemos conseguido. El talento siempre nos hará crecer.
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