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TRIBUNA
noviembre 2022

Coaching en tiempos de crisis: ¿quién se aprovecha de quién?

Enrique Jurado,
CEO de Darte Human and Business School

 
Enrique JuradoParece que desde la catastrófica caída de Lehman Brothers en 2008 vivimos hilando crisis. Quizás entre el 2015 y el 2020 tuvimos las aguas más calmadas, pero el 2020 nos agitó con fuerza y la guerra de Ucrania y sus consecuencias internacionales, así como el cada vez más palpable cambio climático, han terminado de poner la puntilla.
Estamos en tiempos convulsos donde no solo hablamos de crisis económica, sino también social. Y lo que más me preocupa es que si vemos cualquier informativo parece que esta espiral de negatividad a todos los niveles va a continuar en una especie de círculo infinito.

No quiero ser naif y decir que no está la cosa tan mal. La realidad es la que es. Pero tampoco quiero verme arrastrado por la inercia de la incertidumbre. El coaching es lo que me ha permitido, aprender a planteármelo todo con perspectiva, a ver más allá, y creo que es lo que a muchos también puede ayudar para salir del bloqueo general existente de ‘no saber qué hacer’ ante un futuro que se ve más incierto que nunca. ¿Te parece oportunista esta afirmación? Tranquilo, no eres el primero que me lo dice (ni serás el último)


¿Te vas a aprovechar de la crisis?

Cuando se me ha ocurrido plantear alguna vez en estos tiempos que la demanda del coaching crece porque los coaches podemos ayudar a muchos a encontrar su brújula en esta realidad tan a la deriva en la que nos encontramos, no han sido pocos los que se me han echado encima. A mí, y a cualquiera de mis colegas de profesión que ose a decirlo.

La palabra que más suelen emplear es la de ‘oportunista’: estamos aprovechando la desazón de las personas para ‘arrastrarles’ a que hagan sesiones de coaching. Vamos, poco más que nos estamos lucrando de las desgracias ajenas.

Lógicamente, esto hace que me hierva la sangre. Por un lado porque aún hay quien sigue pensando que el coaching realmente profesional carece de ética y de moral; y segundo, porque nos cuesta dejar de lado la imagen de curanderos que vamos por los pueblos ofreciendo fórmulas mágicas secretas contra sus males.

Tras la pandemia del Coronavirus se ha desbordado la demanda de psicólogos y psiquiatras ante el deterioro en salud mental que muchos han padecido en una situación que no habíamos vivido nunca. Se ha aplaudido (y me uno a ese aplaudo) ese paso por apostar por esa esfera de la salud hasta ahora en segundísimo plano y no creo que haya muchas voces (siempre habrá alguien, por desgracia) que diga que ‘vaya negocio estaban haciendo los profesionales de la salud mental a consecuencia de esta crisis’.

Sigue creciendo la demanda de coaching, y es un hecho que en estos tiempos es cuando más se recurre a él, pero la diferencia con el ejemplo del párrafo anterior es que el foco se pone en que nosotros somos los que parece que buscamos a los coachees como embaucadores, y no son ellos los que deciden buscar nuestra ayuda.


Nadie engaña a nadie

Ahí está el problema: en dónde se pone el foco con respecto a los profesionales del coaching. En cómo en muchos casos se sigue ignorando que, aunque no tengamos un colegio oficial como tal, sí que buscamos la acreditación por asociaciones como ICF o ASESCO y que es requisito imprescindible seguir un riguroso código ético y profesional.
No vamos por libre.

Mientras esto no se conozca, seguiremos siendo unos mercachifles de tomo y lomo para la gran mayoría. No nos anunciamos como cualquier otro profesional para ofrecer nuestros servicios, sino que siempre lo hacemos con algún tipo de intención oscura detrás que pasa por engatusar a necios y desesperados.

Y si me molesta que piensen eso de mí como profesional, ni te cuento lo que me cabrea que se considere como alguien sin personalidad a nuestros coachees, carentes de juicio ni de poder de decisión.

En realidad las personas que llegan hasta nosotros, los coachees, son personas con una capacidad de conciencia bastante superior a la media. Son individuos que comprenden de que necesitan el apoyo y la ayuda en un terreno que no es de salud, sino de toma de decisiones y de acción, y buscan y buscan hasta que encuentran justo lo que necesitan.

No les deslumbramos de repente con nuestro mail marketing, ni con nuestros mensajes en redes sociales, ni con nuestros anuncios. Analizan y preguntan sobre la oferta como lo haría cualquier persona cuando busca un servicio. Y ya está. No hay más. ¿Que hay pseudocoaches que se aprovecharán de algunos indecisos? Como también hay falsos médicos que supuestamente curan enfermedades incurables. Y a todos ellos les deseo un huequito en el infierno.


Quién se aprovecha de quién

En tiempo de crisis claro que los coaches tendremos más trabajo. La gente está más indecisa y buscarán respuestas para poder seguir avanzando. Y en ese caso, esos clientes serán los que se aprovecharán de nosotros para que podamos ayudarles a explotar esos recursos internos que les permitirán llegar donde quieren a pesar de la incertidumbre.

No me importa gritarlo a los cuatro vientos: quiero que quienes soliciten mis servicios se aprovechen de mí al máximo. Porque aprovechar no es una palabra negativa per se, sino que lo es el tono y el significado que le demos.

En tiempos de crisis el coaching realmente genera un flujo positivo máximo: los clientes ‘aprovechan’ nuestro acompañamiento y la sociedad se beneficia de nuestra labor, de lo que esa persona con nuevos recursos va a poder aportarle.
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