Revista digital
TRIBUNA
julio 2021

Poniendo a la PNL en su lugar

Enrique Jurado,
CEO de Darte Human and Business School

 
Enrique JuradoHace casi 20 años que la Programación Neurolingüística llegó a mi vida y le dio un giro radical. Tras años lidiando con un trastorno de ansiedad generalizada, la habilidad que esta metodología me proporcionó me permitió aprender a hacerle frente y entenderme mejor a mí, a mis procesos mentales y el porqué de muchas cosas en mi vida. Con ello no solo conseguí hacer cambios positivos en el plano personal, sino que descubrí que esta disciplina era un complemento perfecto para potenciar mis estudios y mi profesión como coach.
De ahí que actualmente mi carrera profesional no solo esté centrada en la formación en coaching, sino también en PNL. Esta disciplina no solo aporta unas técnicas y dinámicas que nos ayudan como coaches, sino que en sí misma es interesante estudiarla para aplicar en muchos planos y esferas de la vida.


Quien se adentra en su estudio consigue entender cómo nuestros procesos mentales y comportamientos, así como el lenguaje que usamos, influye en cómo pensamos y, por ende, en los resultados que obtenemos en todo lo que hacemos. Pero también quien estudia PNL aprende algo muy valioso: cómo modelar a otros que consideramos exitosos observando sus comportamientos y lenguaje para extraer lo que les hace ser brillantes y llevarlo a nuestro terreno.


A pesar de lo transformadora que puede resultar la Programación Neurolingüística, sigue habiendo muchos escépticos en torno a su verdadera capacidad de acción y me topo a diario con muchas más dudas a la hora de estudiarla que cualquier otra formación relacionada con el desarrollo humano.


¿Y por qué puede ser esto? Lo tengo bastante claro: porque su evolución ha estado marcada por divisiones internas y faltas de consenso que han ayudado a que haya sido en muchas ocasiones prostituida y entendida erróneamente, además de denostada. Por suerte, eso sí, la tendencia está cambiando.


Un inicio de la PNL ‘accidentado’

La PNL nació en Estados Unidos a principios de los años 70 de la mano de Frank Pucelik, Rrichard Bandler y John Grinder, que fueron los pioneros en descubrir que existía esta metodología y cómo podía usarse como herramienta de modelado de la excelencia. Pero incluso antes de que la llamaran así (en sus inicios la conocieron como META), aparecieron las discrepancias entre ellos. Frank Pucelik abandonó el grupo de estudio a mediados de los 70 para centrarse más en la Gestalt y en sus propias observaciones sobre la PNL, y Bandler y Grinder fueron los que comenzaron a ‘explotar’ esta recién nacida metodología.


Pero también estos dos padres fundadores dejaron de entenderse en pocos años y a finales de los 70 separaron sus caminos, comenzando a extender y a seguir estudiando la PNL por separado. Pronto, al análisis de los ‘padres fundadores’ de la PNL, se unieron otras corrientes paralelas de estudio iniciadas por los propios pupilos de los co-creadores, como Robert Dilts o Judith Delozier, entre otros muchos que, por suerte, mantuvieron viva la llama de la PNL, pero que también con sus distintos puntos de vista perpetuaron el desconcierto que en muchos casos se ha originado en torno a esta disciplina.


Falta de consenso y de estudios

Cada uno de los diversos estudiosos que han seguido promoviendo la PNL han publicado manuales, libros y enseñado la PNL desde su punto de vista, siguiendo la idea original, pero dándole enfoques diversos y, en algunos casos, contradictorios, provocando así confusión entre las personas que quieren formarse en esta disciplina.


No ha ayudado nada tampoco a mejorar la consideración de la Programación Neurolingüística en el mundo académico el hecho de que hayan sido públicas las rencillas personales y profesionales entre sus fundadores y sus discípulos. Creo firmemente que si esas personas brillantes que fueron los que tuvieron en su mano la posibilidad de desarrollar todo el potencial de la PNL y darlo a conocer al mundo lo hubieran hecho dentro de un paraguas de estudio conjunto y de consenso, no estaríamos en la situación que estamos de escepticismo ante ella.


En la década de los 80 surgieron asociaciones y sociedades para intentar agrupar a los miembros que se iban adentrando en el estudio de la PNL, pero como he explicado antes, la división y disparidad de opiniones no contribuyeron precisamente a que muchas pudieran salir adelante. Y de igual forma, esas disputas no dejaron que florecieran estudios que demostraban su potencial, clave para establecer las bases de una credibilidad científica.


Fruto del desconcierto no es de extrañar que, como en todas las situaciones de caos, pronto salieran a la palestra también los aprovechados de turno que vendían la PNL casi como una poción mágica basada en 4 técnicas para aprender en dos días. Lógicamente esto contribuyó aún más a generar confusión sobre lo que era realmente la PNL y, por supuesto, hizo sacar las garras contra ella a algunos profesionales (psicólogos y psiquiatras principalmente) que, en otras circunstancias, la hubieran acogido como una técnica de gran utilidad para usar en sus terapias.


Después de la tormenta...

Parece que el cambio de siglo sentó bien a la PNL y las aguas más calmadas de las discrepancias internas, junto al desarrollo del mundo del coaching que sí apostaba por ella y que la volvía a ir poniendo en su lugar, han contribuido a que esté creciendo el interés y el prestigio de la misma.


A esto hay que sumar que ya sí se están consolidando en este siglo asociaciones que aglutinan a los profesionales que la estudian, que establecen un marco unificador de la formación y enseñanza en PNL y que, además, están potenciando la celebración de congresos para promover su estudio y dar voz y difusión a las investigaciones y observaciones que se hacen sobre la metodología.


A nivel internacional la más importante es la ANLP. Creada en 1985 se disolvió a principios de los 2000 por sus propias divisiones y por problemas económicos, pero resurgió con fuerza en 2008 velando por el estudio y la difusión de la PNL a nivel internacional. Tengo la suerte de ser embajador en España de la misma y me enorgullece comprobar las publicaciones que desarrolla y, especialmente, los documentos de investigación que va aglutinando en su web y que todos pueden consultar.


A nivel nacional, la AEPNL, la Asociación Española de PNL, fundada en 1995, no ha dejado de trabajar desde entonces para que sus objetivos de fomento de la investigación científica de la PNL, de promoción y conocimiento, así como de salvaguarda de la correcta aplicación de la misma, sean una realidad.


Merece una mención especial el NLP Leadership Summit (la Cumbre de Liderazgo de la PNL), creada en 2012 por Frank Pucelik (co-creador de la PNL) y Michael Hall para que, como en su propia biografía se indica, “formadores y líderes experimentados de la PNL se reunieran y hablaran. Fue una respuesta a la crítica legítima de que los líderes en PNL no hablan entre sí.” Una especie de asociación de la que ya forman (formamos) parte 150 líderes defensores de la PNL que queremos acabar con la falta de consenso en esta disciplina y terminar de consolidar su validez científica dando cabida y difundiendo los estudios que se están haciendo y publicando en torno a ella.


Tengo el convencimiento de que la PNL acabará ocupando el lugar que se merece. Es importante que para ello formadores y estudiosos de esta metodología trabajemos por mantenernos unidos y alejados de rencillas históricas que no nos conciernen.


Por mi parte, en mi escuela, observo cómo el interés por el estudio de esta metodología crece a pasos agigantados y por ello cuido mucho de ofrecer una formación en PNL de calidad (cuento con la ayuda y apoyo de Frank Pucelik, sin duda un plus incalculable) para que quienes se acerquen a ella de verdad consigan entender todo su potencial y puedan, a su vez, hacérselo llegar a los demás.
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