La Ciencia y el Arte de entenderse
Gerardo López-Quesada,
director de Experiencia de cliente de DeCV&Partners
Siempre me ha llamado poderosamente la atención el estudio e interpretación del mundo empresarial y la forma en la que nos relacionamos las personas, desde una perspectiva científica considerando los principios que rigen la evolución biológica.
Dentro del concepto de ecosistema “unidad compuesta de organismos interdependientes que comparten el mismo hábitat”, impera la necesidad de vinculación, incluso colaboración de dichos organismos a través de la generación de enlaces y conexiones dentro del sistema, con el fin último de conseguir beneficios mutuos y prosperidad.
Cuando hablamos de un modelo de interacción ya sea desde un punto de vista biológico, social o empresarial está presente la idea de evolución y transformación que garanticen el éxito y la sostenibilidad. En este sentido, y ahora refiriéndome a las organizaciones empresariales entendidas como entes compuestos por seres racionales, interdependientes y que comparten el mismo hábitat, se hace imprescindible, para garantizar la mencionada sostenibilidad, generar un entorno ó clima laboral perfectamente adaptado a las nuevas circunstancias del medio.
Esto que dicho así, aun cuando sea razonable, podría resultar evidente desde un punto de vista teórico, no lo es tal, si lo llevamos al terreno de la práctica, de nuestro día a día en nuestras organizaciones, donde lamentablemente y de una manera habitual, comprobamos el desajuste entre las expectativas que tenemos los profesionales y las posibilidades que nos ofrece el medio, en este caso nuestra empresa y/ó mercado.
Entonces, ¿porqué en un país como España donde se ha escrito y debatido tanto sobre la idea de liderazgo, resulta tan complicado identificar e impulsar los elementos que verdaderamente propician un ecosistema equilibrado, donde los profesionales, en simbiosis con su entorno, perciban que su aportación diaria está en consonancia con su evolución en el medio?.
Posiblemente, al margen de otro tipo de consideraciones igualmente oportunas, estemos ante un problema de confianza, generado en buena parte por un estilo de liderazgo exclusivamente centrado en resolver y satisfacer las necesidades operativas del negocio, pero poco acostumbrado a descender sobre el terreno de las emociones y sentimientos de los colaboradores que desean ser escuchados en aquellas cuestiones que son críticas para ellos y de cuya contribución y “enganche”, no olvidemos, depende la sostenibilidad del proyecto en el medio.
En este punto, habría que preguntarse hasta qué punto el estilo de liderazgo contribuye al desarrollo de un entorno ó ecosistema de confianza, ó viene este condicionado, a través de la expresión de sus comportamientos, por un medio inexorablemente influido por las tendencias y fuerzas del mercado.
Desde mi punto de vista, las iniciativas y actitudes de liderazgo siempre surgen de las personas que estando ó no satisfechas con su medio, deciden dar un paso al frente y sin esperar a que ocurran las cosas se anticipan a los acontecimientos, desarrollan iniciativas y acaban influyendo en la transformación del medio.