Revista digital
TRIBUNA
febrero 2023

Cómo ser un líder estoico

Diego Fernández Requejo,
conferenciante y experto de Estoicismo Organizacional

 
Diego Fernández RequejoFrente a las policrisis ya en acción que atraviesa la humanidad, la propuesta es liderazgo estoico. El termino policrisis pertenece a Nouriel Roubini, el Doctor Catástrofe, tal y como le apodan, y que, en su último libro, ‘Megamenazas’ (Deusto), al parecer detalla (no lo he leído). Más allá de la broma que no lo es, el momento actual invita a tomárnoslo con filosofía, en este caso estoica.
¿Por qué? Los pensadores estoicos vivieron una situación con muchas similitudes a la situación social, económica y política que vivimos en nuestros días (pandemia y postpandemia, guerras, crisis económicas…) y salieron de ellas. A veces bromeo con que ellos vieron ya la película, por eso conocen el final… Y ese final está explícito en su pensamiento.

Por ese motivo entrenarnos como profesionales en el estoicismo organizacional, aplicado al mundo profesional, puede ser una herramienta que nos ayude a adaptarnos a un nuevo contexto y a vivir en él con una clara ventaja competitiva: contar con los elementos necesarios para atender a las cosas importantes, relativizando las que aparentemente más urgen, pero, en realidad carecen de impacto.

Un profesional estoico está sereno en la incertidumbre. Sabe que la incertidumbre es el estado natural de la vida. Y muestra su serenidad porque sabe dónde llevar su atención. Sabe que todo es pasajero, por lo tanto, conoce bien en qué cosas ha de fijarse y, sobre todo qué debe desatender.

Si tuviera que exponer en unas pocas ideas qué es ser un profesional estoico, cómo y por qué nos puede ayudar, diría que:

Atiende al presente. Es un profesional que no se deja frenar por el pasado, pero que tampoco se deja condicionar por el futuro.

Desde luego que sabe de dónde viene, lo valora y lo aprecia. Desde luego que, también, tiene objetivos y metas para los próximos meses y años. Pero es alguien que sabe que lo importante es el aquí y el ahora. Sabe que ya no puede cambiar el pasado y que no puede adivinar el futuro. Por lo tanto, no malgasta su energía ni la de su equipo ahí.

Pone todo su foco en comprender bien el presente, para actuar en él. Esto le permite ahorrar en distractores frecuentes que nos atormentan pensando en “lo que pude haber hecho y no hice” o en los “y si hacemos esto y pasa aquello”.

De nada sirven. Solo hacen ruido, despistan, estresan. Por lo que, un profesional estoico, prescinde de ellos.

Medita a diario sobre la muerte. Aunque dicho así suena trágico, no hay nada más cierto como que todo acabará. En algún momento el proyecto que ahora nos quita el sueño, morirá. Incluso la empresa en la que estamos cerrará o será comprada por una mayor. El puesto que hoy desempeño será sustituido por un robot de Inteligencia Artificial, o, simplemente, ya no será necesario porque el mercado habrá cambiado y lo que hago hoy ya no se necesitará.

Un profesional estoico sabe que es así, tan cierto, como que un río fluye, y no se puede parar su curso, por lo que tampoco se empeña en parar el curso de esta realidad. Es consciente de que todo tiene fecha de caducidad y, eso sí, aprovecha las oportunidades para estar en el lado adecuado del juego.

Dado que todo cambia, es hábil para saber qué es lo que tiene que hacer para estar en el modo correcto, con las competencias adecuadas, sabe adelantarse a la jugada, precisamente, porque es consciente de que todo tiene un final.

Analiza, toma acción y persiste. Es una de las dinámicas más evidentes del profesional estoico. Es alguien que observa y analiza la realidad. Que se fija en ese presente, que ve los datos, que sabe interpretarlos.

Toma acción. No se queda parado, esperando “una mejor oportunidad”. Sabe que las cosas son mejores hechas que perfectas, por lo que implementa, y aprende de los errores. Sabe que el papel lo aguanta todo y que la búsqueda de la perfección es una quimera. Toma acción, aunque esa acción sea imperfecta, porque la realidad es la que mejor enseña el camino. Aprender desde la práctica, desde la realidad del mercado es la mejor escuela.

Y, por último, persiste. Sabe que los resultados no llegan de manera inmediata, que hay que mantenerse para lograr lo que se pretende. Conoce bien esta dinámica y sabe que llegar a la meta requiere el esfuerzo de resistir y mantenerse en el camino.


Controla solo lo que está en su mano

Siguiendo a Marco Aurelio se concentra, exclusivamente, en aquellas cosas que están bajo su control. El día a día del trabajo puede ser estresante. Clientes que atender, proveedores con los que negociar, jefes o empleados con los que lidiar… el desafío de cada día, casi de cada hora, es saber dónde poner la energía.

No siempre tenemos capacidad de solucionar todos los problemas o retos con los que nos encontramos. Hay cosas que, simplemente, no dependen de nosotros: una recesión, una guerra a unos pocos kilómetros, que suba o bajen los precios de la energía o de las materias primas, una crisis de reputación por algo que un trabajador hizo o por algo que dejó de hacer…

En estos casos, da igual lo que uno se empeñe: hay cosas que no están bajo nuestro control. Un profesional estoico es muy consciente de esto. Y se pregunta con cada preocupación: “¿hay algo que, realmente, yo pueda cambiar aquí?”. Si la respuesta es sí, pone su empeño en solucionar. Si la respuesta es “no”, pasa a otra cosa sin más miramientos.

Sencillo que no fácil, ser estoico, o incorporar el estoicismo al día a día del trabajo consiste en aplicar la sabiduría aplicada de aprender cada día más. De preguntarse qué se hizo mal, qué se podía haber hecho mejor y qué acciones se harán para lograrlo.

No habrá programa de coaching, entrenamiento de alto rendimiento y gestión de personas que no tenga entre sus objetivos lograrlo. Quizá ni sean conscientes de que las raíces de sus metodologías nacen en esta filosofía.

Como me gusta decir en mis conferencias, los desafíos de la empresa del siglo XXI plantean preguntas que llevan respondidas más de 2000 años.

Si grandes multinacionales en Estados Unidos están incorporando filósofos a sus consejos de administración no es por otro motivo que porque en tiempos de incertidumbre, de policrisis, es necesario cuestionarse. Es necesario contar con personas que actúen como una chinita en el zapato. Que nos vuelvan los ojos a lo verdaderamente importante en la empresa, a lo que verdaderamente impacta en la cuenta de resultados, que nos cuestionen el origen de las decisiones.

No hablamos de ninguna novedad. El pensamiento estoico no lo es. Lo que sí es nuevo es que, por una vez, el ser humano aproveche todo lo que ya sabe. Lo ponga a trabajar y deje de inventar la rueda una y otra vez.

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