Inteligencia emocional para ser un líder carismático
Rosa Cañamero,
socia de Execoach
Desde hace unos años se habla mucho de la Inteligencia Emocional y Social, numerosos artículos de prensa recogen la importancia de invertir en la formación emocional de los directivos para conseguir una mejora en el rendimiento de sus equipos. Hasta Hollywood nos manda, envuelto en una inocente película de dibujos para niños, el mensaje de cómo las emociones si no las gestionamos correctamente se pueden apoderar de nosotros y cambiar rumbo de nuestras vidas.
Para las empresas y para la sociedad, en general, la gestión emocional se ha convertido en un elemento imprescindible a desarrollar. Los empresarios y directivos quieren de esta manera mejorar el cumplimiento de los objetivos y los resultados de sus organizaciones; y en la vida personal, todos deseamos vivir de manera más plena y feliz.
La formación, el coaching individual y de equipos y el mindfulness son instrumentos que abordan la gestión emocional como una de las competencias clave a desarrollar entre los profesionales.
Somos seres emocionales y las emociones son una parte esencial de nosotros mismos, aunque durante mucho tiempo se hayan ignorado. Afortunadamente desde los años 90 ya sabemos que si las aprendemos a manejar apropiadamente, serán para nosotros una guía que nos proporcionará mucha información, tanto de nosotros mismos como de nuestro entorno. Sin embargo, en el día a día, no siempre le prestamos la atención necesaria a las emociones, ni a las nuestras, ni a las de las personas que nos rodean. Preferimos dejarnos arrastrar por ellas hasta el punto de dejar que tomen nuestras decisiones, dirijan nuestras acciones y controlen nuestras vidas.
En el proceso de ser un líder más inteligente emocionalmente, el primer paso a dar es identificar y aceptar las emociones que experimentamos en cada momento, como propias. Si las proyectamos en los demás y culpabilizamos a otros de cómo nos estamos sintiendo, estaremos perdiendo el control y dejándonos liderar por ellas. Etiquetar una emoción significa que le estamos prestando “atención”. Esto nos ayudará a concentrarnos en ella de forma deliberada y exclusiva, especialmente si no es deseada. Los estudios realizados al respecto y mi propia experiencia constatan que esta técnica de observación, por sí misma, provoca ya una regulación de la emoción y un cambio de conducta: una especie de proceso de autorregulación.
Pero quizás lo más importante de experimentar las emociones, es tener presente que toda emoción aparece para cubrir una necesidad emocional que tenemos, ya sea ésta de supervivencia, reconocimiento, respeto o cariño, y por tanto nos ofrece una información muy valiosa sobre nosotros mismos y también sobre la interpretación que damos a los hechos que percibimos. De ahí que el siguiente paso para gestionar las emociones que experimentamos en el día a día sea descifrar el mensaje que nos están mandando. Experimentar curiosidad por el mensaje que nos mandan nuestra emociones nos permite aprender mucho de nosotros mismos, de cómo percibimos lo que nos ocurre: ¿Estoy interpretando que mi equipo no me respeta? ¿Me estoy preocupando por algo que muy probablemente nunca ocurra? ¿He puesto demasiadas expectativas en esa persona? ¿Me estoy exigido demasiado?. ... Sentir esta curiosidad nos ayuda a dominar la emoción y nos marca el camino que seguir para poner acción y solucionar el desafío que ese momento tenemos con nosotros mismos .
Para tomar este control de forma definitiva, el último y principal paso a dar es comenzar a recorrer el camino del autoconocimiento y del cambio personal.
Atrás quedó, afortunadamente, la errónea percepción de que liderar implica solo ejercer autoridad. Cuando existe un verdadero liderazgo, tanto el líder, como la persona que le sigue, actúan desde la libertad. En el momento en que esto deja de suceder en la relación, el líder deja de serlo para convertirse simplemente en un superior que da órdenes.
El camino más directo para conseguir convertirse en un líder carismático e influyente es, sin duda, desarrollar la competencia de la Inteligencia Emocional y Social. No debemos perder el control sobre nuestro temperamento, en especial cuando nos enfadamos porque algo no sale según nuestras previsiones. No es malo tener una emoción, aunque sea la ira o el odio. Todos experimentamos esas emociones alguna vez. Gestionar bien las emociones no significa reprimirlas. Lo importante es poner conciencia en que sean transitorias, no apegarnos a ellas y controlar la acción que acarrean sobre los demás.
Decía Aristóteles que cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.
Liderar a los demás, empieza liderándose uno a sí mismo. Sólo recorriendo este camino conseguiremos potenciar las emociones positivas y deshacernos de la adicción a las emociones negativas y lograremos, de forma sostenible, el equilibrio necesario para influir de manera positiva en nosotros mismos, siendo así, un líder más carismático con capacidad para influir en las personas que nos rodean.