Por qué y cómo conocer los costes de la formación
Jesus García,
autor del libro Los costes de la Formación de FC Editorial
Es fácil y generalizado que la formación se justifique
aduciendo que es una inversión más de las que se
hacen en las empresas, pero en muy pocas ocasiones
es, realmente, tratada así, ya que se desconoce su rentabilidad y amortización, tal y como se exige al resto
de las inversiones que se llevan a cabo.
Esta circunstancia puede considerarse como constituyente
de la asignatura pendiente de la formación, ya
que si normalmente no se determina lo que realmente
son sus costes, todavía más excepcional es que se
cuantifiquen sus beneficios.
El conocimiento de los costes es totalmente factible,
y su complejidad estará en concordancia con la necesidad
de precisión requerida, que dependerá de la finalidad
por la que se ha decidido su obtención. La cuantificación
de los beneficios presenta mayor problema, e incluso en gran parte de los casos, es imposible en la práctica, ya que los efectos de la formación pueden ser intangibles,
a muy largo plazo o tangibles difícilmente valorables de forma económica.
No obstante, lo que
es en general la evaluación
de la formación ha
dado un paso de gigante en su aplicación por aquellas
empresas que realmente incluyen a la formación
dentro de su planificación estratégica. Dichas evaluaciones
se basan normalmente en el modelo de cuatro
niveles, a saber: reacción, aprendizaje, conducta y
resultados de las acciones formativas, desarrollado
por Kirkpatrick, y que cada empresa o responsable de
formación ha ido ajustando a lo que ha estimado que
son sus necesidades.
La realidad en cuanto a las evaluaciones es que la
mayoría se quedan en el primer nivel, algunas llegan al
segundo, muy pocas al tercero y son excepciones las
que buscan conseguir el cuarto. ¿Pero, realmente, para
justificar la inversión en formación es necesario
demostrar su rentabilidad, como se hace para una
máquina, para una instalación o para gran parte de los
servicios? Las acciones formativas se deben ejecutar
porque previamente se han detectado unas necesidades,
y se ha considerado que éstas pueden ser satisfechas
mediante la formación, para lo cual se diseña una
acción a la que se marcan unos objetivos y se dota de
un presupuesto. En principio, el éxito o fracaso de la
acción estará en si se han conseguido los objetivos,
pero también en el cumplimiento de su presupuesto.
El conocimiento de los costes de la formación tiene
un gran interés y aplicación para el responsable de formación,
ya que hace posible valorar el esfuerzo realizado
para conseguir aquellos objetivos que se han marcado,
así como para también otros objetivos, como
hacer reconocer el esfuerzo realizado por la empresa en
sus Recursos Humanos, tanto a los propios trabajadores
como a sus representantes, actuar haciendo un
esfuerzo equitativo, ajustado a las necesidades entre
los distintos colectivos de la organización, determinar
y analizar cada uno de los costes que se producen, permitiendo
introducir mejoras y justificar la inversión realizada.
El coste de la formación ha de ser estimado por
el responsable de formación o bajo las directrices marcadas
por éste, pues es él el que ha de definir los conceptos
a considerar y cómo se apliquen. Por ello su cálculo
se debe basar en una metodología que garantice
la aplicación de criterios homogéneos y equitativos, lo
cual será posible mediante la aplicación de un proceso
genérico que permita incluir la gran diversidad de
datos e interpretaciones que se presentan, para elegir
posteriormente lo que se considere necesario.
Al referirse a los costes de formación, tal y como debe reflejarse en el Plan, cabe distinguir entre los costes
de un curso de formación, los de una acción formativa
(que estará constituida por varios cursos), y los del Plan
de Formación de la empresa. De esta forma, con su seguimiento, es posible realizar una evaluación presupuestaria, tanto del plan de formación en
general como de cada uno de los cursos y acciones,
una vez que hayan sido ejecutados.
La metodología aplicada permitirá que en los costes
de formación se puedan diferenciar los costes directos
e indirectos, tomando como base, tal y como su nombre
indica, su posibilidad de imputación; es decir, si se
producen o no como consecuencia directa o indirecta
del desarrollo de los cursos y acciones. Así, por ejemplo,
el coste del formador externo que podría ser necesario
contratar para impartir un curso, será un coste
directo, mientras el salario del responsable de formación
y su equipo será indirecto, ya que correspondería
a la totalidad del Plan. Posteriormente éste podrá ser
imputado a cada curso o acción mediante un criterio
preestablecido de proporcionalidad.
La metodología a utilizar permitirá obtener los costes
de formación. Quizás, la escasa importancia que se ha
dado hasta ahora al conocimiento real de los costes de
formación, se deba al alto porcentaje de las subvenciones
recibidas por las empresas respecto al total invertido,
habiéndose convertido en prioritario deducir solo
aquellos gastos que son considerados justificables.
¿Van a estar preparadas y concienciadas muchas
empresas para invertir en formación, el día que se puedan
acabar o recortar sensiblemente las subvenciones?
¿Van a seguir manteniendo estas empresas los niveles
de inversión en formación? Si los directivos creen en la
importancia de la formación y reconocen sus beneficios,
también es necesario que sean conscientes de sus
costes, de forma que si un día es necesario incrementar
sensiblemente la aportación de la empresa, estén
preparados para ello.