Revista digital
TRIBUNA
febrero 2006

Palabras clave en la formación de directivos

Francisco Segrelles Cucala,
presidente del Grupo de Responsables de Formación del sector Financiero (GREF)

 
Francisco Segrelles Cucala¿Cuáles son las variables que definen fundamentalmente al directivo? De las muchas respuestas que se han dado me inclino, dada su sencillez, por la del liderazgo situacional, y dentro de ella por la que dio el profesor Reddin. Para él las variables básicas son: la orientación a la tarea (OT), caracterizada por iniciar, organizar y dirigir; la orientación a las relaciones (OR), representada por las acciones de escuchar, confiar e incentivar, y, la que le diferencia del resto de los situacionistas, la efectividad entendida como flexibilidad o adecuación a la situación, representada por lo que habitualmente llamamos cultura, por la tecnología, o modo por el que se puede realizar una tarea, y por los jefes, colegas y subordinados.
Nosotros nos defendemos diciendo que muchas de nuestras actividades son intangibles, imposibles de medir. Son muchos los que opinan que todo es medible, y es más, se dice que lo que no se mide no existe.

Me llamó la atención y tomé muy buena nota de una afirmación de Antonio Garrigues Walker en su artículo “El nuevo tablero de la empresa” publicado en Expansión & Empleo que decía: «Todo lo que se mide mejora; sólo a través de la medición conseguiremos avanzar en calidad y competitividad. Es cierto que las actividades, los servicios o los productos son muy diferentes y la medición puede resultar dispar, pero absolutamente todo es susceptible de ser medido, y desde este enfoque hay que trabajar».

Tercera palabra clave: congruencia. ¿Entre qué? Entre las acciones cotidianas con las acciones estratégicas de la empresa. ¡Cuántas veces se nos achaca a la gente de Recursos Humanos que vamos, con buena intención, “a la nuestra” olvidándonos de los objetivos estratégicos de la empresa! Nuestra respuesta es que seguimos las grandes líneas de la política general, pero no es eso, es necesario ser coherente cotidianamente, hasta en las pequeñas cosas.

Esto requiere tener objetivos claros y medibles cuantitativamente, lo que nos lleva a la cuarta palabra clave: claridad en la descripción de los objetivos. Que desaparezcan las zonas grises, esas competencias que quedan sueltas, sin una atribución clara. Y la mayor claridad se obtiene cuando se definen los objetivos en función de los resultados que se han de conseguir. Para ello será fundamental que el puesto sea definido, no por las acciones a realizar, sino por los resultados a lograr.

Por ello, sería aconsejable que periódicamente, con ojos innovadores, nos hiciéramos preguntas como: ¿Para qué se está haciendo esto? ¿Por qué es esto importante? ¿Qué estoy aportando a la empresa en mi puesto? ¿En qué ha cambiado mi empresa, mi departamento, desde que estoy en ella o en él?

Quinta palabra clave: autoconocimiento. El conócete a ti mismo sigue vigente. Traducido a términos actuales sería:

1. Saber quién eres: nuestros puntos fuertes, nuestras limitaciones, aspectos en los que somos vulnerables.
2. Saber dónde estás: conocer con la mayor objetividad, sin distorsiones, la situación personal y profesional ante la que nos encontramos.
3. Saber dónde quieres ir. Lo que podríamos llamar “proyecto de vida”.
4. Diseñar y mantener un camino determinado para conseguir los objetivos. La vida es un viaje y el viaje requiere indicadores.
5. Comprometerse con algo.
6. Quizá no puedas conseguir tus objetivos como los quieres, pero arriésgate.
7. Dice Douglas Mallock: «Si no puedes ser pino en la cumbre, sé matorral en el valle. Sé arbusto si no puedes ser árbol. Si no puedes ser camino, sé sendero, pero seas lo que seas, sé siempre el mejor».

Y herramientas no faltan. La que yo conozco, Datamanagement, te dice las características gerenciales con tus fortalezas y debilidades, cuál es tu estilo de dirigir, las habilidades gerenciales (hasta 20), una síntesis con sugerencias para el futuro, y un gráfico con la adaptación persona/puesto.

Ahora bien, estas herramientas requieren una actitud muy importante en el receptor, que falta en muchas ocasiones: la humildad, el reconocer como auténtica, o muy aproximada, la fotografía que te hacen, y no empeñarse en decir: «ése no soy yo».

Sexta palabra clave: equilibrio, resultado de una madurez personal y profesional. El que propugne con entusiasmo la importancia de los resultados, de los logros, no quita el que asigne un peso importante al pensamiento, a la convicción en las ideas. Es cierto, como se ha dicho, que «el gran fin de la vida no es conocimiento sino la acción», pero sin duda tiene que ser una acción inspirada en un pensamiento sólido, fundamentado y riguroso. Por eso me encanta la frase de Bergson cuando dice «pensar como un hombre de acción, y actuar como un hombre de pensamiento».

La séptima, que la veo como resultado de la anterior, es el compromiso, traducido en una permanente actitud de servicio hacia la empresa concretada en un espíritu de colaboración con el superior, con los colegas y con los subordinados. «La existencia sólo tiene sentido –dice Saint Exupery– si nos ponemos al servicio de los demás.» Espíritu de servicio que no se debe confundir con servilismo, ni hacia arriba para conseguir apoyos, ni hacia abajo por populismo. El compromiso lo veo especialmente con uno mismo, en coherencia con su propia escala de valores. Y eso es lo que te da la paz y un fogonazo de felicidad. Y eso deseo a los directivos.
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