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TRIBUNA
marzo 2022

Cara a cara con uno mismo: 8 consejos para aprender a autoevaluarse

Raul Maraña,
director de desarrollo de negocios de Hotmart

 
Raul MarañaLa autoevaluación es un ejercicio de reflexión sobre nosotros mismos, nuestras fortalezas y debilidades, que puede resultar tremendamente beneficioso tanto si trabajamos por cuenta propia como para un tercero. Aunque sea una herramienta clave, muchos profesionales la desconocen o evitan aplicarla porque resulta difícil ponerse frente al espejo y salir de la zona de confort. Y es que la autoevaluación, por lo general, nos enfrenta a la necesidad de tomar medidas que muchas veces hemos estado posponiendo durante demasiado tiempo. Pero también es importante aplicarla con una buena dosis de comprensión hacia las circunstancias y hacia nosotros mismos, ya que ser demasiado críticos podría mermar la motivación.
De este modo, la autoevaluación debería ir enfocada siempre al crecimiento personal, como una estrategia poderosísima para llegar a convertirnos en los profesionales que nos gustaría ser. ¿Pero cómo aplicarla con éxito?


Dedicar el tiempo suficiente: Antes de todo, es importante entender que la autoevaluación es un momento de introspección, para el que se necesita disponer de un espacio confortable y silencioso, libre de interrupciones. También es clave saber de dónde venimos y hasta dónde queremos llegar, para que, con ello en mente, podamos definir las etapas del proceso.

La importancia de la periodicidad: La planificación es un elemento esencial en la autoevaluación. Siguiendo un plan, comprendemos que nuestro camino profesional está formado por etapas y el lugar exacto en el que nos encontramos. En cuanto a la frecuencia del ejercicio, no hace falta que uno se autoevalúa constantemente, pero sí es recomendable mantener una cierta periodicidad que podría ser quincenal, mensual o anual, dependiendo de nuestras metas, ritmo y capacidades específicas.

La lista de las fortalezas y de las debilidades: En esta parte del ejercicio, debemos ser sinceros. No es tarea sencilla, sobre todo si a uno le cuesta admitir sus defectos o si es demasiado exigente consigo mismo. Es el momento de hacernos preguntas como: qué es lo que sé hacer mejor; qué situaciones domino en el ambiente laboral o cuáles son mis mejores cualidades y capacidades, al igual que en qué situaciones me encuentro más incómodo, cuáles son mis principales dificultades u oportunidades. El objetivo último de esta lista es descubrir aquellas de nuestras debilidades que necesitan ser trabajadas y los aspectos que deben ser potenciados o aprovechados favorablemente.

La proyección de nuestras fortalezas en el mundo exterior: Una vez establecidas las características que nos definen, hay que identificar también cómo las proyectamos en el mundo exterior. Necesitamos reflexionar sobre cómo se muestran nuestros puntos fuertes en nuestro entorno laboral, en nuestras relaciones profesionales y con nuestros compañeros de trabajo. Aquí también debemos reflexionar sobre nuestra característica clave, aquello que nos identifica y cómo podríamos usarlo a nuestro favor.

Ampliar el impacto de nuestras virtudes en el día a día: La identificación de nuestras virtudes nos ayuda saber dónde podríamos destacar con el fin de mejorar nuestro desempeño laboral y de ampliar esta capacidad de manera generalizada. En ello, hay que enfocarse en usar dichas virtudes, tanto en el largo plazo, como en el día a día, por ejemplo, a la hora de concretar las metas que nos proponemos hasta la próxima autoevaluación. También es importante enfocarse en las relaciones laborales y plantearnos: ¿qué podría salir de nosotros y que fuera positivo para nuestro equipo en su conjunto?

Entender nuestros puntos débiles: Uno de los pasos importantes en la autoevaluación es identificar nuestros puntos débiles y las barreras que suponen o las dificultades que nos causan en nuestro día a día. Hay que repasar las situaciones en las cuales nos hemos sentido inseguros o desmotivados, las acciones y comportamientos que podrían ser percibidos como negativos y en los podríamos mejorar. Reconocer nuestras debilidades no nos tiene que desanimar, todo lo contrario, ya que se trata del primer paso en el camino para enmendarlas.

Encontrar la forma de usar nuestras debilidades a nuestro favor: De la misma forma que los aspectos positivos, conocer nuestras debilidades debe entenderse como el punto de partida para lograr las metas establecidas. En ello, hay que plantearse transformaciones realistas, ya que de lo contrario podrían originarse frustraciones innecesarias. Lo ideal sería establecer iniciativas básicas que nos animarán cada vez más.

En ocasiones, insistir en una acción/situación que no nos ha reportado los resultados esperados en el pasado, también puede llegar a representar una debilidad a enmendar, encauzando la energía empleada de manera positiva. En ello, es importante dosificar las críticas hacia uno mismo y ver siempre nuestras debilidades como una motivación, ya que esta es la única manera en la que conseguiremos transformar la dificultad en una oportunidad.

Ser conscientes a dónde queremos llegar: Durante todo el proceso de autoevaluación, siempre hay que tener en mente nuestro objetivo principal: ¿qué pretendemos alcanzar en nuestra vida profesional? Necesitamos identificar claramente el momento de nuestra trayectoria en el que nos encontramos y cuáles serían los próximos pasos a seguir. Es asimismo el momento perfecto para alinear las acciones y los deseos personales.

También debemos asegurarnos de que las metas que nos hemos propuesto alcanzar hasta la próxima autoevaluación están en concordancia con nuestras aspiraciones profesionales. En ello, ayuda el establecer preguntas a responder en nuestro próximo análisis, con el fin de medir nuestro desempeño y tomar decisiones a futuro.

También es clave entender que todo es un proceso que lleva su tiempo y reconocer siempre nuestra evolución, respetando nuestro ritmo. En la próxima autoevaluación, puede ser que hayamos alcanzado algún objetivo por completo, pero ver cuánto hemos progresado en ese aspecto nos ayudará a mantenernos motivados.

La técnica de la autoevaluación resulta tan eficiente en nuestra trayectoria profesional, porque nos pone frente a nosotros mismos y frente al entorno. A medida que nos vayamos conociendo mejor, podremos tomar decisiones con mucha más soltura y aprovechar nuestras habilidades y dones, sumando para que nuestro entorno laboral sea un lugar mucho más constructivo, eficiente e inspirador. Como en todo, al principio exige cierto esfuerzo, pero los resultados valen la pena ya que, bien aplicada, la autoevaluación se convertirá rápidamente en un hábito enriquecedor e indispensable para nuestro crecimiento profesional y personal.

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