Revista digital
TRIBUNA
junio 2012

Crisis, what crisis?

Antonio Vega,
de Humaniza Ceo

 
Antonio VegaEs precisamente ahora cuando el buen liderazgo es más imprescindible que nunca, liderazgos inspiradores que proporcionen una elevada visión y grandeza
En estos últimos años de una fuerte crisis económica y de una pérdida de valores humanos, existe un fuerte sentimiento de infelicidad tanto individual como colectivo, y a su vez se percibe una inquietud y preocupación creciente sobre lo que todavía ha de venir.

La larga crisis nos ha llevado a un estado de ánimo bajo,
con una moral baja, con una energía baja y desde ahí emocionalmente nos ponemos en la posición de víctimas y en
lugar de protagonistas, desde ahí no tenemos la capacidad para tomar el mando de nuestra vida y por lo tanto pocos cambios podemos conseguir.

Aún y así, la actual situación de crisis española y europea, se puede percibir y de hecho así lo está siendo, desde multitud de perspectivas y respuestas, oportunidades, retos y fracasos. Sin duda, estaremos todos de acuerdo en que estamos ante un antes y un después para todas las empresas principalmente en España.

Todos y cada uno de nosotros necesitamos comenzar a afrontar las dificultades y el infortunio, las desgracias propias y ajenas, y tal vez por qué no, comenzar también a sonreír frente a nuestra propia estupidez y soberbia. Sí, por qué no, comencemos a sonreír ante las dificultades de manera consciente e inteligente, tal vez sea el primer paso para iniciar el camino de salida.

Desde esa sonrisa, será más fácil reconocer qué lo que nos ocurre es la consecuencia de nuestros propios actos o inacciones, de nuestras decisiones, y de ninguna manera de una fuerza desconocida, misteriosa e ininteligible. Es así, como aprenderemos de nuestros errores y fracasos como
parte de nuestro propio aprendizaje vital como seres humanos que somos, sin necesidad de ocultarlo ni sentir vergüenza por ello.

Aceptemos que los problemas y el sufrimiento forman parte intrínseca de la propia vida humana, y comprendamos que incluso en estas circunstancias se encuentran hermosos aprendizajes, lecciones de vida que nos humanizan.

El darnos cuenta, el aceptar y el sonreír, son el preámbulo
necesario para tomar de nuevo el mando de nuestra vida, ese es nuestro derecho y responsabilidad, hagamos uso de ello no lo desaprovechemos. Queramos o no, somos los únicos responsables de nuestra propia vida.

La ausencia de consciencia de esa responsabilidad es la que hace en todo caso que seamos incapaces de corregir nuestras propias acciones, somos nosotros los únicos y últimos responsables de todo aquello que acontece a lo largo de nuestras vidas, nosotros somos quienes creamos las
circunstancias, nos guste o no aceptarlo.

Es precisamente ahora cuando el buen liderazgo es más imprescindible que nunca, liderazgos inspiradores que proporcionen una elevada visión y grandeza, junto al coraje, la determinación, credibilidad y la confianza necesarios para afrontar una situación como la que estamos viviendo.

La situación hace que ahora lo más importante en las
empresas sea hacer aflorar el buen talento, en lugar de dar
instrucciones o decir qué es lo que se tiene que hacer.

Es el momento de inspirar más y mandar menos, de basarse en el bien común por encima del egoísmo o la individualidad, es la hora de los directivos entrenadores, aquellos que dicen cómo están las cosas y también dan sentido y propósito a lo que se hace, que transmitan pasión, aprendizaje y fe para reanudar el vuelo.

El compromiso con el profundo cambio que tenemos delante en los próximos años implica elección, perseverancia, probablemente sacrificios, coherencia con uno mismo y seguramente también una buena dosis de valentía.

Y cómo podemos ser generadores de un cambio productivo
positivo, qué elementos clave hemos de introducir y manejar para la consecución de otros resultados posibles, además del liderazgo inspirador que ya hemos comentado.

Desde una perspectiva experta consideramos que es necesaria una mayor consciencia y mejor gestión emocional
organizacional para dar respuesta a lo que nos sucede.
Y por otro lado desarrollar las perspectivas de la creatividad y su resultado tangible en la innovación de los procesos, productos y servicios, es el momento de hacer las cosas con simplicidad y una nueva modernidad.

En lo emocional, somos analfabetos, aún no hemos asimilado que los humanos somos puras emociones, seres sociales, somos lo que sentimos, nos comportamos y damos respuesta en función de ello.

Lo que nos mueve no es la razón sino la emoción y lo que más necesitamos en este momento es la pasión para convertir la crisis en un estimulante desafío.

Hay que dedicar más tiempo aún a fomentar y reconocer actitudes que fomenten la generosidad y empatía en los equipos, de modo que se comparta y estemos atentos a una
más sincera expresión de emociones colectivas como el miedo, la incertidumbre, la frustración, por desgracia tan habituales hoy en día a modo de “válvula de escape y apoyo” para el propio equipo.

Sólo un equipo motivado y apasionado, puede centrarse mejor en el problema que se presenta, en lugar de hacerlo en el entorno o el impacto de posibles recompensas y penalizaciones y esas emociones se pueden crear.

En estos momentos de fuertes dificultades económicas, es donde la situación de crisis ha de ser transformada en la creación sistemática de nuevas oportunidades, la creatividad e innovación son dos aspectos que generarían
grandes expectativas como palancas de cambio y reinvención.
Aquí recae el reto para las empresas y el primer paso para generar un ambiente motivador y de fuerte apoyo a la innovación necesita que cada individuo de la misma, desde el primer directivo hasta el último empleado, tome la responsabilidad sobre ello.

Estudios en creatividad han demostrado repetidamente la importancia que tiene el ambiente ya sea para realzar o acabar con una idea. La energía, la creatividad y las grandes posibilidades son hijos de la pasión, otra vez las emociones, la innovación es a su vez la consecuencia de la creatividad. Las personas somos por naturaleza creativas, el reto no es la falta de creatividad, es la capacidad para liberar esa creatividad de forma excelente.
Crisis, emociones, pasión, equipo, creatividad y bien común. Posiblemente es la hora de poner el bien común por delante del individual, de humanizar las empresas, añadiéndole el objetivo de prestar un servicio a la sociedad además de perseguir el beneficio, entendiendo que
quienes en ellas trabajan son personas, seres humanos y no recursos o meros elementos productivos.
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