Revista digital
TRIBUNA
noviembre 2014

¿Qué es una buena pareja?

Roberto Yates Fernández,
consultor senior de I Assessment

 
Roberto Yates FernándezUna mala definición en el proceso de búsqueda hará que ésta no se desarrolle correctamente
Dentro del universo dispar de las personas que estudian psicología, existen algunos híbridos que, debido a determinadas circunstancias, se desempeñan tanto en el área clínica como en el ámbito organizacional.

Yo soy uno de ellos. Por una parte, soy terapeuta de parejas y, también, consultor de RRHH. Muchas veces me preguntan, ¿qué tiene que ver un matrimonio que se quiere separar al cabo de tres años, con un proceso de selección o un plan de carrera? Desde mi experiencia y percepción de la realidad, puedo afirmar que son procesos con problemáticas, etapas y diagnósticos comunes; donde radica la gran diferencia es en las herramientas que utilizo para hacer la intervención. En definitiva, se trata de procesos que comparten la misma lógica, basada en la relación que se establece entre personas.

Intentaré explicarlo.

Ya me lo decía mi abuela, “tienes que buscarte una mujer que sea buena”, parece un consejo sabio, pero cabe preguntarse qué es una pareja buena. Por lo general, buscamos pareja sobre la base de lo que pensamos que es bueno, necesitamos o idealizamos y, en muchas ocasiones, como un mecanismo de defensa ante nuestra soledad.

En las organizaciones ocurre algo parecido, desde un
departamento o gerencia, surge la necesidad de contratar a alguien, y se plantea normalmente alguna frase parecida a la de mi abuela “búscame una persona que sea buena”.

Como decía, son situaciones muy parecidas. Por una parte, me encuentro, como terapeuta, con una persona que quiere rehacer su vida sentimental después de una relación y, por otra, con una empresa que necesita contratar a una persona, “buenas” en los dos casos.

En ambas circunstancias, se trata de una decisión importante, que además crea expectativas de éxito, que implica confianza, degaste emocional, inversión, etc. Ya sea como terapeuta o como consultor, considero que esta es la fase más importante de todas, ya que es la que sienta las bases de la relación y, en muchas ocasiones, no somos conscientes de la importancia que tiene.

Una mala definición en el proceso de búsqueda hará que ésta no se desarrolle correctamente, ya que no sabemos lo que buscamos y muchas veces, con el paso del tiempo, no queremos lo que encontramos.

La investigación sobre la ciencia de la atracción que Hogan Assessment Systems llevó a cabo sobre las características más importantes que los individuos valoramos en la búsqueda de una pareja potencial, afirma que “Las personas extrovertidas tienen menos probabilidades de mantener relaciones a largo plazo”, ya que tienden a ser más apasionadas en sus relaciones, y las relaciones que involucran a personas apasionadas tienden a terminar más rápido.

A partir de lo anterior, la única herramienta que tenemos en la terapia consiste en hacer un buen trabajo de desarrollo personal, que nos ayude a saber lo que queremos, pero sobre todo a identificar lo que nos hace daño.

En las organizaciones, no puedo iniciar una relación laboral sin hacer una descripción de puesto, sin definir el perfil, en definitiva, sin saber para qué es buena esa persona, qué necesidades cubre, qué tiene que hacer y cómo lo tiene que hacer, qué aspectos tengo que potenciar y qué aspectos es necesario minimizar porque no ayudan en la organización. Después de realizar la búsqueda, empezaría el proceso de selección, que en los dos casos tiene como objetivo elegir a la persona que sea “buena”.

En las parejas, esta fase parece que es la que más nos gusta. Las horas de conversación, cenas, cafés, whatssapp, mail, etc. son verdades entrevistas en profundidad semiestructuradas. Aquí nos convertimos en maestros de la empatía, la asertividad y la escucha activa. Este proceso se basa en la lógica de conocer para enamorar. Usamos herramientas subjetivas basadas en la intuición y la comparación, con el riesgo lógico de la idealización, que aparece en este encuentro de dos necesidades. Como terapeuta, por ende, siempre tengo que realizar un trabajo en el que examino bajo el microscopio a la persona idealizada.

En las organizaciones, el proceso de selección se basa en la lógica de conocer para predecir. Para ello, podemos usar un sinfín de herramientas objetivas, como pueden ser entrevistas en profundidad, pruebas de selección, profesionales o de conocimiento, test de personalidad, psicotécnicos, assessment center.

Como procesos son muy parecidos: se trata de seleccionar a la “persona buena”. Pero, llegados a este punto, me doy cuenta de que, como consultor, dispongo de más herramientas que me permiten que el proceso sea más objetivo, minimizando
así los riesgos, ya que podemos predecir y evaluar para buscar a la persona que más se ajusta a lo que necesito.

La reflexión es clara: en las organizaciones no podemos operar como en las parejas, ya que disponemos de las herramientas que nos permiten objetivar los procesos, predecir y, por tanto, minimizar los problemas y organizar y planificar el trabajo. Si no utilizáramos dichas herramientas procederíamos como hacemos en la pareja, dejando el proceso en manos de la pasión, el amor, los mecanismos de defensa y el tiempo, elementos que determinarán si la relación funciona o no. Pero, no olvidemos que los objetivos son distintos; no es lo mismo ser feliz que producir. En otra ocasión analizaremos los procesos de comunicación o el proceso de desvinculación en las parejas y en las organizaciones.
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