Carreras profesionales largas: desarrollo laboral a fuego lento
Rafael San Román,
Psicólogo, Content & PR Manager de ifeel
Carreras profesionales las hay de todo tipo. Algunas duran muchos años, otras apenas llegan a comenzar. Algunas siguen una trayectoria bastante constante, mientras que otras están llenas de parones y altibajos. Algunas arrancan muy fuerte y aceleran rápido, mientras que otras van desarrollándose de manera muy progresiva, hasta el punto de, en ocasiones, ofrecer sus mejores resultados en una etapa ya avanzada, próxima a su finalización.
Que suceda una cosa u otra depende de múltiples factores, más allá de los beneficios para empleados que ofrezcan las organizaciones. Lo que está claro es que, en la actualidad, hay dos fenómenos laborales que tienden a coincidir y que no tenían lugar de una manera tan generalizada en momentos históricos anteriores.
Por un lado, muchas carreras tardan en iniciarse, sobre todo las de aquellas personas que pueden permitirse demorar su debut profesional hasta completar la parte más importante de sus estudios universitarios. Por otro lado, la carrera profesional de gran parte de la población se prolonga durante décadas, incluso más allá de la tradicional edad de jubilación. A veces esto está motivado por una buena política corporativa encaminada a retener talento en las empresas. No obstante, en general tiene que ver con el deseo de los empleados o, sobre todo, con el hecho de que sus circunstancias les obligan a ello.
A pesar de lo que pueda parecer en los comienzos, y de las prisas que a algunos les entran por alcanzar ciertos resultados, para bien o para mal solemos disponer de un margen de tiempo bastante amplio para ir forjando a fuego lento un nivel de desarrollo profesional satisfactorio.
En concreto, hay ámbitos laborales que parecen especialmente proclives a prolongarse y dar buenas oportunidades en cualquier momento del ciclo de vida profesional, también hacia su otoño o incluso invierno. Ahí están, sin ir más lejos, el mundo de la cultura, el espectáculo y la creación y, por supuesto, la política.
Por ejemplo, Jamie Lee Curtis lleva trabajando como actriz desde finales de los años setenta y no ha sido hasta ahora cuando ha recibido su primera nominación a un oscar, a la edad de 64 años. Por su parte, Joe Biden fue elegido senador por primera vez con 30 años, vicepresidente con 66 y, finalmente, presidente de EEUU con 78.
No son sectores fáciles ni estables, incluso a menudo tendrían que mejorar el clima laboral que generan. Tampoco hay que tomar esos ejemplos como categoría, pero sí pueden ilustrar esas situaciones en las que, si se dan las circunstancias adecuadas, una carrera profesional puede dar mucho de sí y, precisamente, conocer los mayores momentos “pico” mucho después de haberse iniciado.
Para entender mejor esta dinámica, es preciso que tengamos en cuenta los siguientes aspectos:
1. Duración de la carrera profesional
Independientemente de cuestiones económicas o fiscales, a nivel psicológico no existe una duración concreta para que una carrera profesional resulte satisfactoria. Nuestra faceta profesional debe durar, idealmente, lo suficiente como para aportarnos un nivel aceptable de realización personal y orgullo hacia lo logrado. Por eso, lo importante es que contemos con las circunstancias favorables que nos permitan sacarle el mayor partido.
2. Hitos de nuestra carrera profesional
Nuestro ciclo de vida como empleados es largo y durante ese tiempo es normal que sucedan muchas cosas, que haya diferentes velocidades, intensidades, puntos de inflexión y niveles de satisfacción laboral.
3. Paciencia como trabajadores
Cuando nos desarrollamos como trabajadores debemos entender que parte de nuestro éxito depende de nuestro esfuerzo y nuestras decisiones y que otra parte escapa completamente a nuestro control, ritmo y necesidades. Por eso, debemos manejar sabiamente nuestra ambición: es una fuerza que solo permite un buen desarrollo profesional cuando está adecuadamente canalizada. De este modo, podemos aceptar con templanza los frutos que nuestra carrera profesional va aportando en cada momento y evitar que nuestra motivación laboral desfallezca.
4. Ritmo en el desarrollo profesional
En relación con lo anterior, también es importante que aprendamos a dosificar nuestros recursos y los impulsos que ejercemos en cada fase de nuestra biografía laboral. No todo se puede conseguir enseguida y, sobre todo, no todo hay que conseguirlo en seguida. Ojo con nuestro involuntario estilo de alimentar la ansiedad en el trabajo. Tengamos confianza en nuestra capacidad para, con un poco de suerte, tener también pequeños y grandes éxitos de “última hora”.
5. Punto final a la carrera profesional
Por último, en este caso literalmente, antes o después toda carrera profesional tiene un punto final. Por lo general tiene que ver con el momento de la jubilación y, aunque no resulte un parón completo en nuestra actividad creativa, suele ser el final oficial y legal de nuestro rol como trabajadores. Es el momento de hacer balance del conjunto y valorar tanto los éxitos conseguidos como también aquellos asuntos pendientes o inconclusos que ya se quedarán así.
El caso es que, a veces, los logros más importantes de nuestra carrera profesional tardan en aparecer o aparecen hacia el final y son, precisamente, “lo último importante” que hacemos como trabajadores. Ojalá tengamos la oportunidad de experimentar ese nivel de realización también en la última etapa.