¿Nos conviene trabajar con una jornada laboral no lineal?
Rafael San Román,
Psicólogo, Content & PR Manager de ifeel
Puede que la jornada laboral no lineal ya sea tu modelo habitual para organizar tu horario y que no te hayas dado cuenta. De hecho, más allá de meras tendencias en recursos humanos, al comienzo de la pandemia se convirtió prácticamente en una obligación para adaptar el trabajo de muchos empleados a las circunstancias del confinamiento. No obstante, contextualicemos primero la situación.
Los diversos agentes implicados en el ámbito profesional no siempre lo tienen fácil, ya que deben decidir cuál es el mejor método para combinar la mejora de la productividad con la de la calidad de vida de los trabajadores. Para ello hay que tener en cuenta que la perfección no existe en ningún ámbito de la vida, tampoco cuando pensamos en los beneficios para empleados. Lo que sí existe es la capacidad para modificar las características del trabajo si se quiere mejorar la situación de empresas y empleados.
Todos sabemos que el modelo laboral con el que funcionamos mayoritariamente hoy en día no tiene nada de novedoso. ¿Te suena lo de la semana de cuarenta horas, la jornada de ocho horas y eso que llamamos “fin de semana”? Importantes características de nuestra vida profesional se establecieron hace décadas como resultado de los avances en la legislación laboral. Quizá la jornada laboral no lineal es un paso nuevo de verdad para flexibilizar esas condiciones.
Aunque parezca algo muy sofisticado, este formato consiste en la realización de las horas diarias estipuladas con una distribución diferente a la habitual, que suele tener un carácter más continuo. De este modo, en lugar de cumplir con todas las horas del tirón, realizando las pausas que correspondan, las horas se distribuyen a lo largo del día de manera discontinua, con flexibilidad laboral y a conveniencia de las necesidades del empleado. Por supuesto, partimos de la base de que lo que cambia es la estructura del horario, mientras que el nivel de rendimiento se mantiene.
La empresa que queremos ser
A priori, parece difícil resistirse a los encantos que plantea el formato de jornada laboral no lineal. Sin embargo, ¿este modelo solo es útil para trabajadores que no dependen de sus compañeros y que pueden ir por libre?, ¿es viable también para equipos donde el trabajo en cadena, incluso la comunicación rápida y la sincronía con los compañeros, son fundamentales?
Las preferencias, necesidades y características de los miembros de la plantilla pueden ser muy diversas. Por eso, atenderlas sin dejar por ello de mantener -y mejorar- su productividad requiere un asesoramiento profesional bastante personalizado. No hay duda de que algunos de los cambios a los que se ha aludido, como implementar la jornada laboral no lineal de manera reglada en lugar de hacerlo por la puerta de atrás, implican desafíos.
En este caso, una de las cuestiones a resolver es la siguiente: hasta qué punto las empresas pueden permitirse personalizar las condiciones laborales para satisfacer una enorme casuística humana dentro de la plantilla. Quizá realizar una buena encuesta de clima laboral sea un punto de partida útil para obtener información al respecto.
Además, está el reto conceptual, que tiene que ver con cómo los responsables de la empresa plantean la cultura corporativa y cómo los empleados se plantean su rol profesional.
Desde ese punto de vista, ¿qué es lo principal, el número de horas trabajadas o los resultados que se requieren dentro de un determinado periodo? ¿El objetivo de una empresa es aumentar la productividad o mejorar la productividad? ¿Hasta qué punto están dispuestos la empresa y los empleados a sacrificar sus respectivos intereses (crecimiento económico, prestigio, desarrollo profesional, bienestar psicológico) dentro de la relación laboral que los une?
Estas y, probablemente, muchas otras preguntas, sobrevuelan un asunto de lo más interesante en lo que atañe al bienestar psicológico de los empleados.
La jornada laboral no lineal implica llevar a cabo una nueva planificación de los horarios de común acuerdo entre la empresa y el empleado. Se trata de adaptar el horario de trabajo al ritmo productivo real de los miembros del equipo, en lugar de adaptar ese ritmo a un horario con la pretensión de mantenerlo en su máximo todo el rato.
Sea como fuere, es innegable que no tenemos el mismo acceso a nuestro talento y creatividad durante todas las horas que componen nuestra jornada laboral. Teniendo esto en cuenta, ¿por qué no trabajar con una jornada laboral no lineal, de modo que sintonicemos al máximo el tiempo de trabajo con nuestra disponibilidad física y psicológica para ofrecer nuestros mejores resultados?