TRIBUNA
noviembre 2019

¿Trabajas o emprendes?

Neus Blanch,
directora de Innedu

 
Neus BlanchEl emprendimiento, en su sentido más amplio, se ha convertido hoy en un “ente” omnipresente que ha desplazado al concepto clásico de “trabajo” referido no solo al conocido “por cuenta propia” (es decir, al autónomo de toda la vida, o si se quiere “freelance”), sino también por el clásico “por cuenta ajena” o asalariado.
Nuestro entorno en permanente proceso de transformación, la revolución digital crónica que estamos protagonizando y un mercado laboral altamente competitivo (no solo competimos por clientes sino también por candidatos y la captación de talento), hacen del intra-emprendimiento un gran aliado para favorecer los cambios y acelerar los procesos de mejora e innovación dentro de la empresa.

Hasta hace relativamente poco, se consideraba que el emprendimiento estaba relacionado con el autoempleo, las start ups, la puesta en marcha de nuevos negocios, el “ya que no encuentro trabajo, voy a montar algo”,… Esto es cierto, aunque parcialmente.

La digitalización global, la necesidad de una rápida puesta en marcha de cambios, la creación de nuevos productos y servicios, la implantación de nuevas herramientas de trabajo, la mejora de procesos, la capacidad de adaptación a las exigencias del mercado… nos conducen inexorablemente al intra-emprendimiento. Los factores enumerados anteriormente hacen del emprendimiento en el seno de la propia empresa un aspecto clave a identificar, desarrollar y potenciar en todas las organizaciones.

¿De qué hablamos? Cuando nos referimos al intra-emprendimiento, estamos hablando de ideas e iniciativas que se aplican en la empresa y que proceden de los propios colaboradores. Supone ir un paso más allá del típico “buzón de ideas y sugerencias”, o de las propuestas de mejora, o los “círculos de calidad” tan populares en épocas de implantación de normativas y estándares de calidad internacionales.

Se trata de aprovechar esa fuente inagotable de creatividad, ideas, competencias y habilidades que emergen de nuestros propios equipos. A menudo, buscamos fuera lo que creemos que nos falta en nuestra organización, ¡y justamente tenemos el talento ante nuestras propias narices!

Cada vez más son las empresas que se suben al carro del intra-emprendimiento, creando proyectos internos globales dirigidos a toda su plantilla, para impulsar las iniciativas individuales o grupales dentro de la empresa. Suelen ir acompañados de una buena campaña de comunicación, de un nombre identificativo o eslogan motivador, que pretende incentivar la acción de todos los empleados.

Una gestión inteligente de las personas en las organizaciones y la puesta en marcha del movimiento intra-emprendedor, implica tener capacidad para no solo para promover, sino también para implementar, sistematizar y mantener, de forma organizada y productiva, las iniciativas de los trabajadores de tu empresa. Es curioso y resulta muy gratificante observar cómo incluso las personas menos “sospechosas” de ser creativas, las más discretas y menos comunicativas, cuando se les facilita el canal y entorno adecuados, son capaces de realizar valiosas aportaciones que pueden derivar en grandes oportunidades de mejora: el ahorro de costes, la innovación en procesos, la mejora de productos, la disminución de no conformidades, la mejora de la comunicación entre áreas, etc.

Además de los beneficios directos, materializados en la propia cuenta de resultados, el intra-emprendimiento genera una serie de efectos positivos colaterales, que retroalimentan al propio sistema, logrando un efecto multiplicador (a veces incluso exponencial). Sentirse escuchado, saberse reconocido, llevar a la realidad las propias ideas, ver cómo impactan en el trabajo de tu entorno e incluso en toda la empresa, son algunos de los elementos que generan un efecto claramente motivador en las personas intra-emprendedoras. Por supuesto, otras ventajas irrenunciables del intra-emprendimiento son el desarrollo de competencias clave, principalmente la creatividad, el liderazgo, el trabajo en equipo y la comunicación.

Hay también algunas amenazas a tener en cuenta en estos proyectos: conviene prevenir y evitar frustraciones, malentendidos o rivalidades insanas gestionando de forma exquisita la comunicación y el feedback a los autores de todas las ideas, incluso (o precisamente más y mejor) las que no llegarán a implementarse nunca. Otro peligro es el de crear un banco de ideas “aparcadas”, que se quedan en eso: ideas que no se llegan a materializar.

Pienso que el ejercicio de nuestro oficio, como responsables del área de personas (especialmente en tiempos de dificultades en la captación y retención del talento) supone afinar al máximo nuestra sensibilidad para ser capaces de reconocer en los propios equipos aquellos” brillantes-creativos” y ” sabios-locos- inventores” que nos ayudarán a SER mejores empresas.
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